El diablo viste a la moda 2: Anna Wintour se apropia del guion de Lauren Weisberger
El despliegue mediático es una performance. Hubo premieres, filtraciones a la medida y una portada de Vogue donde Meryl Streep y Anna Wintour disuelven la frontera entre el mito y la realidad. Este jueves 30 de abril, El diablo viste a la moda 2, dirigida por David Frankel, llega a las salas de cine, pero el verdadero espectáculo sucedió durante la promoción.
La secuela retoma el rastro de las tres protagonistas (Andy Sachs, Emily Charlton y Miranda Priestly) en una industria periodística que compite por atención, donde la historia se convirtió en contenido y la repercusión en viralización. La producción de la película buscará reactivar el mecanismo de 2006, cuando la primera entrega convirtió un presupuesto de 41 millones de dólares en una recaudación de 327 millones.
Entre la publicación de la novela original en 2003 y su continuación en La venganza viste de Prada, en 2013, la escritora Lauren Weisberger capitalizó su experiencia como exasistente de Wintour para transformar el hermetismo de su jefa en un producto de consumo masivo. Pero ese ecosistema analógico quedó lejano.
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| El diablo viste a la moda 2 se basa en los personajes creados por Lauren Weisberger |
La trasposición, dicen, sitúa a Priestly ante el declive de las revistas impresas, forzándola a negociar con un conglomerado de lujo donde sus exsubordinadas ocupan los sillones ejecutivos. Pero, el movimiento más relevante sucede fuera de campo, pues Wintour decidió apropiarse de su propia caricatura.
Si en 2003 el personaje de Miranda Priestly era un enigma sustentado en el rumor, hoy la editora asume el rol. La exdirectora de Vogue Estados Unidos se adueñó del mito al subir al escenario de los Oscar junto a Anne Hathaway para presentar el premio a Mejor diseño de vestuario. Meses después, consolidó la maniobra posando junto a Mery Streep para Annie Leibovitz en la portada de mayo de Vogue titulada Seeing Double: When Miranda met Anna.
La jefa devoró la ficción. La realidad se impone con la ironía que antes pertenecía a la pluma de Lauren Weisberger. Al vivir voluntariamente el disfraz que su exasistente le diseñó, Anna Wintour anuló la autoridad de la escritora. La venganza ya no pertenece a la novela. La supuesta villana secuestró el relato mediático para escribir su propia versión.

