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Mujeres vestidas por mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital pionero de América Latina fundado en 2006 por la periodista Lorena Pérez, enfocado en analizar la relación entre el estilo, la cultura, el arte y la sociedad ¡Bienvenidos!
Cultura Moda
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Rockeros Vestidos: Dante Spinetta en vivo en El Ópera

 


Dante Spinetta tiene una postura marcada y convirtió a la ropa clásica del hip hop en un manifiesto. Hoy es un referente clave de una escena que no siempre tuvo este lugar de privilegio - y menos sus códigos de vestir, que terminaron fundando un estilo propio-, y que el 10 de octubre llega al Teatro Ópera para presentar Día 3, el disco que le valió la nominación al Latin Grammy a "Mejor canción alternativa" por "El reset". 

Aunque en el rock argentino circule esa idea de que la moda en tanto estilo no importa, la realidad es que los músicos locales arman su identidad a través del placard. Todos eligen y repiten uniformes que los definen: el perfil básico de jean, remera y zapatillas de Chizzo en La Renga, el pañuelo de calaveras de McQueen con el que Calamaro rodea su cabeza o el collar Okama —tradicional del pueblo Emberá Chamí— que usó Adrián Dárgelos en las sesiones de Babasónicos para La 100, por ejemplo. 


En Dante, la ropa siempre fue a la par de su música. Su ropero noventoso, dominado por el sportswear, sufrió el rechazo inicial de una industria de la moda que no quería saber nada con lo urbano, pero encontró en MTV la pantalla perfecta para terminar definiendo la estética de una época. 
 
Cuando Illya Kuryaki and the Valderramas salió a escena, en 1991, hubo un mensaje convincente dado por la imagen integral que ofrecían Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur. Ellos mencionaron a Michael Jackson, Prince y Run-DMC como referencias mientras una idea bien marcada -llamada estilo- lo mostraba personales. Dante siempre tuvo un costado más urbano, mientras que Emmanuel era más fashionista. 

Para Spinetta, esta fue una etapa lúdica, acorde a la edad y el descubrimiento individual al que invita la adolescencia. Vinchas para calmar rulos que se descontrolaron en cuanto el sampling aparecía, el torso al descubierto, una referencia inevitable a las fotografías que su padre Luis Alberto inmortalizó en los 70' con Almendra. 
 

Las remeras, pantalones holgados y zapatillas son huellas de identidad: la cultura del hip hop siempre estuvo en Dante. También el gusto por la moda. En está época, Dante y Emmanuel oficiaron de modelos para los alumnos de la novísima carrera de Diseño de indumentaria y Textil de la FADU UBA: los chicos desfilaron para las performances que los futuros diseñadores armaban en los barcitos del bajo. 
 
En 2002 inició su carrera solista. En su vestuario mantuvo las referencias hacia las vestimentas del hip hop, la cultura estadounidense donde sintetiza el sonido y el estilo a sonidos modernos y llevados al territorio cultural propio. En Dante no hay huecos ni elecciones que hagan ruido, hay continuidad. 
En esta época congenió con Kanye West, el rapero y productor que utilizó la imagen para presentar su arte y con una evidente debilidad por la moda. Joggins, remeras XXL y zapatillas Nike, Spinetta compuso su vestuario con prendas de las marcas de culto del hip hop, como Rocawear, de Jay Z, y Sean John, de Sean Combs, firmas que definieron, varios años después, la esencia del vestir de la época actual. 



Para el caso, en 2015 Dante se alió con Oscar Fernández, el peluquero a cargo de Roho, para hacer Volans, una línea de ropa masculina para Garçon García. "De chico revolvía no solo el placard de papá, también el de mamá", contó Dante en aquel momento. 

Una carrera musical cada vez más asentada, Dante nutre de manera sustanciosa su look que no se estanca. Participa en producciones fotográficas donde aparece con las composiciones que señalan identidad - pantalones, gorritos, rulos endemoniados y siempre notoriamente expresivo. 

Ahora, su look se gestiona con equipos más pensados y rompe la urbanidad con prendas formales, como pantalones entallados, poleras o camisas atravesadas por las cadenas alrededor del cuello, gesto propio del repertorio del rap, por ejemplo en la época de Puñal (2018), pero mostrado como un ensamble simple y casual. En Aves (2020), Mesa Dulce (2022) y Día 3 (2026) resume su metódica forma de personalizar símbolos de la cultura que reinterpretó como propia.


imágenes: Gentileza Gomez Caje

Cómo ser parisina. El total look de Charlotte Casiraghi para Chanel Couture

 


La silueta de Charlotte Casiraghi en la colección Couture FW 2027 sugiere una elegancia magnética. Un jean, una camisa celeste y un par de zapatos de salón le bastan para definir la modernidad cotidiana. Cuando estas piezas llevan el sello de Chanel, el outfit trasciende. 

Como embajadora de la maison desde 2021, Casiraghi aporta una autenticidad intelectual única a través de su liderazgo en Les Rendez-vous littéraires rue Cambon. Se trata de una iniciativa pionera que reúne a escritoras y amigas de la maison para debatir sobre la emancipación femenina. Este encuentro elevó el formato libro a la categoría de fetiche cultural que se anticipó al momento en la que la industria del lujo transformó la literatura y los clubes de lectura en el nuevo y codiciado objeto de deseo comercial para la moda. 


Esta misma sintonía estética guió las presentaciones de La fêlure, su primer libro en solitario. Durante este recorrido cultural, la sofisticación monegasca de Charlotte se construyó con variaciones de la camisa, alternando pantalones sastre, blazers y chalecos de punto. En el rol de embajadora de Chanel, esta propuesta representa una expresión de informalidad estudiada. La camisa de rayas, los jeans de corte fluido y los zapatos salones negros son un grito del chic parisino más puro. 


El estilismo de Charlotte Casiraghi funciona como una selecta antología de las colecciones de Matthieu Blazy para Chanel, pero guarda intacta su identidad personal. El bolso y los zapatos con tira trasera pertenecen de la colección Métiers d’art 2026, la del desfile en el subte de New York. La camisa de algodón celeste es el resultado de la alianza con Charvet, la legendaria firma casi bicentenaria, que hoy es propiedad de Chanel. Los vaqueros, las gafas, los anillos y pulseras completan este look. Que bien podría ser un catálogo pero que en la silueta de la nieta de Grace Kelly logra verse como manifiesto de estilo contemporáneo.

De sastre y cerúleo: El look de Andy Sachs para sobrevivir la crisis de los medios

 

Revisitar a los personajes creados por la escritora Lauren Weisberger veinte años después genera sensaciones. La idea de encajar la vieja aristocracia de la moda en una cultura, donde todo el contenido se consume y se olvida en un parpadeo. Pero El diablo viste de Prada 2, dirigida por David Frankel a partir de una historia original, le da un caderazo a la parodia autocomplaciente para registrar una crónica sobre la transformación y crisis de la escena mediática actual. 


Hay que decir que el verdadero melodrama sucedió fuera de la pantalla. No creimos estar vivos para asistir a cómo el fenómeno devoró a sus propias musas: ver a Anna Wintour adueñarse del mito y ubicándose en portada junto a Mery Streep en Vogue, mientras la Emily de la vida real —la estilista Leslie Fremar— se sentaba con Chloe Malle para una entrevista. La sucesora de Wintour, con el estilo incisivo que ametralla preguntas sin dejar respiro, logró extraer expresiones y pocas palabras - pero las necesarias - para ponerse en el lugar de la mujer devenida en un arquetipo. Sin embargo, en el ejercicio del scroll infinito, este trasfondo se diluyó pronto. Quedó atrapado en la dinámica del contenido efímero de las redes. 


El diablo viste de Prada 2 tuvo un presupuesto estimado en USD 100 millones de dólares y al día de hoy, a una semana de cumplirse un mes de su estreno, lleva recaudado a nivel mundial USD 553,825,726. Este éxito taquillero invita a revisar el look de Andy Sachs. La diseñadora de vestuario Molly Rogers entendió que el guardarropa del personaje de Anne Hathaway no se iba a construir con tendencias pasajeras: “Tuve que dejar de lado piezas que sabía que no resistirían el paso del tiempo en los próximos veinte años, por más que me doliera devolver algunos artículos. El vestuario tenía que ser perdurable”, dice en las notas de producción. 


La propuesta de Rogers para Andy es una reconfiguración de la sastrería masculina tradicional. 
La ex co-equiper de Patricia Field hizo un híbrido entre el encanto desaliñado de Annie Hall y la soberbia estructural de Katharine Hepburn. La pasarela que emite la pantalla grande va con blazers impecables de Dolce & Gabbana y Louis Vuitton, blusas - de seda con etiqueta de Tom Ford-, pantalones de tiro alto y chalecos, entre los que sobresale un diseño tejido en azul cerúleo que funciona como un abrazo al pasado. 


La evolución de Andy Sachs en El diablo viste de Prada 2 se narra con un vestido de Gabriela Hearst con zapatos Chloé para su estancia en los Hamptons. Un conjunto de bouclé con cartera acolchada a tono firmado enteramente por Chanel para sus días en Milán. El tándem de chaleco y pantalón de Jean-Paul Gaultier y un bolso Coach. 

El panorama de los medios se desmorona, pero un buen corte de sastrería resiste.

MET Gala 2026: La solvencia estratégica detrás de la exhibición Costume Art



Una vez, Jorge Luis Borges le planteó a Antonio Carrizo, en una entrevista, cierta verdad que la moda convirtió en su propio motor: “Qué raro que más importantes que los hechos sean las vísperas”. La atención y tensión que genera la antesala a la gala del MET hace que el primer lunes de mayo acapare todas las miradas. 

La Gala del MET funciona como el prólogo de la exhibición de primavera de The Costume Institute, que este año se titula Costume Art y solicita Fashion is Art como dress code si fuiste invitado (a pagar 100.000 dólares la entrada). 



La MET Gala comenzó como un acontecimiento para recaudar fondos que garantizaba la preservación y conservación de la historia de la moda, en principio la de Estados Unidos. Además de financiar al Metropolitan Museum al destinar el 10 por ciento de lo recolectado en la gala. En la última década, este hito del calendario recaudó 166,5 millones de dólares. En 2025, la gala de Superfine: Tailoring Black Style obtuvo 31 millones de dólares. 

Desde 2016, el Instituto consolidó un fondo de dotación (endowment) —un vehículo de inversión diseñado para garantizar ingresos sostenibles y autonomía a largo plazo— que hoy capitaliza 106 millones de dólares, según informa Vanessa Friedman en The New York Times. Esto invitó al debate: hacia 2028/2030 The Costume Institute sería autosuficiente para mantener sus operaciones sin depender del museo y la gala en sí. 


¿Qué es la MET GALA? 

Eleanor Lambert es el nombre fundamental en la historia de la moda norteamericana, del mismo peso que Anna Wintour pero sin películas, documentales y portadas propias en Vogue. Lambert es la creadora de la Semana de la moda de New York, de la Lista internacional de los mejores vestidos, de los premios Coty y luego del CFDA. Eleanor realizó en 1948 un evento benéfico en el MET y lo llamó La fiesta del año. El vínculo entre la moda y el museo en Estados Unidos inició en 1937 con la apertura del Museum of Costume Art que más tarde, en 1946, se fusionó con el Museo Metropolitano de Arte como The Costume Institute. La deriva siguió con la editora Diana Vreeland como impulsora de este acontecimiento anual. Luego de ser despedida de Vogue, donde ocupaba el cargo de directora durante la década de 1960, Vreeland se concentró en que la moda ingresara en el museo. Con la inauguración de The World of Balenciaga en 1973, un año después de la muerte del modisto. Desde allí su evolución a lo que conocemos hoy como la muestra que inaugura el primer lunes de mayo con una gala.


La exhibición Costume Art abrirá sus puertas el 10 de mayo y permanecerá en sala y galerías hasta el 10 de enero de 2027. Andrew Bolton, Curator in Charge del Costume Institute, define el guión de esta exposición como una reivindicación de la presencia física: “Mi intención es situar la centralidad del cuerpo vestido dentro del Museo, vinculando las representaciones artísticas con la moda como una forma de arte encarnada. El arte del vestuario privilegia la materialidad y esa conexión indivisible entre la figura humana y la prenda, evitando la tendencia de priorizar lo visual a expensas de lo corporal”.

El diablo viste a la moda 2: Anna Wintour se apropia del guion de Lauren Weisberger


El despliegue mediático es una performance. Hubo premieres, filtraciones a la medida y una portada de Vogue donde Meryl Streep y Anna Wintour rompen la frontera entre el mito y la realidad. Este jueves 30 de abril, El diablo viste a la moda 2, dirigida por David Frankel, llega a las salas de cine, pero el verdadero espectáculo sucedió durante la promoción.

La producción de la película buscará reactivar el mecanismo de 2006, cuando la primera entrega convirtió un presupuesto de 41 millones de dólares en una recaudación de 327 millones. 
La secuela retoma el rastro de las tres protagonistas (Andy Sachs, Emily Charlton y Miranda Priestly) en una industria periodística que compite por atención, donde la historia se convirtió en contenido y la repercusión en viralización. 

Entre la publicación de la novela original en 2003 y su continuación en La venganza viste de Prada, en 2013, la escritora Lauren Weisberger capitalizó su experiencia como exasistente de Wintour para transformar el hermetismo de su jefa en un producto de consumo masivo. Pero ese ecosistema analógico quedó lejano.
El diablo viste a la moda 2 se basa en los personajes creados por Lauren Weisberger

La secuela sitúa a Priestly ante el declive de las revistas impresas, forzándola a negociar con sus exsubordinadas, Emily y Andy. Pero, el movimiento más relevante sucede fuera de campo, pues Wintour decidió apropiarse de su propia caricatura. Si en 2003 el personaje de Miranda Priestly era un enigma sustentado en el rumor, hoy la editora asume el rol. La exdirectora de Vogue Estados Unidos se adueñó del mito al subir al escenario de los Oscar junto a Anne Hathaway para presentar el premio a Mejor diseño de vestuario. Meses después, consolidó la maniobra posando, junto a Mery Streep, para Annie Leibovitz en la portada de mayo de Vogue titulada Seeing Double: When Miranda met Anna. 

La jefa devoró la ficción. La realidad se impone con la ironía que antes pertenecía a la pluma de Lauren Weisberger. Al vivir voluntariamente el disfraz que su exasistente le diseñó, Anna Wintour anuló la autoridad de la escritora. La venganza ya no pertenece a la novela. La supuesta villana secuestró el relato mediático para escribir su propia versión.

Adrián Appiolaza en Buenos Aires: El retorno del diseñador que tradujo la argentinidad al lujo global




La presencia de Adrián Appiolaza esta noche en los Martín Fierro de la Moda 2026 antecede a su distinción como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña, el próximo martes. El reconocimiento llega tras su nombramiento, en enero de 2024, como director creativo de Moschino. Su llegada a la firma es el resultado de un recorrido de tres décadas por los talleres de mayor peso en Europa. 

En 1994, dejó San Telmo para estudiar en Central Saint Martins, en Londres. Su ingreso al circuito profesional fue rápido: el mismo año de su graduación, donde obtuvo el premio a la mejor colección, se incorporó al equipo de Alexander McQueen. Desde entonces, Appiolaza ocupó puestos de responsabilidad en las estructuras que definieron la moda de los últimos veinte años. Trabajó junto a Phoebe Philo en Chloé y con Clare Waight Keller en Celine. El diseñador formó parte del equipo de Prada y se desempeñó en Louis Vuitton bajo la dirección de Marc Jacobs. En 2014, con el grupo LVMH se trasladó a París para acompañar al director creativo Jonathan Anderson en el diseño de la línea femenina de Loewe. 


En Tierra, la colección otoño invierno 2026 para Moschino, Appiolaza llevó a las pasarelas de Milán a Mafalda, Evita y el fileteado porteño, entre algunos de los temas de tradición argentina donde el diseñador mostró su capacidad para procesar la identidad nacional sin caer en el cliché. 

Su metodología se apoya en una biblioteca visual muy propia. Adrián Appiolaza creó un archivo con piezas de Yohji Yamamoto, Comme des Garçons y Vivienne Westwood que utiliza como base de estudio para sus diseños y también alquila para diferentes producciones. 

Hoy, su tarea en Moschino consiste en extraer el legado de Franco Moschino para situarlo en el presente, transformando la ironía histórica en una propuesta de lujo con sustancia y peso cultural.

La colección 08 de Moschino donde Appiolaza toma la cultura argentina como referencia

Vestirse para la luna: Artemis II y La evolución del traje espacial OCSS


La moda espacial es una cuestión de supervivencia. Cuando Ed White hizo la caminata espacial en 1965, estaba vestido con la ingeniería de David Clark, una firma pionera que transformó la urgencia de la Segunda Guerra Mundial —creando trajes antigravedad que evitaban los desmayos de los pilotos durante las maniobras— en el estándar técnico de la exploración aérea y orbital. 
El traje Orion Crew Survival System (OCSS) es el heredero de ese legado. Como un manifiesto de diseño adaptativo, la tecnología implementada en el traje espacial de la misión Artemis II que viajó a la luna protege el cuerpo y potencia sus capacidades. 

Resulta que los ingenieros de la NASA reutilizaron y reciclaron setenta y cinco trajes que quedaron como excedente del programa de transbordadores. El diseño demandó alrededor de cinco años y fue un trabajo en conjunto con la compañía Clark. En el podcast de la NASA "Houston, we have a podcast", el gerente del proyecto Dustin Gohmert describe esta evolución como un proceso orgánico de co-creación. “Bien, ¿cómo podemos convertir esto en realidad?, le decíamos a David Clark Company. Fue una colaboración constante, entre la lluvia de ideas, el concepto y la producción. Con el tiempo, estos aspectos se fusionaron para convertirse en lo que es el traje OCSS”. 


En el espacio, la vestimenta se mide por la eficiencia del movimiento. La ergonomía en gravedad cero trastoca nuestras nociones terrenales. Así que eso fue incorporado al modelo, de ahí que el diseño no se focaliza en las piernas sino en los hombros. La movilidad se concentra en el torso, con codos y muñecas de torsión nula que permiten un desplazamiento fluido porque, en la microgravedad, se camina con las manos. 

El traje del Sistema de Supervivencia de la Tripulación Orión funciona como una micro-biósfera que recicla cada molécula de gas, una proclamación sobre la conservación de recursos que evita la expulsión de oxígeno al entorno. La elección del color también tiene su explicación. El uso del Naranja Internacional es una decisión de vida. Se trata de un tono sintético con matices de rosa fluorescente inexistente en el mundo natural. Su propósito es la visibilidad. Que sea un faro cromático diseñado para resaltar contra el azul profundo del océano, si hubiera un rescate, dice Gohmert y cruza los dedos. 


Mientras David Clark domina la producción de tallas estándar, los ingenieros de la NASA elevaron este sistema a la confección a medida para los astronautas Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen, la primera misión tripulada en más de 50 años en sobrevolar la luna. 
En este diseño, la forma y la función se fusionan para demostrar que el estilo es la herramienta segura para garantizar el regreso a casa.



Imágenes y fuente vía NASA/Aubrey Gemignani

Nuestros años locos tienen a John Galliano diseñando para Zara

 


La historia de la moda cuenta que a mitad de cada década los experimentos previos se asientan para definir los códigos de los años por venir. No es un momento de ruptura, más bien cuando las piezas del sistema terminan de encajar bajo la lógica del mercado. Tras un periodo de dos años de movimientos frenéticos en las direcciones creativas de las maisons, la jerarquía tradicional comparte su lugar con una estructura donde la relevancia no depende del precio de la etiqueta, sino de quién controla la conversación global.

En este escenario de transición, las marcas de consumo masivo dejaron su condición de replicadoras de tendencias para liderar las dinámicas de atención, reclutando a los nombres que antes estaban bajo el dominio de los talleres de lujo. Esta caminata hacia el mercado global se consolida con trayectorias claras: Clare Waight Keller, quien definió el código deportivo sastrero en Chloé, lidera hoy la dirección creativa de Uniqlo. El hermoso y cool Stefano Pilati, ex director creativo de Yves Saint Laurent, colaboró con Zara en una colección cápsula al igual que Kate Moss. Zac Posen ya había anticipado este rumbo al asumir el mando en Brooks Brothers y en 2024 como presidente ejecutivo y director creativo en Gap y Old Navy. Nos ponemos memoriosos. El inicio de este siglo estuvo marcado por la alianza entre Karl Lagerfeld y H&M en 2004. Este hecho dio lugar al inicio de un vínculo que durante diez años alimentó el interés por las colaboraciones entre el fast fashion y el lujo. Hasta que la fórmula dejó de resultar novedosa para integrarse como norma.



La noticia que termina de validar este cambio es el desembarco de John Galliano en Zara. Según reporta Vogue, se trata de una colaboración creativa de dos años para reinterpretar "los archivos" del retail, marcando el regreso del modisto tras su salida de Maison Margiela en 2024. Se espera que la primera entrega de Galliano para Zara llegue en septiembre (apostemos que será durante la semana de la moda de Nueva York). 

Este movimiento responde a la gestión de Marta Ortega, quien asumió la presidencia de Inditex en 2022. Bajo su mando, el grupo —valorado en 150.000 millones de euros y dueño de las firmas Pull & Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho y Zara Home— dió un giro hacia una sofisticación operativa que la distingue de la gestión de Amancio, su padre. "No se trata de vender más, sino de vender bien", declaró Marta al diario El País. 

La presencia de Anna Wintour en la sede de Arteixo y el vestuario de Bad Bunny para el Super Bowl son señales de una ambición mayor: contratar al último gran modisto del siglo XXI para validar la identidad de la compañía.

Imágenes: John Galliano Instagram / Collage BdM

Carolyn Bessette-Kennedy y el minimalismo: El ciclo que la moda se niega a cerrar

 

Hoy se parece mucho a los años 90. No es solo una coincidencia visual. Se trata también de un trasfondo político donde una parte de la sociedad, la nuestra, valida el ajuste mientras otra intenta sobrevivir a la frialdad de las medidas libertarias. La moda de la década de 1990 siempre parece estar regresando. En su momento nadie logró definirla. Fue un período marcado por la incertidumbre de un siglo que terminaba y la ansiedad por el esperado año 2000. Es una época donde la belleza se deshizo del artificio. Se impuso una silueta delgada que convivía con el estallido del grunge de Kurt Cobain. Pero el minimalismo no estaba solo. Thierry Mugler y Gianni Versace seguían dando figuras monumentales, mientras John Galliano y Alexander McQueen llevaban su rebeldía a las casas históricas de París. 


Tras temporadas dominadas por el lujo silencioso, este estilo parece haber agotado su capacidad de asombro. Al ser absorbido por el mercado masivo y replicado en las perchas del fast fashion, perdió su aura de exclusividad. Los informes financieros decían que el consumidor actual, golpeado por la inflación, ya no gasta en básicos de lujo porque puede encontrar lo mismo en una tienda de segunda mano: el minimalismo extremo terminó por igualar a todas las marcas. Fue cuando los expertos de la industria sentenciaron que estas prendas fallaron en generar un vínculo emocional, según el reporte 2025/2026 de BoF. 

Pero vemos que un factor externo cambió el rumbo. 


En febrero de 2026, el estreno de la serie de Ryan Murphy sobre Carolyn Bessette-Kennedy volvió a inundar las pantallas. El algoritmo de Instagram se obsesionó con su imagen, repitiendo las fotos de una mujer que vivió bajo el asedio de los paparazzi. 

En su versión cruda, el minimalismo ahora mismo es una estética que se consume como una estampita.  Mientras el público analiza cada detalle, incluso hay videos de los días de Carolyn Bessette en su trabajo como publicista para Calvin Klein (marca que a la vez aumentó su interés en búsquedas en un 347% en estas dos semanas), surgen eventos como la feria Eyecon Show, donde Selima Salaun exhibirá el prototipo original de las gafas "The Aldo" que Bessette inmortalizó y la serie Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette replicó para Sarah Pidgeon. Hasta apareció una subasta con prendas de Carolyn, aunque la casa no puede asegurar su autenticidad. 


La reaparición de la silueta lánguida de Carolyn Bessette-Kennedy es el motor que necesitaba el minimalismo para no aburrir. También puede ser la despedida triunfal como tendencia de marketing. Su presencia está desafiando la obsolescencia que los analistas le diagnosticaron. 

Mientras las redes sociales viralizan su figura, el mercado se divide en los que persiguen la imagen de moda y los que entienden que un buen diseño siempre es relevante.


imágenes vía Getty

Mirtha Legrand cumple 99

Mirtha Legrand fotografiada por Annemarie Heinrich

"Yo soy muy coqueta", dice Mirtha Legrand, lanzando la frase como un talismán ante las cámaras para un público que, según su propio dogma, siempre se renueva. El próximo junio se cumplirán 58 años desde que aquellos almuerzos inaugurados en el Canal 9 de Alejandro Romay alteraron la gramática de la televisión argentina. Fue un formato nacido de la audacia que terminó por convertirse en el ejercicio de resistencia más longevo de la pantalla global, instalando en el ADN local una fascinación por el reciclaje eterno de las formas. Pero mientras figuras como Susana Giménez o Marcelo Tinelli lidian con el desgaste del camino, Legrand ha logrado la proeza inversa: permanecer. Ella ocupa el tiempo, lo moldea. A diferencia de sus pares, supo metabolizar los intereses de la audiencia, transformando sus célebres preguntas incómodas en "inquietudes de la calle".

La génesis de este mito se remonta a 1940, cuando una adolescente Mirtha debutó en Hay que educar a Niní junto a su hermana gemela, Silvia. Pero fue un año después cuando el destino intervino: el director Francisco Mugica la puso al frente de Los martes, orquídeas. El papel era originalmente para Delia Garcés, pero ante un conflicto de agenda, Mugica apostó por una desconocida de 14 años. "No me pregunten por qué la elegí. Creo que fue lo mismo que le pasó al público: me atrapó su ángel", confesaría el director años más tarde. 

Cuando la memoria la asalta en su mesa televisiva, Legrand suele evocar el estreno de aquel film: una ovación que no celebraba una película, sino el nacimiento de una estrella. El fenómeno fue tal que el guion terminó en Hollywood, adaptado para Fred Astaire y Rita Hayworth bajo el título You Were Never Lovelier (Bailando nace el amor). Mientras tanto, en el sur, Mirtha se levantaría como el rostro oficial de las "comedias blancas" de los años 40, una versión argentina del glamour de estudio que ella personificó con una precisión casi geométrica. Su filmografía es un inventario de la era dorada: 36 películas, 22 protagónicos y 5 colaboraciones con su hermana 'Goldie'. Pasó por el teatro y la radio, pero fue la gran pantalla la que cimentó su estatus de semidiosa, en una época donde la distancia entre la diva y la mujer común era un abismo de tul y luz dirigida. Era un tiempo donde la moda era un lenguaje aspiracional; revistas como Radiolandia, Radiofilm y Antena diseccionaban sus atuendos para que las modistas de barrio los replicaran en sus máquinas de coser. 

Archivo Bloc de Moda (en custodia del Museo del Cine)

En ese ecosistema, el maquillaje y el peinado eran arquitectura pura. En 1946, el anuncio de Un beso en la nuca marcó un hito estético: el vestuario de Edward’s y la aparición del rubio platinado que se convertiría en su firma visual. Hoy, ese tono es una referencia industrial: la marca Silkey lo ofrece en su catálogo simplemente como "Mirtha". 
 
Incisiva, informada y rigurosamente estructurada, Legrand entiende que el poder reside en la conversación. "La noche de Mirtha", en la pantalla tibia de El Trece, suele marcar el feed de las redes sociales tanto como la agenda de los medios de comunicación. Legrand acomoda sus gustos y refresca el programa aunque repita invitados: la protagonista es ella. El show comienza con esa exhibición de pie, una liturgia donde la señora se ofrece a la cámara con la fijeza de un monumento. Allí, erguida, estrena diseños a medida que agradece con cortesía de anfitriona. Suena la música —“brillando, siempre brillando”— y aparece la paleta de una vida: desde los pasteles etéreos hasta el negro absoluto. Bordados, transparencias, joyas, tacones y medias (sin importar el termómetro) completan el uniforme de diva, sellado siempre con un nacarado en los labios. 
 
La historia, a veces, rima. En las páginas de la revista Mundo Argentino, el New Look de Christian Dior se presentaba al lado del guardarropa que Paul Benoit diseñó para Legrand en El retrato (1947). Ambas instituciones, la casa francesa y la diva argentina, lograron la proeza de mantenerse vigentes evocando la elegancia en un mundo distinto. 
 
Cuando se casó con Daniel Tinayre, Mirtha desafió las convenciones con un vestido negro y una ceremonia sin marcha nupcial. Los medios de la época, despechados por no haber obtenido la exclusiva de la boda secreta, fueron implacables: "Lo más decepcionante fue que Mirtha marchó hacia el altar sin el clásico atavío nupcial... Mirtha escamoteó a su público amado el espectáculo de su casamiento vestida de negro". Fue, quizás, su primer gran gesto de autoría sobre su propia imagen. 
 
Hoy, mientras continúa visibilizando a nuevos diseñadores y casas de moda, la Legrand sigue dotando a sus vestidos de una connotación social que parece de otra era, una donde la ropa definía el lugar de una mujer en el mundo. Mirtha, con una constancia que bordea lo heroico, siempre se dio a sí misma el lugar de la diva. Felices 99, Mirtha Legrand!

Lali Espósito en Cosquín Rock 2026: La Armadura del hate


Para el mundo de la moda, el papel suele ser un material frágil. Pero sobre el escenario del Cosquín Rock 2026, Lali Espósito lo transformó en un escudo de combate. La artista argentina se presentó con una pieza de Guevara Ocampo que, a primera vista, disparó la nostalgia inevitable de los archivos de la moda: el "Newspaper Dress" de John Galliano para Dior. 
 
Para interpretar el gesto de Lali, hay que volver a febrero de 2000. En el marco de la Semana de la Moda de París, Galliano presentó para Dior la colección "Fly Girl", una propuesta que caminaba sobre la línea entre el lujo extremo y la estética de los márgenes. Fue allí donde nació el newspaper print dress, una pieza que rápidamente trascendió la pasarela para convertirse en un artefacto cultural gracias a Carrie Bradshaw en Sex and the City. 
 

El diseño protagonizó el episodio “What Goes Around Comes Around” (un título que, irónicamente, resuena como poesía en Lali Espósito), en la tercera temporada de Sex and the City, además de un cameo años después en la película. En ese momento, el diseñador John Galliano usaba el papel como una provocación visual, una oda al chic urbano que la Bradshaw inmortalizó. Mientras el Dior original buscaba la belleza en lo efímero, Lali Espósito lo hizo bajo una lógica cruda. Y funcionó.  

La elección del material es el mensaje. Al optar por el newspaper dress,  Lali juega con la cualidad de  lo efímero de las noticias y los ataques mediáticos. En el periodismo impreso de la vieja guardia, la tinta del diario tiene la  reputación de "manchar" a quien la toca. Aquí, Lali invierte el proceso. Lo que antes era basura destinada a ensuciar su nombre se convierte en una pieza de arte. Es una declaración. El ataque de hoy es el residuo de mañana. 


Al igual que el "Vestido del Odio" diseñado por Maria Grazia Chiuri en Dior para Chiara Ferragni para la 73ª edición del Festival de la Canción de San Remo, en 2023, la prenda de Lali funcionó como tela para la toxicidad. Para Ferragni, ese vestido fue una respuesta a años de una crítica feroz que precedió, incluso, al colapso de su reputación por el "Caso Pandoro", una hostilidad cimentada en el resentimiento hacia su paso de bloguera a empresaria exitosa - dos veces estudiada por Harvard - y en las críticas constantes a su maternidad pública, factores que la convirtieron en el foco de una Italia conservadora mucho antes de que sus finanzas fueran auditadas. De manera similar, Lali Espósito fue blanco de una campaña de desprestigio político en Argentina, donde su nombre se convirtió en el centro de un debate sobre el gasto público y la libertad de expresión, enfrentando ataques directos desde la cúspide del poder ejecutivo que buscaron, sin éxito, desmantelar su legitimidad artística. 


La genialidad de este vestido en 2026 está en su resignificación. Si el modelo de Ferragni exponía los insultos sexistas, el de Lali utilizó la herencia de la colección Fly Girl para envolverse, literalmente, en las agresiones que intentaron silenciarla. No es una cita a la cultura pop, más bien una recontextualización del poder. Lali usó el newspaper print dress para contar que puede caminar sobre las brasas de su propia reputación mediática y convertirlas en una performance Couture. En la era del algoritmo, la mejor forma de sobrevivir al odio es cortarlo a medida, imprimirlo y usarlo como una armadura.

El niño prodigio y el tirano: Las referencias a Poiret de Jonathan Anderson para Dior

 

“La moda actual necesita un nuevo amo. Necesita un tirano que la castigue y la libere de sus escrúpulos. Quien le preste este servicio será amado y se hará rico. Tendrá que hacer lo que yo hice entonces, y no mirar atrás, ni pensar en nada más que en las mujeres y lo que les conviene”, escribió en sus memorias el modisto que murió pobre en 1944. Quien se autoproclamó el "Rey de la Moda", Paul Poiret, volvió a los titulares tras la exquisita y creativa segunda colección masculina de Jonathan Anderson para Dior (Otoño-Invierno 2026/2027), presentada en la semana de la moda de París. 
 
Hay algo romántico en la referencia de Anderson por Poiret. El propio Monsieur Christian lo admiraba, aunque sus estéticas se miraran de reojo desde lugares opuestos. En 1947, Dior volvió a la silueta de la Belle Époque, de corsés y nostalgia que Paul Poiret se jactaba de haber derrotado. Poiret floreció en simultáneo a las vanguardias históricas, cuando los vestuarios de los Ballets Rusos, la compañía fundada por Sergei Diaghilev con vestuario de Léon Bakst, impregnaron la moda de un orientalismo que él mismo se adjudicó bajo la idea del abrigo “Confucio”. Dior, por el contrario, prefirió pensar a la silueta de la mujer como una flor. 

Dior Homme Otoño Invierno 2026 por Jonathan Anderson

"Mi forma de trabajar consiste en recopilar experiencias a lo largo del proceso y filtrarlas", dice Anderson, planteando la moda como un ejercicio de emociones. Mientras el intento de resucitar la maison Poiret como marca corporativa fracasó en 2018, el director creativo de Dior hace algo mucho más interesante: exhuma la esencia. No nos vende el nombre en una etiqueta, se mete con el aroma de la reliquia. Es un alivio. ¿Acaso no pagaríamos por ver la expresión de Cristóbal Balenciaga si pudiera observar en qué han convertido su templo, en su nombre? 

La inventiva de Jonathan Anderson para esta temporada es un diálogo donde los códigos rígidos de la formalidad y los emblemas de Dior conviven con el denim, las parkas utilitarias que buscan asociarse a Poiret. "Empatía e ímpetu", dicen las notas de prensa sobre esta conversación entre dos hombres separados por un siglo. 

Exhibido en 2025 en la muestra del Museo de Artes Decorativas de Paris: "Paul Poiret: Fashion is a celebration"

La historia de Poiret (1879-1944) es el guión de una ópera trágica. Comenzó vendiendo bocetos a Jacques Doucet. Luego, los hijos de Worth lo nombraron sucesor de la casa y, en 1903, se instaló en el número 5 de la Rue Auber para conquistar el mundo desde su propia maison. Fue el primero en entender que una casa de moda debía ser un estilo de vida: convivieron allí perfumería, decoración y desfiles presentados como tableaux vivants teatrales. 

Hoy, mientras las redes sociales se deshacen en elogios hacia el gesto de Jacquemus por convertir a su abuela en embajadora, conviene recordar que Poiret ya jugaba a eso: su esposa fue su musa y modelo, mientras que sus memorias de 1931 están dedicadas a su madre. Del mismo modo, Dior construyó su New Look como un tributo a las mujeres de su infancia. En este negocio, nada es realmente nuevo. La frescura es solo la ilusión de alguien que cuenta la misma historia con un acento diferente. Por eso Anderson triunfa, pues inyectó su propia cosmovisión en un estilo visiblemente opuesto al de la casa que lo contrata. 

De la colección de Azzedine Alaia y exhibida en su fundación: abrigo y vestido de 1919

“Era todavía la época del corsé. Le libré una guerra”, escribió Poiret en su autobiografía (que el V&A Museum tuvo a bien reimprimir). Odiaba el corsé porque convertía a la mujer en una criatura partida en dos, obligándola a "arrastrar un remolque" tras de sí. Proclamó la caída de la armadura en nombre de la libertad, pero el tirano siempre guarda una trampa: “Sí, liberé el busto, pero encadené las piernas”, decía sobre sus faldas trabadas que hacía para sus clientas. 

Escuchar las quejas de las mujeres de 1910 que no podían subir a un carruaje es escuchar el eco de nuestras propias contradicciones modernas. Poiret se jactaba de que sus lágrimas eran el anuncio de su innovación: “¿Acaso sus quejas detuvieron alguna vez el movimiento de la moda o, por el contrario, no lo ayudaron anunciándolo?”. Sus palabras parecen resonar desde el más allá, ignorando quizás que la crisis del mercado de lujo de nuestros años 20 no es tan distinta a la que lo llevó a él a la ruina.

"La Perse" (1911) del acervo del Metropolitan Museum. Exhibido en "Poiret: King of fashion", en 2007

Dior Homme Otoño Invierno 2026 por Jonathan Anderson

Imágenes Gentileza DIOR, Fundación Azzedine Alaïa, Met Museum, MAD París

El último emperador sale de escena: Murió Valentino


Con la muerte de Valentino Garavani a los 93 años este 19 de enero en Roma, despedimos también una definición de la moda que hoy parece, en el mejor de los casos, un anacronismo glorioso. Valentino construía un lenguaje de feminidad absoluta articulado en un rojo tan específico que terminó por llevar su nombre. 

“Puedo aceptar tu ausencia, pero nunca tu muerte. La memoria, el recuerdo y el amor nos acompañan para siempre”, escribió Pierpaolo Piccioli


Nacido en Voghera en 1932, su carrera parece una lección. Tras formarse en París con Jean Dessès, regresó a Italia para abrir su taller en la Via Condotti en 1959. Pero el genio creativo necesita un guardián: la llegada de Giancarlo Giammetti transformó el talento de Valentino en un bloque global. Juntos entendieron, mucho antes que los conglomerados, que el prestigio de la Alta Costura, establecida en su palacio de Piazza di Spagna en 1967, servía para vender el volumen del prêt-à-porter. 

“Después de mí, el diluvio. Con él, un tiempo irremplazable llega a su fin”, lo despidió Maria Grazia Chiuri



El negocio del mito 

Mientras su Colección Blanca de 1962 funcionaba como un suavizante que silenciaba el caos juvenil y la psicodelia de la época, su mano derecha, Giancarlo Giammetti, orquestaba la expansión de un imperio que llegaría a sostener 42 licencias. Fue un movimiento perfecto entre el misticismo del palacio y la realidad del mercado, una dualidad que le valió honores como la Legión de Honor y la Gran Croce antes de su calculado retiro en 2008, en el desfile de la colección primavera verano Couture. Aquella salida fue una despedida cinematográfica con el estreno del documental The Last Emperor, que lo paseó por los festivales del mundo del brazo de Anne Hathaway, para quien diseñaría su vestido de novia en 2012. Incluso en su despedida, Valentino demostró una visión precursora en ese momento, al lanzar en 2011 su propio museo virtual en 3D, digitalizando su "burbuja de cristal" para que su legado de elegancia  pudiera ser conocido por una generación que, paradójicamente, ya no viste de gala. 

“Hoy falleció un hombre extraordinario... una figura central en la historia cultural italiana que recorrió el mundo con una delicadeza excepcional, un rigor silencioso y un amor inagotable por la belleza”, resaltó Alessandro Michele.


El veredicto final 

Tras su salida, sus herederos Maria Grazia Chiuri, Pierpaolo Piccioli y ahora Alessandro Michele buscaron mantener lo fabuloso. Valentino fue el último exponente de una era donde la elegancia no era una opción. 


La Maison recuerda al Sr. Valentino Garavani con profunda emoción y profundo afecto.

Su estilo único y su elegancia innata permanecerán para siempre.

Compartimos con sincera compasión el dolor de sus seres queridos y mantenemos nuestro compromiso de preservar y enaltecer el valioso legado creativo, cultural y humano que nos confió, sobre el cual se fundó la Maison Valentino.

Su vida fue un faro en la búsqueda incesante de la belleza, y guiados por esa misma belleza, continuaremos honrando su memoria con nuestra más profunda devoción.

Gracias, Sr. Valentino.
Maison Valentino