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Mujeres vestidas por mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital pionero de América Latina fundado en 2006 por la periodista Lorena Pérez, enfocado en analizar la relación entre el estilo, la cultura, el arte y la sociedad ¡Bienvenidos!
Cultura Rock
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Murió el Indio Solari: su perfil como artista visual

 


Indio Solari fue el creador de una liturgia pagana que desafió las reglas de la industria del entretenimiento. Al confirmarse este viernes 5 de junio la noticia de su muerte a los 77 años, el rock argentino despide a su deidad. El Indio es el motor de un fenómeno sociológico que, ante el ojo público, se sostiene en la constante búsqueda de una explicación para el pogo más grande del mundo y la fidelidad de cientos de miles que lo seguíamos a donde fuera. “A la luna”, se tararea en las misas. 

Con una pluma exquisita, Carlos Solari tradujo las ansiedades, la marginalidad y el fervor del pueblo en una épica colectiva que convirtió la devoción en identidad. Su figura encarnó una mística de la resistencia que transformaba estadios de fútbol en un océano de gente

Desde 2025, Solari reconfiguró su rol en las artes visuales al trasladar allí su imaginario poético, entre urgente y único, aquel que marcó a generaciones. “En esta deriva digital, lo bruto no es solo una estética aparente, sino también una manera de narrar una visión del mundo; significados que emergen tanto de la experiencia onírica como del universo artificial”. Con esta premisa se presentaba Brutto, la exhibición de arte digital de Indio Solari. Primero pasó por Mar del Plata, en la sala del Museo MAR,  luego llegó a Arthaus, en el microcentro porteño, y ahora mismo en Córdoba, en el Museo Metropolitano de Arte Urbano. El Indio Solari captó la misma atención y devoción que en sus shows. Su arte digital trasladó el magnetismo de su figura, traducido en filas de personas esperando para subir a ver sus obras. 


Con la muerte del Indio Solari, su legado quizás se resignifique en este espacio. Su misión en hacer más bellas las artes, se transforma en un testamento de un artista multidisciplinario. Su faceta plástica e ilustradora siempre estuvo allí. De hecho se ocupó del arte de tapa de cada uno de sus cinco discos en clave solista (con banda). Antes de volcarse a los paneles virtuales, el Indio planteaba otras búsquedas. Primero, el señor misterio publicó a cuatro manos, junto a Marcelo Figueras, su biografía Recuerdos que mienten un poco. Además de los libros en colaboración con el artista Serafín: Escenas del delito americano (2017) y La vida es una misión secreta (2019). 

Las plataformas digitales y las salas de exposición se convirtieron en un nuevo escenario que compartía presencia con los multitudinarios shows de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, siendo la pantalla la nueva herramienta de expresión y presentación de este artista magistral. 


Al exhibir sus trazos, el Indio amplificó un programa artístico que por años estuvo hipnotizado por la magnitud del fenómeno musical, el más grande de la cultura popular. Con su partida, también nos queda el testimonio visual de un enigma que encontró en el mundo de las artes una forma de resistencia.

imagen: Edgardo Kevorkian

Si es de noche y lo extrañas: Indio Solari lee un cuento


Mientras nos hacemos la idea de que Carlos Alberto Solari murió,  el Indio lee.



La cosa es así, en 2018, de lunes a viernes a las 10 de la noche, Indio Solari se presentaba como El Míster y DJ Martini para compartir sus lecturas y musicalizar el aire de FM La Patriada, en el programa 'Big Bang" conducido por el escritor Marcelo Figueras. Una vez, el Indio Solari leyó Mujeres Imperiales, un cuento de su autoría que en los años 80' había aparecido en la revista 'Cerdos & Peces'. El texto también fue parte de la exhibición "Indio en la Biblioteca: El tesoro de los inocentes", la muestra que celebró la obra de Indio Solari en la Biblioteca Nacional en 2015.

Murió el Indio Solari: Este legado rockero tiene un look

 


El Hipódromo de Tandil está a oscuras, de fondo se escucha una arenga que no calmará en las próximas horas. Es el anteúltimo show donde lo veremos en vivo a él, pero no lo sabemos. Nos habíamos desacostrumbrado a la rutina noventosa donde cada show podía ser el último. El Indio Solari quiere hablar. "Quiero decirles algo que tengo la necesidad de decirles", repite. Es marzo de 2016, al artista fenomenal se le quiebra la voz, quiere contar que Mr. Parkinson le anda pisando los talones... Tiene una chaqueta verde militar y un buzo con capucha con rayas blancas y negras que caen sobre un pantalón también holgado. Un look cotidiano sin pretensión. Cuando Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la banda que lo acompaña desde 2004, comenzaron con los primeros acordes de "Nuestro amo juega al esclavo", las luces se prendieron y el Indio apareció, puño en alto, con una campera bomber negra acolchada y una camisa de jean entallada, otro ensamble funcional pero esta vez colmado de actitud. Es un rockstar, el mayor fenómeno de Argentina. 
 
Carlos Alberto Solari falleció a los 77 años. 

El Indio se convirtió en mito viviente siendo el cuerpo y la cara del movimiento que formó junto a la negra Poli y Skay Beilinson, su co-equiper compositivo en la banda, el corazón de Patricio Rey aseguran los cánticos de los fans, incluso después de la disolución de esta gran manifestación de la cultura popular. 
En su nueva etapa musical, el Indio se vistió práctico, con los lentes y el gorrito deportivo como accesorios fundamentales de su facha. En los pies siempre calza el modelo Uriarte de la marca 28 Sport, él le dice los zapatos de 'yosapa". 



Como performance, vestirse es un acto cotidiano. Los varones del rock argentino suelen ser examinados por cómo suenan y no por cómo se ven, aunque ensalcen una personalidad estética marcada. Para la patria rockera, prestarle atención al vestuario le baja el precio a la actitud. Mirar a Solari a través de una lente esteta permite analizar su apariencia y descubrir signos de una identidad que desarrolló a través de las décadas. El uso de los lentes de sol y el gorrito negro son su marca personal. Se sumaron las camisas y el repertorio de camperas que el Indio estrenó cada vez que se subió al escenario. El desarrollo de esa evolución explica entonces las particularidades de su aspecto moderno y refinado.  

De su etapa psicodélica de los 60' no hay registros. La precuela de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en los 70’, tiene a Solari haciendo artesanías y dibujos que vendía en las ferias de La Plata y en la emblemática Galería del Este. Luego comenzó a trabajar en ‘El Mercurio’, la estampería que Guillermo Beilinson, hermano de Skay, tenía en City Bell. Allí copiaban las estampas de las primeras prendas que llegaban de la India e imprimían metros de tela hindú para cortar vestidos, remeras y pañuelos. Más que hippie, él fue psicodélico, escribió en Recuerdos que mienten un poco, el libro autobiográfico que publicó junto al escritor Marcelo Figueras. Cuando Los Redondos hacen escala en Buenos Aires, el Indio usaba mameluco blanco y después comenzó a vestirse como un oficinista.  Camisas adentro de pantalones sastreros, una calva a medio afeitar, bigote. Todo ese bombardeo de novedad de la cultura de los 60' quedó entre paréntesis hasta los 90’, la década donde Los Redondos se convierten en una banda de estadio. 


Mientras tanto, los 80’ transcurrían con Luca Prodan, frontman de Sumo, sentando las bases del uniforme rockero para la década siguiente: jean, remera y zapatillas. Pelado, el Indio usó remeras, camisas a cuadros y de estampas psicodélicas. Algunas de estas piezas quedaron exhibidas en la muestra Indio en la Biblioteca: El tesoro de los inocentes, que en 2015 lo tuvo como protagonista en la Biblioteca Nacional, como la remera de la geisha con la que Solari cantó ‘Jijiji’ en Huracán del 94'. Pero no fueron las únicas prendas que conservó de otra época. En 2014, en el show que dio en Mendoza, volvió a desempolvar el jean de parche con rombos y cabeza de ganado que en los 90' usó para presentar 'Lobo suelto - Cordero Atado’ en Huracán y Entre Ríos y más tarde para tocar en vivo ‘Luzbelito’ en Go! de Mar del Plata. 

El artista más convocante del rock argentino mantuvo el uniforme de la funcionalidad y aportó su ejercicio de estilo en cada acción de gracia. También llamada misa ricotera. Te vamos a extrañar.

Este domingo 7 de junio, desde las 11 de la mañana (hasta que haga falta), el velatorio público del Indio Solari será en el Polideportivo José María Gatica, en Villa Domínico, Avellaneda (entrada por Mitre y Otero).

Indio Solari en Arthaus: el píxel como pincel

 

“En esta deriva digital, lo bruto no es solo una estética aparente, sino también una manera de narrar una visión del mundo; significados que emergen tanto de la experiencia onírica como del universo artificial”. Con esta premisa se presenta Brutto, la exhibición de arte digital de Indio Solari. Tras su paso por el Museo MAR, la muestra aterriza ahora en Arthaus (Bartolomé Mitre 434, CABA) y podrá visitarse con entrada libre y gratuita hasta el 22 de febrero. 

El Indio supo que la verdad es una construcción difusa, un relato que se arma con fragmentos de memoria y deseo. Publicó su biografía bajo un título que oficia de descargo, "Recuerdos que mienten un poco", que remite a la canción "Perdiendo el tiempo" (incluída en el álbum Cordero atado de Los Redondos, en 1993), y confirmó esa búsqueda en sus libros en colaboración con el artista Serafín: "Escenas del delito americano" (2017) y "La vida es una misión secreta" (2019). 

Para Carlos Alberto Solari, abordar lo inexistente es una misión poética. Con los años, las redes sociales se convirtieron en su nuevo escenario, permitiéndole compartir sus obras y amplificar un espectro artístico que siempre estuvo allí, aunque por décadas permaneciera hipnotizado por la magnitud del fenómeno musical; el mayor de la cultura popular. 


En la cosmogonía del rock argentino, los varones suelen ser escrutados por cómo suenan y no por cómo se ven. Para la patria rockera, detenerse en el vestuario suele confundirse con frivolidad. Pero en su paso por la Biblioteca Nacional en 2015 con la muestra "Indio en la Biblioteca: El tesoro de los inocentes" fue una declaración: allí, su estilo se expuso como parte de su universo intelectual. 

Mirar a Solari a través de una lente esteta permite analizar su apariencia como la cartografía de una identidad desarrollada durante décadas. El uso persistente de los lentes de sol y el gorrito negro se transformaron en su marca personal. A ellos se sumó un repertorio de camisas y camperas que el Indio estrenó en cada misa ricotera que celebra sobre el escenario, trazando una evolución hacia su aspecto actual: moderno, refinado y deliberado. Algunos elementos del vestir dejan de ser tela para convertirse en símbolos; son una expresión y representación que vibran en el inconsciente colectivo.

Oasis viste a la moda

 



Mientras esperamos sus shows en Buenos Aires, Oasis vuelve a marcar tendencia. La banda británica reactiva una estética inconfundible que mezcla fútbol, música y moda, con parkas, zapatillas y colaboraciones de alto perfil. 


Recorro un local de Renner, la cadena brasileña de tiendas de ropa, y encuentro una remera que no está nada mal, con el logo de Oasis, la más emblemática banda británica de rock que definió buena parte de los años 90. 

El furor por el regreso de los hermanos Gallagher es un hecho: llegó a todas partes. Y, como toda onda expansiva, el fenómeno no podía pasar desapercibido en el universo del vestir. 

Las alianzas con marcas son innumerables: Adidas, Umbro, Puma, Burberry, Levi’s. El estilo de los Gallagher es reconocible a simple vista: parkas, sombreros pescadores, remeras, prendas deportivas, lentes redondos a lo Lennon, cortes de pelo con aire beatle… Algunos de sus sellos más característicos. 


Una imagen que no resulta difícil de imitar, en parte porque bebe del fútbol y de la escena casual británica de los 90, muy vinculada a la clase obrera y a la cultura de los estadios. Oasis siempre mantuvo esa identidad, reflejando las raíces populares que marcaron tanto su música como su estilo. 
 

Es conocido el fanatismo de los Gallagher por el Manchester City. Días después del anuncio del regreso de la banda, y en conmemoración de los 30 años de Definitely Maybe, Noel colaboró con Puma en una línea llamada Definitely City, lanzada en septiembre de 2024. Todas las piezas seguían la estética y la paleta de colores del disco. Poco después, Levi’s también recuperó esa referencia para una campaña, subiéndose a la ola. 

Es imposible no sentir un destello nostálgico al recordar la era de Cool Britannia, que desde este rincón del mundo conocimos a través de revistas y algo de MTV. Una época que, en tiempos de redes sociales, parece no terminar nunca, como la célebre foto de Kate Moss y Noel: de fiesta, divertidos, a punto de encender unos cigarrillos, suspendidos en un instante que respira juventud e irreverencia. 


Vayamos a Liam, el que se planta frente al micrófono con las manos detrás de la espalda. ¿Qué está usando? Probablemente una parka de Stone Island. Hizo de esa prenda un ícono. En sus últimas presentaciones también ha recurrido a otras firmas. Incluso fundó Pretty Green, su propia etiqueta de indumentaria. Sobre el escenario la lleva con soltura, coronado por su pandereta, como una aureola angelical. Además de estilo, tiene algo de deidad. Burberry capitalizó ese magnetismo y lo convirtió en el rostro de su campaña primavera-verano 2025, junto a sus hijos: Lennon, Molly y Gene Gallagher. 


Volvamos a la ropa deportiva. Inspirada esta vez en Liam, Umbro lanzó en abril una colección especial basada en el buzo que él mismo vistió durante el histórico concierto en Maine Road, en 1996. Esta propuesta recupera esa pieza legendaria y la expande con ítems complementarios. 

Pasemos ahora a las tres tiras. Adidas x Oasis es “el” objeto de deseo. La cápsula tuvo gran recepción entre los fans europeos que asisten a los recitales. En los 90, los conjuntos deportivos y las zapatillas eran parte esencial de un look típicamente británico, que —como ya mencionamos— tiene raíces en las tribunas futboleras del Reino Unido y se convirtió en emblema visual del grupo. 

Acaso esta colaboración haya existido desde siempre, como sugiere el clip de la campaña, en sintonía con el himno Live Forever: 


El vínculo entre Oasis y la moda es innegable. Puedo imaginar que miles de personas se toparán con algún souvenir sucedáneo de estas colecciones en las inmediaciones del estadio de River, el próximo 15 y 16 de noviembre, en Buenos Aires.

40 años de este lookete: Freddie Mercury en el live Aid de Wembley


Un día como hoy, pero 40 años atrás, se llevó adelante el Live Aid, dos conciertos en simultáneo desde el estadio Wembley de Londres y el John F. Kennedy Stadium de Filadelfia, con el fin de recaudar dinero para frenar la hambruna en Etiopía. 
 
Sobre las tablas estuvieron aquel 13 de julio de 1985: David Bowie, Dire Straits, Madonna, Sting, Elton John, Tina Turner, entre decenas de artistas, pero fue la actuación de Queen la que sirvió para iluminar el momento. En verdad, poquito más de 20 minutos sobre el escenario describen tan bien el convivio entre público y artista en situación de cuerpos presentes, irrepetible y efímero, siendo parte de tal ritual.  En 2018, a propósito del estreno de 'Bohemian Rhapsody', la biopic de Freddie Mercury dirigida por Bryan Singer, hubo una vuelta a esta gloria y revivir al showman magistral de Freddie Mercury. 

Para el multiestelar Live Aid de 1985, en Wembley, Freddie Mercury usó el modelo de jeans Texas de Wrangler y abrazaba esa cintura alta, altísima se la ve hoy, un cinturón negro de tachas, zapatillas Adidas, una musculosa blanca acompañada por un brazalete. El engominado que doma el pelo para atrás cierra esta postal de estilo.
 

A modo de estampita, el look de Freddie Mercury en el Live Aid 85 se convirtió en una proclama estética en sí misma. Una actitud que en su imagen lleva de viaje a la memoria hasta ese momento que se convirtió en la mejor publicidad para vender los jeans. En aquel entonces, Freddie se alió con la marca de denim y se convirtió en modelo de Wrangler. Los jeans fueron cortados por el sastre Rodeo Ben que en su esencia habían sido diseñados para cowboys, pero siempre sale mejor que un rockero te luzca. En 2019, la jeanera lanzó la colección Wrangler Icons donde se conseguían los jeans de Freddie Mercury y también las prendas que usaron Mick Jagger, Debbie Harry, Bob Marley y John Lennon con la etiqueta de esta marca estadounidense fundada en 1947.

Un relato impreso en la piel: La Joaqui en los Premios Gardel

Por Valentina Schuchner | Diseñadora

Este vestido, hecho a medida, trasciende la mera expresión de la belleza exterior al revelar los tatuajes que narran la historia personal de quién lo porta. 
Este es el proceso de creación del vestido de La Joaqui para la edición n 2024 de los Premios Gardel. Desde los susurros en seda hasta los sueños de Alta Costura, cada puntada ha sido meticulosamente elaborada por el equipo con pasión y artesanía. 


Este vestido, hecho a medida, trasciende la mera expresión de la belleza exterior al revelar los tatuajes que narran la historia personal de La Joaqui. Cada detalle es un testimonio del compromiso con el arte y la creatividad.


El vestido fue diseñado a la medida de La Joaqui por la diseñadora Valentina Schuchner. El estilismo estuvo a cargo de Jorge León  y las joyas Jean Pierre.


 Fotografías Lucila Schuchner

EXHIBICIONES | La escena punk de New York en imágenes


Por 
Ana Belen Arrastia | Profesora en Historia

La estética inaugural del punk newyorkino colgado en Youtube, con el film emblema Smithereens, y la muestra fotográfica New York City  and the Punk Scene del co-fundador de Blondie, Chris Stein, para visitar online en The Music Photo Gallery, reconstruye una época que sigue generando referencias en la moda. Después de semejante viaje visual, logremos ver con otros ojos aquella campera de cuero que descansa en el armario. 

En Bloc de Moda te contamos la historia: 


La moda punk se perfeccionó y llevó al extremo en Inglaterra gracias a la obra de Malcom McLaren y Vivienne Westwood. Pero antes de eso, McLaren había estado en Norteamérica experimentando como manager de los New York Dolls. ¿Qué energía absorbió de aquella escena punk neoyorquina plagada de chaquetas de cuero? ¿Acaso robó los pelos en punta y los alfileres de gancho a Richard Hell para trasladarlos a Johnny Rotten de Sex Pistols? Es un hecho que Londres y New York se retroalimentaban en materia musical y estética en la era de oro del punk rock y que sin duda Inglaterra encontró en aquella ciudad un espejo y una gran fuente de inspiración. 

En Nueva York o en cualquier ciudad de Occidente, las camperas de cuero fueron y seguirán siendo sinónimo de rock. He aquí la fórmula: tomemos un rocker lookeado como Elvis o James Dean, conservemos la campera y sustituyamos el jopo por un cabello largo y un tanto desprolijo. Agreguemos zapatillas y jeans ajustados. El resultado será una estética enmarcada en una tercera posición, ni rocker, ni hippie, es punk.  

“La vestimenta arriba y abajo del escenario eran camperas de cuero, jeans y zapatillas. Ese había sido mi vestuario toda la vida", dice el baterista de The Ramones
En su autobiografía, Marky Ramone reconoce este atuendo como una especie de uniforme de la legendaria banda a la que perteneció. En cuanto a las chicas, ofrece una descripción de Roxy (novia de Johnny Ramone) que parecía encajar perfecto con aquel estilo, usando minifalda de cuero, medias negras, el pelo teñido de blanco, labial rojo y una tonelada de lápiz de ojos negro:“Era una chica rica, salvaje y vestida para matar. Parecía una fantasía sadomasoquista.” 



En1977, la ilustradora Liz Kurtzman publicó en la revista Punk una guía de vestuario para cortar y pegar. En una página encontramos la silueta de un chico usando remera, jeans y zapatillas. A su alrededor se encuentran otros accesorios y prendas posibles: chaqueta de cuero, camiseta a rayas, pantalones de cuero, un saco destruido, cadenas y corbata. En la otra página se ve a una chica cuyas opciones de vestuario incluyen un sweater desgarrado, una minifalda vinílica, medias rotas, botas bondage, camisa plagada de pins y parches, alfileres de gancho, tornillos y collares con tachas. 
 
Es verdad que dentro del arquetipo había variantes: pensemos en el estilo andrógino de Patti Smith que, en la tapa de Horses, fotografiada por Robert Mapplethorpe, usó una camisa blanca que compró en el Ejército de Salvación y a la que le cortó los puños, completando el look con una chaqueta al hombro. O en el estilo de Debbie Harry: rubia, fatal y un poco trash. 


Si se quería lograr una estética semejante siempre se podía recurrir a la filosofía del Do It Yourself, pero si sobraban algunas monedas, los punks podían darse una vuelta por Trash & Vaudeville: el equivalente en la Gran Manzana de Sex londinense. Fundada en 1975, ocupaba dos pisos dentro del histórico edificio Hamilton-Holly House en St. Mark's Place. Era frecuentada por todos los músicos y artistas de la escena. 

La tienda ofrecía un variado stock de artículos que incluían la bota británica Dr Martens, zapatos creeper, pantalones bondage, cinturones y chalecos con tachas, prendas estampadas en leopardo, accesorios de punta, remeras serigrafiadas con motivos de banda de rock y las infaltables camperas de cuero. Además, allí se vendieron los primeros jeans ajustados negros, usados por músicos como Los Ramones. Jimmy Webb, emblemático vendedor, y luego dueño de la tienda Trash & Vaudeville, llegó a afirmar que que “si los pantalones no te duelen, no sirven, no son rock and roll.” 


En los años 80 se podía encontrar alguna otra opción en materia de tiendas de ropa punk. De hecho, Patricia Field antes de convertirse en la reconocida vestuarista de Sex and The City y de la edulcoroda Emily en Paris, regenteaba una en el East Village. De allí salieron las míticas gafas a cuadros y otras piezas del vestuario de Smithereens (1982), película que merece una mención aparte. 


Su directora, Susan Seidelman, dirigió a Madonna en Buscando desesperadamente a Susan y el episodio piloto de Sex and The City, pero fue Smithereens su primer largometraje y el primer film independiente norteamericano proyectado en Cannes. Además, constituye toda una joya en cuanto a reflejo de una estética punk en una Nueva York sucia, caótica y llena de grafitis. 
 
Allí vemos a Wren (Susan Berman), una chica decidida a dejar una huella en la escena de la ciudad, sin talento para estar en una banda pero con gracia de sobra para vestir. En la primera escena lleva una falda de vinilo estampada a cuadros de ajedrez, medias de red, zapatos plateados y las gafas de sol, que robó a un extraño desprevenido. Wren conocerá a Eric (Richard Hell), el líder de una banda de rock ficticia que le da nombre a la película. 
 

La New York punk de aquellos años ya no existe, sin embargo podemos hacer el ejercicio de reconstruirla a través de los vestigios que deja el cine y la fotografía. A Smithereens se la puede ver en Youtube. Además, por estos días, y hasta el 21 de marzo, está disponible a través de The Music Photo Gallery la exposición “Me, New York City and the Punk Scene”, con fotos que Chris Stein, el guitarrista de Blondie, tomó a lo largo de los años de Debbie Harry, Joey Ramone, Iggy Pop y otras figuras del punk. 

Cuando el punk se convirtió en moda

Por Ana Belen Arrastia | Profesora en Historia

En Londres a finales de los 70 el punk estaba de moda: alfileres de gancho, hojas de afeitar, tornillos y anzuelos colgaban de la ropa o de la cara de los jóvenes. Cabellos rapados o teñidos de colores fluorescentes, remeras rotas, gafas angulosas, collares de perro y corbatas directamente usadas sobre la piel, se sumaban a la extravagante parafernalia. 

Sé infantil, sé irresponsable, sé irrespetuoso, sé todo aquello que la sociedad odia.”


Eran frecuentes los botones, parches e inscripciones de motivos variados, desde nombres músicos de rock hasta frases que constituían el mas puro reflejo de la cosmovisión punk: Destroy, No Future. Las chicas se apropiaron de ítems provenientes del fetichismo y del sadomasoquismo, como las medias de red, las ligas, el taco aguja y el corpiño que se asomaba por debajo de la ropa.

 
El impulso creativo de esta estética se inició en el 430 de King´s Road, en Chelsea, al oeste de Londres, donde la pareja conformada por Vivienne Westwood y Malcolm McLaren decidió poner una tienda. 

McLaren había considerado la idea de abrir una librería desde donde irradiar su ideología situacionista aprendida al calor de los años 60, pero la idea no prosperó y resultó mejor una tienda con una buena colección de discos de los '50. Malcolm sumó algunos pantalones confeccionados por su novia a partir de unos tubos de goma negra que se habían robado de una fábrica. La pareja bautizó la tienda con el nombre de Let it Rock en 1971. Allí vendieron vestimenta para teddy boys y pin ups, combinando rock and roll con emblemas revolucionarios y rechazando abiertamente el estilo hippie imperante en la década de 1970. 


En 1973 Let it Rock cambió su nombre por el de Too Fast to live, Too Young to die y un año más tarde por el de Sex, con el objetivo era atraer como nuevos clientes a los chicos jóvenes decepcionados con el viejo rock. 
 
La materia prima de Westwood provenía de las donaciones al Ejército de Salvación o de elementos descartados en la basura que se readaptaban otorgando un valor añadido a la pieza. Su forma de producción se basó en el instinto y métodos poco tradicionales, como cortar la prenda sobre el cuerpo en lugar de hacerlo sobre una superficie plana, lo que hizo a sus diseños muy originales. 

 
La indumentaria se volvió cada vez más salvaje, aparecieron materiales como el látex, el caucho y el cuero con los que confeccionaron prendas adheridas bien al cuerpo. La tienda Sex era radical y desafiaba la ortodoxia en el vestir. Nada resultaría más explícito que poner en una vidriera en el medio de la calle lo que antes se escondía en lugares semi secretos. El fetichismo salió del armario: látigos, cadenas, máscaras, pinzas para tetas y fragmentos del Manifiesto S.C.U.M. formaban parte de la decoración del local. 


Cuando todo el mundo usaba pantalones anchos y plataformas, la misma Vivienne Westwood adoptó el bondage como total look. Un chico fue arrestado por usar una remera de Sex que estaba estampada con una escena pornográfica protagonizada por un par de cowboys. 
 

En 1975 McLaren descubrió a los Sex Pistols. En un principio fueron concebidos como un grupo para promocionar la ropa de la tienda y el brazo musical de su ideología. Rápidamente adquirieron vuelo propio logrando escandalizar a Inglaterra y al mundo entero, a pesar de su corta vida. En 1976 estrenan su primer sencillo: Anarchy in the UK. La iconografía Westwood se perfeccionó con el famoso retrato insolente de la reina, coincidiendo con los festejos del jubileo. La tienda cambió otra vez de nombre por Seditionares: Clothes for Heroes


En Seditionaries los clientes podían encontrar entre sweaters deshilachados, remeras rasgadas, vestimenta de combate del ejército y pantalones bondage, la camisa anarquía o alguna remera con instrucciones para fabricar una bomba molotov tomados del Anarchist Cookbook de William Powell. 
 

A fines de 1980, Seditionaries dejó de existir para llamarse World's End. Westwood dio un giro con su colección Pirate, pero la reina del punk nunca olvidó su esencia y sello distintivo. McLaren continuó con nuevas búsquedas musicales mas allá de los Sex Pistols. 
 

Aquello que emergió en el 430 de King´s Road fue mucho más que un ajuar de artefactos provocadores. Se trató de subvertir los gustos y valores de la burguesía a través de la moda. Se dejó la huella inequívoca de saber que el arte de arreglarse puede ir contra el sistema.

Rockeros Vestidos: La relación de Gustavo Cerati con la moda


Gustavo Cerati compuso postales que por su definición clara remiten inmediatamente a un momento. Su presencia se distinguió siempre por un gesto que las ropas por sí solas no tienen: estilo. Una actitud enaltecida con la apariencia eternamente juvenil sin desentonar jamás. Con Soda Stereo estrenó el under porteño y ofreció una nueva imagen en cada disco. En su faceta solista apeló a un lenguaje moderno para vestir tanto arriba como abajo del escenario. Conocedor de la moda y sus diseñadores, en 2009 registró sus gustos en una línea de ropa para hombres inspirada por Hedi Slimane, director creativo de Dior Homme en 2001, que realizó junto al diseñador Manuel Morales para Falabella

A seis años de la muerte de Gustavo Cerati, recordamos cómo marcó épocas a través de su estilo:


Soda Stereo fue uno de los grupos que estrenaron el under porteño, un circuito que recorrieron desde 1983. El trío compartió referencias musicales y estilísticas activas en la conversación cultural del momento, un balanceo de influencias donde buscaron encajar y a la vez diferenciarse del resto. Ser joven en los '80 y en Buenos Aires significaba tener ganas de expresarse y nada qué ponerse. Así fue como Alejandra Boquete se convirtió en la primera vestuarista y maquilladora de Soda, cuando el grupo estaba por filmar "Cuando pase el temblor" en las ruinas del Pucará de Tilcara, en la provincia de Jujuy. Era la época en que The Cure imprimió por estos lares la manera de lookear el postpunk: Gustavo cerraba hasta el último botón de sus camisas de seda compradas en el Once, llevaba bombachas de campo y un sobretodo negro larguísimo tomado del placard de su papá. Polvos blancos para palidecer el rostro y los pelos batidos eran recurrentes y la mayor preocupación del artista, por lo que Boquete estuvo siempre lista al costado del escenario con un peine y jabón para marcar el movimiento hacia arriba. El momento cúlmine de este look, que luego viró a otro completamente distinto, fue con "Doble Vida" (1988), donde el joven diseñador Pedro Zambrana hizo el vestuario para la portada, con prendas de la marca Key Biscayne, que mantuvo el código indumentario en negro total. Para los '90, la apariencia de Gustavo Cerati puede contemplarse en "Dynamo" (1992), cuando Soda Stereo expuso un nuevo sonido y reflejó lo alternativo. El vestuario estuvo acorde: estampas psicodélicas metalizadas en buzos, remeras manga larga y pantalones sellados con prints de materiales metálicos y plásticos.

Se separó Soda Stereo, 10 años después volvió. En el recorrido, Gustavo grabó discos solistas y la constante fue la importancia que le otorgó a la imagen. En el nuevo siglo dos momentos determinaron el cambio de época. En 2001 ofreció “11 Episodios Sinfónicos” y fue vestido por Pablo Ramírez con un abrigo en denim forrado con satén rojo. Una representación de “El Principito” potente, emotiva, a tal punto que el diseñador tuvo un ataque de pánico cuando Cerati dio el show en el Colón, dos años después del lanzamiento. En 2009, pleno auge de las colaboraciones en la moda, Cerati se alía con Falabella para realizar una colección de moda. La idea fue meterse en el guardarropa de Gustavo, recuerda Manu Morales, el estilista y diseñador a cargo de bajar la idea del músico a una línea para hombres. El disparador fue la silueta que Hedi Slimane, en sus días como director creativo de Dior Homme, lanzó en la moda masculina. Así llegaron mas de 40 prendas que se distribuyeron en los locales del retail chileno en latinoamérica. La publicidad mostró a la voz sensual del rock luciendo las prendas, mientras de fondo sonaba 'Rapto", un adelanto de lo que sería su último material discográfico, Fuerza Natural.


La importancia en la imagen fue una constante en la carrera de Cerati. Para “Fuerza Natural” (2009), su último trabajo discográfico, el artista acudió a una idea conceptual imponente. El jinete de la portada se bajó al show mediante un antifaz con el que Gustavo abrió los conciertos. Parado en el escenario, antes de calzarse la guitarra, se percibía su silueta en negro cortada por un bordado blanco que decoraba una chaqueta: la idea del diseño fue replicar una pieza lucida por Jimi Hendrix. Meses antes del lanzamiento y de la gira, Gustavo Cerati adelantó el nuevo material a través “Rapto”, el corte que sonó en el spot de la colaboración que hizo para Falabella, una colección con 40 prendas que tomaban las ideas de su guardarropa. Así quedó sellada la huella final de un hombre colmado de sentido estético.


*Una versión de esta nota fue publicada en Revista Brando

Rockeros Vestidos: Para perfilar a Sandro


Cuando el rock and roll apareció y con su ritmo poderoso le habló a los jóvenes en sus propios códigos, allí estaba Elvis Presley personificando el fenómeno. El momento invitó a las compañías discográficas a que vayan tras su propio rey. En Argentina ese furor se corporizó en Sandro. Sex symbol, ícono cultural y fenómeno de masas, el artista cimentó las bases del rock argentino y se convirtió en emblema de la canción melódica. Sandro, Sandro de América, Roberto Sánchez o El Gitano cultivó en cada etapa una estética que contó la imagen del momento y que en el transcurso de los años siguió una evolución natural: el morocho de labios carnosos comenzó usando traje y finalizó su carrera llevando traje, en el medio hubo diversos vestuarios que mantuvieron el espíritu seductor del ídolo amado por las mujeres.


Los primeros años de los 60’ fueron de ebullición juvenil. Los nuevos ídolos de la juventud construyeron la imagen de la década, idealizada principalmente por Elvis Presley y los Beatles, más tarde se sumaron los Rolling Stones. Sandro admiraba al cantante oriundo de Memphis, todo un símbolo del cuerpo liberado. De Elvis tomó - y emuló - los movimientos y el vestuario. El Gitano unió looks de jeans y camperas y pantalones de cuero, poleras y sacos, botas en punta con taco.


El pelo engominado y para atrás, con un jopo a lo Teddy Boy podía mantenerse intacto ante el movimiento desenfrenado de las curvas espigadas del performer, secundado por los gritos enloquecedores de las chicas. El gesto fue retratado en “Convención de Vagabundos”, el film de Rubén W. Cavallotti donde Sandro y Los de Fuego se encargaron del momento rocker de la película estrenada en 1965. Finalizado este trayecto, el astro se puso melódico y cambió el look.


La atmósfera de los 70 se tradujo en la libertad de reglas y las amplias posibilidades del vestir. Gran protector de su vida privada, el estilo setentero de Sandro fue ubicado según lo que vestía en las películas y los shows. Esas apariciones públicas oficiaron de espejo para saber cómo gustaba que lo vieran: ajustado, con brillos, de pantalones oxford y botas texanas, solapas anchas para los sacos y camisas y chombas desabrochadas. Con la línea larga y delgada, el cantante materializó la silueta característica de estos años.


El jumpsuit fue una de las prendas que ejemplifica el concepto unisex que se inició en esta década. Sandro, siguiendo el modelo de Elvis Presley, los usaba en vivo y quedó inmortalizado en el álbum "Espectacular" de 1971. De brazos cruzados y mirada penetrante, casi 40 años más tarde la imagen volvió a invadir las calles de Buenos Aires cuando la marca Converse celebró su centenario y eligió esa pose del gitano para reflejar la rebeldía juvenil en la campaña: cambiaron las botas con taco por un par de zapatillas y sumaron un jean negro. Roberto dijo estar encantado con el resultado.


Romántico y sexual, la actitud de Sandro se mantuvo intacta hasta el último concierto, en 2004, y respondía a las fantasías de las mujeres, un público fiel integrado por madres, nietas, hijas, abuelas, novias. En 1980 filmó "Subí que te llevo", su última película. Luego llegaron un puñado de shows esporádicos donde ya había comenzado a usar trajes que desarmada a medida que subía el calor en el recital. Pero el momento emblemático de este equipo fundamental del guardarropa masculino fue en 1994, cuando celebró "Sandro: 30 años de magia". Allí también convirtió la bata roja en seña de identidad: un guiño de total entrega e intimidad con su público.


Una rosa, la mirada, el pelo, una carcajada medida y los rasgos tan marcados ayudaron a darle actitud a ese movimiento erótico y poco refinado que marcaron la memoria de distintas generaciones. Sandro, de américa, de todos.

* Una  versión de esta nota pertenece a la edición impresa de marzo de Revista Brando que, dadas las medidas de salud de público conocimiento, está online y de manera gratuita en este link.