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Mujeres vestidas por mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital pionero de América Latina fundado en 2006 por la periodista Lorena Pérez, enfocado en analizar la relación entre el estilo, la cultura, el arte y la sociedad ¡Bienvenidos!
Editor Invitado
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Oasis viste a la moda

 



Mientras esperamos sus shows en Buenos Aires, Oasis vuelve a marcar tendencia. La banda británica reactiva una estética inconfundible que mezcla fútbol, música y moda, con parkas, zapatillas y colaboraciones de alto perfil. 


Recorro un local de Renner, la cadena brasileña de tiendas de ropa, y encuentro una remera que no está nada mal, con el logo de Oasis, la más emblemática banda británica de rock que definió buena parte de los años 90. 

El furor por el regreso de los hermanos Gallagher es un hecho: llegó a todas partes. Y, como toda onda expansiva, el fenómeno no podía pasar desapercibido en el universo del vestir. 

Las alianzas con marcas son innumerables: Adidas, Umbro, Puma, Burberry, Levi’s. El estilo de los Gallagher es reconocible a simple vista: parkas, sombreros pescadores, remeras, prendas deportivas, lentes redondos a lo Lennon, cortes de pelo con aire beatle… Algunos de sus sellos más característicos. 


Una imagen que no resulta difícil de imitar, en parte porque bebe del fútbol y de la escena casual británica de los 90, muy vinculada a la clase obrera y a la cultura de los estadios. Oasis siempre mantuvo esa identidad, reflejando las raíces populares que marcaron tanto su música como su estilo. 
 

Es conocido el fanatismo de los Gallagher por el Manchester City. Días después del anuncio del regreso de la banda, y en conmemoración de los 30 años de Definitely Maybe, Noel colaboró con Puma en una línea llamada Definitely City, lanzada en septiembre de 2024. Todas las piezas seguían la estética y la paleta de colores del disco. Poco después, Levi’s también recuperó esa referencia para una campaña, subiéndose a la ola. 

Es imposible no sentir un destello nostálgico al recordar la era de Cool Britannia, que desde este rincón del mundo conocimos a través de revistas y algo de MTV. Una época que, en tiempos de redes sociales, parece no terminar nunca, como la célebre foto de Kate Moss y Noel: de fiesta, divertidos, a punto de encender unos cigarrillos, suspendidos en un instante que respira juventud e irreverencia. 


Vayamos a Liam, el que se planta frente al micrófono con las manos detrás de la espalda. ¿Qué está usando? Probablemente una parka de Stone Island. Hizo de esa prenda un ícono. En sus últimas presentaciones también ha recurrido a otras firmas. Incluso fundó Pretty Green, su propia etiqueta de indumentaria. Sobre el escenario la lleva con soltura, coronado por su pandereta, como una aureola angelical. Además de estilo, tiene algo de deidad. Burberry capitalizó ese magnetismo y lo convirtió en el rostro de su campaña primavera-verano 2025, junto a sus hijos: Lennon, Molly y Gene Gallagher. 


Volvamos a la ropa deportiva. Inspirada esta vez en Liam, Umbro lanzó en abril una colección especial basada en el buzo que él mismo vistió durante el histórico concierto en Maine Road, en 1996. Esta propuesta recupera esa pieza legendaria y la expande con ítems complementarios. 

Pasemos ahora a las tres tiras. Adidas x Oasis es “el” objeto de deseo. La cápsula tuvo gran recepción entre los fans europeos que asisten a los recitales. En los 90, los conjuntos deportivos y las zapatillas eran parte esencial de un look típicamente británico, que —como ya mencionamos— tiene raíces en las tribunas futboleras del Reino Unido y se convirtió en emblema visual del grupo. 

Acaso esta colaboración haya existido desde siempre, como sugiere el clip de la campaña, en sintonía con el himno Live Forever: 


El vínculo entre Oasis y la moda es innegable. Puedo imaginar que miles de personas se toparán con algún souvenir sucedáneo de estas colecciones en las inmediaciones del estadio de River, el próximo 15 y 16 de noviembre, en Buenos Aires.

Mujeres vestidas por mujeres: Agustina Suásquita en la 78ª edición del Festival de Cannes, por Valentina Schuchner

 


 Por Valentina Schuchner | Diseñadora


El vestido no buscaba brillo, sino presencia. 
Trazar esa silueta fue como dirigir un plano: encuadrar la fuerza, contener la emoción, insinuar el misterio. Cada prueba fue un ensayo. 
 
Agustina Suásquita en la 78ª edición del Festival de Cannes, sueño cumplido. 



Este vestido fue pensado como una aparición. No solo una prenda, sino un momento cinematográfico. En blanco y negro —como el cine que soñamos—, con la sobriedad de la vieja escuela y la tensión de lo contemporáneo. La silueta evoca la grandeza de una época dorada, pero con una estructura moderna que lo convierte en armadura y manifiesto. Un corset sin costuras visibles, como una piel contenida. Como si la silueta emergiera de un trazo nítido. Por encima, una solapa irregular —casi un gesto sastrero— irrumpe con elegancia— sugiere el cruce entre lo masculino y lo femenino. Todo es contraste, pero también continuidad. Porque Cannes no es solo una alfombra: es una cápsula del tiempo. Y en ese lugar, tan lejano y a la vez tan íntimo para quien ama el cine, Agustina se presenta desde Argentina, llevando en el cuerpo una pieza que no grita patria pero lleva su pulso. El rigor de lo hecho a mano. La poesía de lo simple. Este vestido no busca impresionar por exceso. Su belleza está en la medida. En el silencio que impone. 


El estilismo estuvo a cargo de Luli GemelliVero Luna se ocupó del maquillaje para Lancome y el pelo para Kerastase.


¿Cuántos mundos se pueden crear con la ropa? El diseño conceptual y sustentable de Anaclara Lijó Losinno

 

Por Candela Abril Rodríguez | Editora ¡Una pizca de azúcar! 

La diseñadora Anaclara Lijó Losinno presentó Plata, su primera colección cápsula, el martes 3 de diciembre en el marco de la muestra final de BA Creativa Moda, organizada por la Dirección General de Industrias Creativas del Ministerio de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con la exhibición en el Salón Dorado de la Legislatura porteña como excusa, conversó con Bloc de Moda una de las diseñadoras jóvenes que, con mucho esfuerzo, nos representan a nivel nacional e internacional. 
 

Anaclara es sumamente patriota. Siempre está con la escarapela puesta –si es de las que confecciona ella, mejor– y aprovecha eventos importantes para usar los diseños de su marca homónima, a través de la cual intenta generar nuevas narrativas sobre Argentina. Si hubiera que armar una acotada línea de tiempo, su aprendizaje se dio más o menos así: cuando era pequeña aprendió técnicas como el crochet, el bordado o el tejido a dos aguas, en sus tardes de veraneo en San Andrés de Giles; después, estudió Diseño de Indumentaria en la UBA y Adiaphora, su tesis realizada con otras dos colegas, fue elegida para desfilar en un evento de moda sustentable patrocinado por la provincia de Neuquén en 2022. Al año siguiente, tuvo la posibilidad de representar al país en Nueva Zelanda con ese mismo proyecto.
 
Adiaphora es un muy conceptual trabajo de tesis –ganador del People’s Choice Awards 2023 de iD Dunedin Fashion– que condensa elementos de un futuro distópico, la metamorfosis del ser humano con la flora y la fauna de un mundo post-apocalíptico, todo manifestado a través de asimetrías, detalles con forma de grandes alas de mariposa o pétalos de flores y unas interesantísimas camperas tipo mochila –con arnés– que tienen continuidad en sus trabajos posteriores –y anteriores también, como en Chasing Rainbows–. El nombre del proyecto significa algo así como “indiferencia hacia la vida”, y es una exquisita mezcla de rubros entre lo urbano y lo nocturno, con un potente tinte criollo y una irreverencia propia del diseño independiente. Según Anaclara, este mundo post-apocalíptico es también paradisíaco, porque representa lo positivo que viene después de la destrucción de la tierra en manos de los humanos y sus aberrantes prácticas. Una asociación libre: la alegórica mariposa podría ser pensada como un elemento clave, debido a su posibilidad de metamorfosis, de renacer como algo más puro que su estadio anterior. Las flores, las mariposas y las mutaciones genéticas, se logran a través de la silicona como material no convencional, la organza, las hibridaciones desde la textura y la morfología, y la combinación del color en una gama que va desde el lila y el rosa, hasta toques en naranja y la preponderancia del B&W. La madre tierra recobra lo que siempre le perteneció, y lo hace deshaciéndose de los humanos. 
 

Pero hablemos de Plata. Ese es el nombre de la colección cápsula que la llevó a ser finalista de BA Creativa en la categoría Moda. El evento, que tuvo lugar en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña, fue el cierre de un concurso que reconoce y premia a diseñadores emergentes, entre ellos, Anaclara Lijó Losinno. Con Plata, se aleja un poco de la abstracción y del universo fantástico de Adiaphora –más vinculado con los primeros trabajos de experimentación artística de un diseñador–, para bajar a tierra –más precisamente, a nuestras tierras– y mostrar un lado más serio y comprometido con algo bien tangible: la situación actual de Argentina, con todo lo que esto conlleva. En ambos proyectos se trabaja fuertemente con referencias espaciotemporales. Si Adiaphora nos permitió viajar hasta el fin de la humanidad y de la tierra como la conocemos; Plata, la nueva línea de prêt-à-couture de Lijó Losinno, nos transporta al siglo XIX y propone la fantasía de una Argentina de nuestro siglo, menos convulsa y con más acuerdos respecto del aspecto político-económico, pero también del cultural. 
 

“A través de Plata transmito mi creencia de que no debemos centrarnos solamente en las diferencias, sino en la búsqueda de la unión de los argentinos”, le contó Anaclara Lijó Losinno a Bloc de Moda. “Con esta colección hago el traspaso al período de la independencia porque fue un momento en que esto sucedió, ya que en 1810 nos plantamos todos con la idea de que lo que nos une es que somos argentinos que buscan la independencia y quieren salir adelante como país”, agregó. Esta línea de pensamiento es sumamente visible en su trabajo. Anaclara dice con la palabra, como lo hizo en su charla inaugural en la presentación de su colección cápsula en el Museo Nacional de la Historia del Traje, en el marco del ciclo Efímeras. Pero también dice mientras crea mapas con retazos recuperados de vestidos de novia y los une con hilos plateados, para las capas de tres metros o las faldas drapeadas que confecciona. Su aporte, como el de muchos otros diseñadores, tiene que ver con fomentar la unión de los argentinos a través de la indumentaria. “Cuando me recibí tomé un juramento por la patria, para defenderla y unir, no para basarnos únicamente en nuestras diferencias, menos aún en las político-partidarias”, dijo quien también fue abanderada de la UBA. 
 

Si hay algo que atraviesa todo el trabajo periodístico de Bloc de Moda, es exactamente eso: la importancia de la moda como sistema y su poder de decir, de contarnos, de unir y desunir, de estratificar, de mostrar aspectos obvios y formales, pero también de desnudar la psique –gustos, pasiones, intereses, formas de pensar y de mostrarse frente al mundo–. Otra preocupación de BdM tiene que ver con las maneras de hacer de este sistema. La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta y el diseño sustentable aparece hoy, no como una simple alternativa, sino como una imperante necesidad. Todos los trabajos de Anaclara, articulados bajo su marca homónima, son realizados con descartes textiles. “Busco trabajar con materiales que sean lo más sustentables posible”, afirmó Lijó. “Hago piezas con materiales nobles como cien por ciento seda y lana, o con remanentes de la industria y, por supuesto, con nuestros propios descartes”, añadió. El aspecto sustentable va desde lo más pequeño, como los pines de mariposa que fabrica en una amplia gama de colores; hasta lo más grande, como la moldería de corsés históricos, piezas clave para la colección y para ilustrar los usos y costumbres de la época que representan. 
 

Lo urbano, además de vislumbrarse en las siluetas, se ve rápidamente en las camperas puffer y en las faldas utilitarias. Curiosamente, algo de este estilo ya se usaba en el período de la independencia: las chaquetas cortas y de manga larga llamadas Spencer, tienen incidencia en la moda aún hoy. Las prendas al estilo regency, con sus vestidos finos de muselina ajustados debajo del busto y con caída recta, tienen la vuelta de tuerca de Anaclara, que las lleva al rubro deportivo con campera puffer y short tiro alto para cerrar el conjunto. El vestido Josefina, hecho con gasa liverpool y con hilos foil de un metalizado color plata –siempre plata– para los detalles, tiene el corte imperio y todo el simbolismo de la Revolución Francesa. La moda francesa de la revolución de 1789 marcó fuertemente la de la Revolución de Mayo aquí, en Argentina. “Durante la Revolución Francesa y ante el exceso de gastos de la nobleza que empobrecía al pueblo con impuestos, se comenzó a utilizar la muselina como forma de manifestar desacuerdo”, aseguró Anaclara. “Fue ese espíritu de libertad, igualdad y fraternidad el que inspiró, no sólo a nuestros próceres para la revolución, sino también la indumentaria de las mujeres rioplatenses”, agregó. En la conexión entre Francia, Argentina y sus respectivas revoluciones, se plantea otro viaje espacio-temporal. Un pasaje entre el excesivo rococó con sus extravagantes peinados, corsés, miriñaques, adornos y más adornos, y la posterior revolución en el vestir con sus austeros vestidos de muselina con los que el pueblo pasaba frío. La moda representa, entonces –y como poco–, posturas políticas y posiciones societales. 
 

Cómo reenamorarse de la Argentina
Si existiera una pregunta que pudiera articular el objetivo de la diseñadora con esta colección, sería la siguiente: ¿cómo reenamorarnos de la Argentina? En el camino de la independencia –entre 1810 y 1816–, personas diametralmente diferentes, tanto en sus ideologías como en sus respectivas situaciones socioeconómicas y hasta en sus formas de vestir, se unieron con el objetivo común de ser un país independiente. La idea de Plata nace en medio de las últimas elecciones de 2023, entre desánimos y todo lo que vino después. “Desde mi lugar como diseñadora, quiero hablar de este período y traer una forma de reenamorarnos de nuestro país, de nuestra cultura, que tan rica es”, sostuvo Lijó Losinno. 
 
Como las referencias históricas de Plata son inagotables, cuanto uno más se detiene a ver las prendas, más encuentra. Si se mira bien de cerca, hasta se puede ver a las damas patricias que donaron sus joyas para que el ejército de San Martín, que estaba a punto de partir, pudiera comprar ponchos y comida para el viaje. O el momento en que estas tomaron sus propias ropas y abanicos, y les descosieron los abalorios para ponerlos en la bandera del Ejército de los Andes. Hay algo muy significativo en estas acciones: lo de uno también es de la patria y desde el lugar en que se esté, algo se puede aportar en esta (re) construcción de sentido y de un país. 
 

Anaclara está en los detalles y sustenta su propuesta con un análisis profundo de la historia de nuestro país. Propone esta construcción del hermanamiento entre argentinos mediante telas unidas por hilos plateados, agregando una capa más de significado. Plata, siempre plata: este nuevo significado tiene que ver con la palabra argentum, plata en latín. “La identidad de nuestro país tiene una historia de mitos muy interesante sobre la plata, como la leyenda del Rey Blanco –señaló la diseñadora graduada con honores–. Los españoles creían que si entraban por el Río de la Plata iban a encontrar una mina gigante de plata y se volverían ricos, e incluso muchas expediciones desde España se desviaban de su camino hacia la India para venir a América por el afán de encontrar esta mina. Entonces, hablo de la plata como mineral, como bien de intercambio y como elemento cargado de sentido, y la misma colección tiene eso de la codicia impuesta por un externo”
 
Plata, argentum, Argentina, todo unido por un hilo plateado. Lijó Losinno traza conexiones entre argentinos hermanados en su universo de ropas. Y, también, analogías: el proceso de construcción a partir de textiles y el proceso de construcción de nuestro país se cuenta en forma de íconos y emblemas. En las flores bordadas sobre las finas prendas blancas de su colección, aparece la inspiración que le dieron las mantillas utilizadas por las mujeres en 1810. En algunas de las piezas –como en las chaquetas o capas– pueden encontrarse partes del himno, el escudo de Argentina y hasta laureles bordados. Todo distribuido muy cuidadosamente, como puntos en este mapa del viaje espaciotemporal entre la Argentina de 1810 y la de hoy, hasta entre Argentina y Francia. Puntos plausibles de ser conectados y listos para las diferentes lecturas que quien mira detenidamente les puede dar. “Uno de mis objetivos con Plata es traer una parte de la verdad del país al imaginario colectivo”, dijo Anaclara. 
 

De alguna manera, todos los trabajos de la diseñadora hablan, en algún punto, de lo mismo. En sus primeros trabajos prácticos, como Chasing Rainbows o The Horse Problem, ya estaba presente la inquietud por las asimetrías y la exploración a través del color. Adiaphora, la tesis de Anaclara Lijó Losinno, explora una temática fantástica mediante el uso de esas mismas asimetrías y hasta iconografía que ya era popular en la Época Clásica –como la mariposa, tan utilizada en el arte funerario–. Plata es la consolidación de los elementos recurrentes en el diseño de Anaclara, pero con un aire más serio, más ceremonial. Aires de boda. “Pienso a Plata como una boda por varios motivos –sostuvo la creadora de la colección–. Primero, porque realicé gran parte de las piezas de la cápsula con retazos de vestidos de novia que rescaté de los descartes de un atelier en el que trabajé. Segundo, porque cuando viajé a Nueva Zelanda a defender Adiaphora frente al jurado de la competencia, vi el trabajo de una diseñadora que les ponía vestidos de novia bien británicos a modelos maoríes, generando un contraste espectacular entre culturas. Y eso me hizo reflexionar sobre cómo en Argentina esto no sucede exactamente así, al menos no entre dos culturas marcadas, sino que somos millones de pedacitos de distintos universos que se unen para formar uno mayor”. En esa línea, muy de la dialéctica hegeliana, la síntesis sería un país en el que se tenga en consideración cada uno de esos pedacitos de historia, de cultura. 
 

Si hubiera tres estadios posibles, tal como los actos del teatro clásico, para contar la historia de nuestro país, hoy estaríamos en el nudo. En un limbo. ¿Es posible llegar a ese post-apocalipsis paradisíaco –como el de Adiaphora– y no morir en el intento? ¿Cómo podemos tomar lo mejor del ayer para replicarlo en el hoy? La experiencia de rever nuestra historia, incluso una que parece tan distante como la del período de 1810-1816, nos permite tomar ideas, elementos que podrían ayudarnos a juntar esos pedacitos. Unir con un hilo de plata esos puntos que parecen estar diseminados por doquier. 
 
Una idea optimista –¿otra asociación libre?–: quién sabe, tal vez al unir esas partes –y al unirnos– más allá de las diferencias aparentes, podamos llegar a la síntesis tan esperada. A un estadio superador donde reine el respeto, donde la preservación de la cultura, la memoria y la(s) historia(s) del país, sea una prioridad. Una Argentina que, en lugar de pensarse desde el lugar periférico otorgado por la mirada externa y lejos de ser un país para unos pocos, funcione, en palabras de Anaclara Lijó Losinno, como “la integración e inclusión de cada pequeña parte de la cultura, que deviene en un nuevo universo colectivo llamado nación argentina”.

Imágenes gentileza Anaclara pertenecientes a las colecciones Plata y Adiaphora

La moda como espacio para disputas y fantasías

  Por Candela Abril Rodríguez | Editora ¡Una pizca de azúcar! 

Ediciones Ampersand realiza, desde hace cinco años, una actividad dedicada a establecer una conversación acerca de su colección de moda dirigida por Marcelo Marino, única en el país. Las primeras Jornadas de Moda de la editorial fueron sobre Periodismo de Moda y tuvieron lugar en 2019, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires –MALBA–. Las segundas, sobre moda argentina, se llevaron adelante en 2023, en el Museo Nacional de Arte Decorativo –MNAD–. La última edición, del 16 y 17 de octubre, repitió locación, pero no el eje articulador de las charlas. Libertad, palabra que hoy funciona como un significante vacío en que cualquiera deposita el significado que desea. Esa misma palabra es la que ordenó las terceras Jornadas de Moda de la editorial, en colaboración con L’Officiel. Además, cada uno de los expositores manifestó a su manera –y desde sus respectivas disciplinas– en las charlas, una fuerte preocupación por el ataque directo a la cultura y a la moda, mediante el cierre del Museo Nacional de la Historia del Traje
 
“La libertad en discusión” fue el tema de las jornadas. Y, aunque no parezca casualidad el hecho de que, en un momento tan crudo para hablar de libertades, Ampersand lo eligiera; lo cierto es que, un poco, lo fue. La editorial había pensado analizar esta palabra antes de que, como resultado de un profundo cambio y trastocamiento del imaginario respecto de los elementos fundantes –como el orgullo por la educación y la salud pública, y la cultura que nos enaltece a nivel internacional, por mencionar algún ejemplo– de una sociedad argentina que, con ciertas inquietudes sin resolver y una propuesta proveniente del poder político que se decía novedosa y superadora, se pusiera en discusión su verdadero significado. Debates que parecían estar saldados, en realidad no lo están. Palabras que creíamos que se encontraban lo suficientemente integradas en la memoria colectiva de los argentinos, de repente tienen significados increíblemente volátiles y fácilmente intercambiables. Entonces, parece casi obra del destino el hecho de que la discusión discurriera en torno a esta palabra, pese a que la editorial Ampersand la propuso como eje de las charlas previo al año que corre. 


Pero ¿por qué importa tanto conversar acerca de la libertad? ¿Por qué resulta necesario debatir y llegar a un acuerdo respecto de cuestiones que, hace no tanto tiempo, pensábamos que estaban resueltas? Estas inquietudes reinaron en las Jornadas de Moda 2024. Un brevísimo repaso de lo que está sucediendo hoy en Argentina, podría verse más o menos así: desfinanciamiento de las universidades públicas, cierre de espacios clave para la producción de cultura y censura a las opiniones disidentes. Todo esto en una época de trolls en que la discusión respetuosa y consciente parece no encontrar lugar para siquiera nacer. Menos aún, para prosperar. Una época en que el poder, abyecto, mezquino y egoísta, tiene más fuerza que nunca, porque los mismos ciudadanos, en una rencorosa rivalidad y con una aparentemente infinita falta de empatía, le allanamos el camino para que así sea. Pero donde hay poder, hay resistencia. El diálogo que se generó los días 16 y 17 de octubre en el MALBA da cuenta de esto. 
 
En este complejo entramado, la moda no es para nada ajena. Atraviesa nuestras vidas, en tanto que seres humanos que se visten, en el marco de un sistema al que no se le escapa ninguno de nuestros movimientos. Alcanza, desde aquellos amantes de la moda en sus elecciones estilísticas, hasta a quienes reniegan de la misma y rehúsan participar del circuito, alegando ir contracorriente. Sorpresa: la moda como sistema nos incluye a todos, queramos o no, y dice mucho de nosotros. Puede contar cómo es nuestra personalidad o cuál es nuestro nivel socioeconómico, como poco. 


En un mundo en que la moda cumple un rol tan fundamental –¿acaso no vivimos en una sociedad de gente vestida?–, y en un contexto en que quienes llevan la batuta del país quieren hacernos creer que no sirve de nada estudiarla, la resistencia reside en que estos espacios de debate, que son vitales, den lucha, existan de todas formas y a como dé lugar. 

 
La moda, lejos de ser banal o de carecer de importancia, tiene que ver con la creatividad inherente al ser humano. En ese sentido, la socióloga Daniela Lucena, quien participó en la segunda mesa del miércoles 16, dijo algo así: “La creatividad debe ser vista como un espacio para trastocar lo dado, para poner a disposición otras versiones de la realidad”. Como propusieron Camila Milessi y Emiliano Blanco de Kostüme en la misma charla, esta creatividad se activa en el uso del espacio público, en las universidades –los diseñadores fueron alumnos de la UBA–, en el recorrer la calle. Como ciudadanos, al contrario de la bastante popular y contemporánea opinión que dictamina que no debemos involucrarnos en política, tenemos el deber de encargarnos de los asuntos de la polis –‘politiká’ como ‘asuntos de las ciudades’–. La transformación y la mejora de nuestras condiciones de vida en sociedad, surgen en la forma de la resistencia a estos poderes que nos constriñen. 
 
¿Nos están robando esta posibilidad, esencial para el ser humano, de ser creativos? ¿Estamos siendo privados de ser partícipes, consumidores y productores de la cultura viva que siempre debimos defender? El segundo día de las Jornadas de Moda se desarrolló en una biblioteca llena y con una mesa compuesta por sociólogas, periodistas e influenciadoras de moda. A quienes asistimos nos recibió la siguiente imagen: carteles pintados a mano con frases como “No al cierre del Museo del Traje” y “Yo apoyo al Museo del Traje”. De nuevo, el elemento político del que es imposible escapar. Incluso para los que se autoproclaman ‘apolíticos’, cualidad imposible de conseguir –¿acaso no tomamos una posición, incluso cuando negamos rotundamente hacerlo?–. La toma de posición y la exposición de la opinión –formada– frente a un otro –en este caso, frente a una sala llena–, es todo un acontecimiento en una época en que, casi como si hubiéramos retrocedido 40 años, se corre el riesgo de ser silenciado y, en el mejor de los casos, sólo eso. Los oradores, tanto de la primera fecha como de la segunda, decidieron correr el riesgo. 

“La importancia del afuera es que nos fuerza a pensar y el cierre de un museo nos fuerza a pensar, a ponernos en movimiento, tanto en el pensamiento como en la acción”, dijo la socióloga Gisela Laboureau. 


Contestataria, redobló la apuesta de Spinoza, quien se pregunta por lo que puede un cuerpo, y pensó en lo que puede un cuerpo vestido; y, más aún, un cuerpo vestido a la moda. ¿Dicen algo nuestros cuerpos? Sí, ¿pero qué? Según Laboureau, nuestros cuerpos hablan, aunque no vengan de la palabra hablada. Entonces, resulta esencial preguntarse qué tienen para decirnos. “Las preguntas que podemos hacerle a nuestro cuerpo vestido conforman un glosario del cuerpo”, sostuvo la socióloga. A través de nuestros cuerpos vestidos, mediante las creaciones de la moda, podemos conocer nuestra cultura. Aquí se vislumbran varios caminos posibles: hay un lugar para la coacción, otro para el disciplinamiento de los cuerpos y para la distinción social. Pero también hay un lugar especialmente reservado para la fantasía. Siguiendo la idea de la socióloga que expuso en la biblioteca del museo, la moda –además de funcionar como lenguaje– es una fantasía portátil cargada de valor afectivo y simbólico que, como si lo anterior fuese poco, representa un lugar donde la resistencia se permite ser. 
 

En el hecho artístico y cultural en general, y en la escritura, la investigación, el diseño y el estudio de la moda en particular, hay un dislocamiento de las relaciones de poder y, también, un espacio para respirar. En esos actos hay una resistencia al omnipresente poder que se esconde silenciosamente –aunque hoy parezca hacer más ruido que nunca– en las rendijas de la sociedad y ataca sin remordimiento alguno. “La cultura está viva porque diseñamos, pensamos para nuestros congéneres y nuestras situaciones, pero todo eso lo hacemos, comunicamos y compartimos todos los días –dijo Camila Milessi, diseñadora de Kostüme–. Le ponemos la vida a esto, así que no demos por sentado nada, porque es muy fácil destruir. Entonces, tenemos que hacer que las cosas duren, que crezcan y que la gente tenga esperanzas para hacer más”. Además, Milessi plantó una potente reflexión en las cabezas de quienes estábamos allí: “Si todo es tan fácil y de un día para el otro lo construido deja de existir, pierde sentido. Y si deja de existir, lo vamos a volver a hacer”. 
 
Del encuentro organizado por Ediciones Ampersand, podrían surgir algunas reflexiones –o, al menos, ¿una suerte de moraleja?– y algunas líneas de acción. Ahora, nos toca continuar con la tarea de cuidar y mantener viva a la cultura. No podemos dar por hechas las cosas que supimos conquistar –llámense derechos o museos–, porque estas no son indisolubles. Hoy están, pero mañana podrían desaparecer. Es un deber ciudadano ejercitar el pensamiento crítico, el debate y la memoria. “Tener una mirada crítica sobre un mundo que nunca es el único posible”, dijo el diseñador Pablo Ramírez en la mesa en que participó junto con Camila Milessi. También, resulta una obligación el posicionarse y actuar frente a los ataques que, con tan poca vergüenza, lanzan las esferas que más poder tienen para marcar el rumbo de nuestras vidas. Nuestras historias y nuestros destinos. Pero no el destino de los individuos, sino de una nación entera –porque nos desempeñamos individual y colectivamente, en un contexto del que no es posible escapar–. En medio de embestidas sin precedente a todo sector que no represente una ganancia instantánea para el Estado –desde luego, en forma de dinero y no de capital cultural, simbólico o de cualquier otro tipo–, es necesario ejercer la mirada crítica y fomentar los espacios de debate respetuoso para generar nuevos acuerdos que resistan a los diferentes poderes de turno. Y mantener la fantasía. La fantasía como terreno fértil para la resistencia que debemos dar.

La moda Primavera Verano 2025 según Jorge Rey

El poder del juego en la moda 

 Por Candela Abril Rodríguez | Editora ¡Una pizca de azúcar! 

Con un nivel de dramatismo estratosférico, Jorge Rey presentó su colección Expresionarte, compuesta por más de 50 looks, en un Hipódromo de Palermo reservado sólo para él y sus invitados. Los tres –o incluso más– actos que combinaron música en vivo, actuación y una mega puesta audiovisual, dieron como resultado un espectáculo inolvidable que tocó temáticas como el amor y la venganza. 
 

Los modelos no caminaban, bailaban al son de la música en vivo mientras, dándole una vuelta de tuerca a lo establecido para las catwalks, lucían las prendas de autor. Lo lúdico, la expresión sin temor al qué dirán, el retorno al juego y a la niñez, son temas recurrentes en el trabajo del joven diseñador argentino. Bajo el concepto de dejar de preocuparse por impresionar a un otro y comenzar a prestar más atención a la creación de la identidad propia a través de la ropa, Jorge Rey cambió la palabra impresionar por expresionar. Este neologismo funciona a la perfección para describir lo que sucedió el jueves 10 de octubre, en el Hipódromo de Palermo. Más que un desfile, fue todo un show. La iluminación, juguetona y colorida, por momentos –y por otros no– permitía ver a los modelos que, con sus mejores capacidades actorales, pasaban llorando, riendo, saltando o haciendo de cuenta que buscaban a alguien. 
 
Primavera Verano 2025 de Jorge Rey "Expresionarte" | ph Candela Rodrígez

La palabra desfile le queda corta al espectáculo que montó Jorge Rey junto con su multitudinario equipo. Sin los maquilladores y estilistas, los modelos, los técnicos audiovisuales y el resto del staff, no hubiera sido posible realizar semejante despliegue para más de 800 invitados. 

Muy puntual, la proyección de un corto ideado e interpretado por el diseñador, inauguró el show a las 20. Al terminar, apareció Rey en un coche negro clásico que estacionó justo delante de los espectadores de la front row. Enfundado en un conjunto rígido y fucsia metalizado, con cintos que cruzaban en forma de equis por su pecho y con su característico peinado de bucles y media cola, presentó el primer acto de una historia de amor y venganza, con el renacer y el redescubrimiento como cierre épico. 
 

En los looks de la primera pasada preponderaron el blanco, los velos de novia, el encaje y los volados. A medida que avanzaba el desfile, las modelos comenzaron a aparecer con vestidos y accesorios aún más interesantes e irreverentes: bolsos de perrito faldero –no solo con la forma del animal, sino, literalmente, peludos idénticos a un caniche– y vestidos con flecos y pedrería, de una silueta recta similar a la de las flappers de los 20. Un momento dedicado a un baile grupal de las modelos que los vestían, recuerda a los espectáculos del mítico Moulin Rouge. 
 
Luego, un segundo acto para representar la venganza. La cantante y amiga del diseñador, Belén Khoury, interpretó Oasis –una de sus canciones– vistiendo un outfit con cadenas que la atravesaban, la constreñían y explicaban su mirada triste, mientras estaba recostada sobre la gran alfombra roja. Toda una escena, desde luego. La música, que momentos antes era pura alegría, se tornó triste y lenta. Las luces blancas y rojas se tiñeron de azul, verde y violeta. 


Las prendas eran, en su mayoría, negras. El ambiente se volvió denso y se creó tensión en el público, expectante ante el evidente cambio de rumbo en la historia. De repente, la música se transformó en Lay all your love on me, de ABBA. Comienza el renacer: nuevas siluetas, estampados a lunares, hombreras, mangas globo, transparencias, plisados, texturas y más color. Mucho más color. Se escuchan los suspiros de los invitados al ver a un modelo con un traje de dos piezas color plateado, con capucha y hombreras estilo puffer. Causa revuelo un vestido blanco y negro estilo Vivienne Westwood, con muchas capas arremangadas en el frente –como aquellos que se usaban hacia el 1700–, tartán para el motivo, faja que hace de corsé y detalles en rojo que cierran con moño el look. En medio de todo esto, sonó Bad Romance de Lady Gaga, en un lapso que recordó a Plato's Atlantis, el último show de Lee Alexander McQueen
 

El final de esta historia, marcada por un hilo conductor en que prevalecieron la tensión y la venganza pero también el juego, fue feliz. Jorge Rey, quien demostró poder, no sólo diseñar vestidos de alta costura y accesorios que quitan el aliento, sino también actuar, cantar, idear e interpretar videoclips musicales con fuertes plots que no tienen nada que envidiarle a aquellos que veíamos por tv en su momento más popular –como los que hacía Lady Gaga en 2010, momento de clímax para la música en YouTube–, apareció justo después de la última pasada de sus más de 50 musas, para impresionar. Bueno, impresionar no. Más bien expresionar. Si en la presentación de su cápsula Primavera Verano 24/25 en Colón Fábrica, en el marco de la Argentina Fashion Week, llegó en patines; en este show que tuvo para él solo en el gran predio del hipódromo, redobló la apuesta y se exhibió en un hermoso auto antiguo, cual miembro de la realeza en su carruaje. 

¿Con qué nos sorprenderá la próxima el diseñador que llegó para romper las reglas del juego de la moda argentina?

Imágenes: Gentileza Jorge Rey

Las nuevas manifestaciones de Marta Minujín: una colección de overoles


  Por Candela Abril Rodríguez | Editora ¡Una pizca de azúcar! 

Marta Minujín hizo y hace de todo. Técnica mixta, fotografía, dibujo, pintura, escultura, instalaciones varias, performance y happening. Hasta comunicó con tierra. ¿Qué faltaría mencionar? ¿Un obelisco de pan dulce o un lobo marino gigante, vestido con envoltorios de alfajor? ¿Un partenón de libros prohibidos? O, tal vez, ¿un Gardel prendido fuego? Lo nuevo de la artista: una colección de edición limitada de overoles, pañuelos y fulares. Bloc de Moda estuvo presente en el lanzamiento de esta exclusiva cápsula de indumentaria, hecha en colaboración con SUDESTADA, un estudio artístico argentino con base en Nueva York. 
 

El overol, prenda identitaria para la artista pop, era lo que su familia confeccionaba en Casa Minujín, antigua fábrica de ropa de trabajo. Luego de pasar por un primer período en que lo matérico, gris y existencialista marcó su vida y su arte; en los 60, Minujín comenzó a explorar el color y la forma. Este cambio se vió, también, en su forma de vestir. Uno de los sastres que trabajaba para su abuelo en Casa Minujín, realizó el primer mameluco colorido que Marta utilizó en el vernissage de “Simultaneidad en Simultaneidad”, en 1966. Dorado y de construcción liviana. Ahora sí, mucho más representativo de su nuevos ideales. Desde entonces, colecciona overoles. Unos para el día, otros para la noche. Esta prenda es esencial en el armario de la artista y constituye su uniforme. Podría decirse que es una vuelta a sus raíces: una revalorización de la fábrica familiar de prendas de trabajo que, pese a haber cerrado, devino taller/estudio de Minujín. 
 

Es difícil encasillar a Marta Minujín, reducirla a un único estilo, a una sola manera de hacer. En el caserón de San Cristóbal hay tantas obras, tan distintas entre sí, que su autoría podría ser de diferentes personas. Las esculturas de bronce, hierro y yeso que descansan en una de las paredes del estudio y que se extienden hasta el alto techo de la primera planta, no se parecen para nada a las esculturas blandas, hechas con goma espuma y telas de colchón flúo, que se encuentran empotradas en otra de las paredes. Sin mencionar que, de ahí, pasamos a otro tipo esculturas gigantes que, por su tamaño, no entrarían jamás en el taller –aunque no se pone en duda que la artista, con sus extravagantes ideas, podría llegar a figurarse cómo hacerlas caber–. 

El arte de Minujín es arte para usar. La relación artista-arte-espectador se ve modificada. El espectador se emancipa: ahora es espectador, usuario y productor. En la “Galería Blanda” hecha con colchones, que pasó por el Museo de Mar del Plata –entre otros lugares, como el MoMA de New York– y fue donada por Minujín al Museo Emilio Caraffa, en Córdoba; la artista invitó al espectador a formar parte, a entrar, caminar, saltar y recorrer a gusto. O mejor, en sus obras efímeras y colaborativas, la gente puede interactuar y hasta dejar un pedacito de sí en ellas. Este es el caso de la “Torre de Babel”, compuesta por libros donados por el público; o la reciente “Escultura de los Sueños”, que fue colocada en las afueras del CCK y pensada para que el espectador entrara y pidiera un deseo, envuelto por los sonidos de la ciudad. “La idea es que la gente pueda experimentar mi arte, meterse y jugar”, le comentó la artista pop a Bloc de Moda. “Pronto podrán visitar mi nueva obra, el “Big Ben acostado”, una torre en la que podrán entrar y ver una película”, adelantó Minujín. En esa misma línea, en una de sus publicaciones en Instagram sostuvo que su arte está hecho para que todos colaboren en su permanente realización, un proceso en que ella –la artista–, su arte y el espectador se unen “en un mismo plano de creación”. 
 
 
Como consumidores de la obra de Marta Minujín, ya teníamos la posibilidad de participar activamente en sus piezas artísticas –esculturas y espacios efímeros, inflables, colaborativos–. Ahora, se suma otro tipo de arte para usar. Arte para vestir. Su cápsula de edición limitada está compuesta por tres tipos de overoles que llevan los prints –y los nombres– de tres de sus icónicas obras psicodélicas hechas con miles de papelitos de colores. En el primer overol, “Soliloquio de emociones encontradas” (2011/2014), preponderan los colores amarillo, verde y azul, con toques de violeta y naranja. “Volcán metafísico en recorrido de la percepción” (2012/2024) es una explosión de rojo, naranja, verde y amarillo. Por último, “Pandemia” (2020-21/2024) es blanco y negro. Para los gustos, colores. Ah, y se pueden combinar con pañuelos y fulares que van a juego. Todo disponible en el sitio web del estudio artístico multidisciplinario SUDESTADA.

“El valor del diseño latinoamericano está en cómo se revisitan las raíces”

Entrevista con Mena Lombard, docente del Istituto Marangoni Miami

 Por Candela Abril Rodríguez | Editora ¡Una pizca de azúcar! 

En el interín entre su disertación y la presentación de Metamorfosi, la colección que coordinó y presentó en la edición número 63 de Argentina Fashion Week –con el diseño de sus estudiantes–, la diseñadora uruguaya, docente del Istituto Marangoni Miami (IMM) y mano derecha del líder del programa de diseño de moda en IMM, Mario Braghieri, conversó con Bloc de Moda acerca de la creciente importancia de la visión latinoamericana en la moda.

Mena Lombard es de esas personas que, con su sonrisa amplia y su calidez, acaparan la atención. No soy la única esperando para intercambiar unas palabras con ella. Aunque sí soy la única que, al menos ese miércoles de pleno sol en el Hipódromo de Palermo, pudo conversar con ella largo y tendido acerca de cómo los estudiantes latinoamericanos aportan valor al mercado de moda internacional, entre otros asuntos –como la necesidad de oxigenar una institución de más de ochenta años, con la agenda de los más jóvenes–. Un instituto de 89 años –nacido como Istituto Artistico dell’Abbigliamento Marangoni, en 1935–, la joven sede de Miami marcada por la interculturalidad, y estudiantes listos para revisitar sus raíces y ponerlas en favor del diseño.

Entre risas, nos entendimos rápidamente. Mena es accesible y, además de tener un conocimiento profundo y teórico sobre el mundo de la moda, comparte la perspectiva del Istituto Marangoni sobre lo fundamental que es poner el foco en el hands on. Cree fervientemente que el futuro –un futuro brillante y esperanzador que, con suerte, nos incluye a todos– no sólo se idea y proyecta, sino que se construye. ¡Manos a la obra, talentosos jóvenes latinoamericanos!

~Ya sea por las historias de nuestros países como por la mirada del afuera, los latinoamericanos solemos pensarnos desde la periferia. Ahora, resignificamos este lugar que ocupamos (o creemos ocupar) en el mundo. ¿Esto se ve en los trabajos de los estudiantes?

Para comenzar, soy uruguaya, vivo en Miami y enseño en una escuela de diseño italiana. ¿No es una mezcla divina? A mí me encanta ver cómo los estudiantes latinoamericanos, cuando vienen a Miami, transitan un camino de descubrimiento fundamental. Los veo observar y enfocarse en sus raíces, en entender de dónde vienen. Esto pasa porque se los saca de su medio, pero se los pone en una situación en donde se van a desenvolver muy cómodos, debido a que la cultura de Miami no es sólo de Miami, sino que es una combinación de culturas latinoamericanas. Entonces, siempre vas a encontrar cosas que resuenen contigo y con las que te sientas cómodo. Pero, igual, geográficamente estás lejos. Eso hace que la visión creativa sea una visión de mucho descubrimiento, de mucha introspección, conexión y exploración. Todo esto se ve reflejado en las producciones de los jóvenes diseñadores, en cada elección que hacen. Desde el instituto somos conscientes de eso y lo explotamos al máximo.


~¿Cuáles son las particularidades del proceso creativo y de las producciones de los talentos latinos en el Marangoni Miami? 

Hay colecciones que son muy personales y que hablan de las historias de los diseñadores. Todas, de alguna u otra manera, hablan de sus raíces. Como experiencia para el estudiante eso es fantástico y, además, se suma que justo vienen de Latinoamérica. Latinoamérica tiene una cultura muy rica, que es increíble, milenaria y donde hay tanto para encontrar. En cuanto a inspiración, hay muchas historias, mucho conocimiento y manualidad. ¡Hay tanto para traer de nuevo y revitalizarlo! Es esencial el trabajo de retomar cosas que son milenarias o de antaño, pero traerlas con una idea más contemporánea, darles nueva vida. Todo eso, la riqueza y el valor que tiene es incalculable. Entonces, el proceso creativo es muy italiano, ya que sigue toda la metodología Marangoni, pero a su vez también trae, respeta y aprovecha esta situación que se da. Y yo creo que, en ese sentido, los estudiantes latinoamericanos son los que sacan mayor provecho. 

En ese aprender y desaprender que atraviesan al desprenderse de sus tierras, en ese mirar para atrás y en ese extrañar, todos encuentran algo. El valor agregado que diferencia a los diseñadores latinos de los del resto del mundo, está ahí."


~¿Cómo logran los jóvenes diseñadores plasmar estos recorridos tan ricos y marcados por sus culturas en sus colecciones?

Nuestros alumnos tienen un estándar muy alto y eso me encanta, porque cuando uno crea un estándar alto, impulsa a todo el resto a ponerse a tiro, a superarlo. Entonces, me parece que todos nos beneficiamos de eso. Pero, la forma en que se plasman estas trayectorias, es muy personal. La base fundamental es entender quién sos, cómo es tu voz como diseñador. Pero no es sólo tu estilo, sino comprender realmente cuál es tu voz, que es única. Es eso que traes que nadie más tiene. Hay que poder entender esto, poder identificarlo. Una vez que se identifica, se piensa cómo plasmar esa voz. Esto no pasa de la noche a la mañana, lleva mucho trabajo, pero es posible. Lo bueno del desfile Metamorfosi, nuestro primer desfile anual de moda estudiantil, es que te permite ver identidades bien distintas y eso, justamente, lo hace rico. Uno de los ejercicios que siempre proponemos en IMM tiene que ver con esta búsqueda de encontrar la voz propia como diseñador. Dando una consigna simple e igual para todos, obtenemos resultados completamente distintos. Las voces se plasman en la forma en que desarrollan las siluetas, en que se eligen los materiales, en los colores que usan, cómo miran las texturas y cómo las combinan. Lo lindo es que aprenden cómo utilizar todos los elementos del diseño que están a su disposición y los combinan para crear estas piezas que son únicas y que los representan.


~Pero, ¿cómo se llega a esa instancia en que una pieza es realmente única y representativa del diseñador?

A los estudiantes les digo siempre que la pieza los tiene que representar a ellos, tiene que representar su voz. No es un tema de que esté lindo, sino de representar lo que ellos son. Lo mejor que les puede pasar es que alguien vea, no sé, un tapado o un vestido y digan ¡ah! Este es de tal diseñador. Ese es el horizonte. El objetivo es poder definir algo que sea tan claro y tan identificable, que sea evidente y palpable para ellos, pero también para el público.

~¿Qué hay detrás de Metamorfosi? ¿Qué se busca mostrar con este desfile de moda estudiantil?

Buscamos exhibir el talento que pasa por Marangoni y, también, mostrar cómo es que el talento realmente se desarrolla. Es decir, cómo trabajamos y explotamos todo lo que lo que nos llega. El foco de este desfile es la evolución, es el crecimiento, pero un crecimiento que está realmente potenciado. Es un crecimiento, no solo de engordar o de alargarse, sino más bien evolutivo, porque uno pasa a otro nivel. Se trata de eso, y eso es lo que queremos mostrar, lo que nuestros alumnos se llevan cuando salen del instituto. Ellos se llevan esa evolución y ese desarrollo. Los impulsamos y hacemos que vayan al siguiente nivel y, a partir de ahí, ya están listos para volar. Y sabemos que están listos porque se convierten en mariposas y vuelan.

A los estudiantes les digo siempre que la pieza los tiene que representar a ellos, tiene que representar su voz. "


~Podría decirse que el Istituto Marangoni tiene una impronta muy tradicional, propia de la identidad italiana. ¿Cómo se conjuga esa fuerte identidad con los intereses y preocupaciones de los estudiantes respecto de cuestiones como lo ambiental y el género?

Hay una parte que toca el proceso creativo y otra que tiene que ver con la filosofía. La parte tocante al proceso creativo es la narrativa, es decir, la historia que tenés para contar. Por ende, la historia que tenés para contar es el mensaje que estás comunicando. Se enseña que lo que hacen no es sólo un conjunto de prendas, sino looks que cuentan una historia y que envían un mensaje. Esa es la parte que toca el proceso creativo, pero no choca con él. Esto es muy importante porque la concepción de la moda en sí misma, es que funciona como un medio de comunicación. A mis alumnos les digo que sí, somos diseñadores, pero además somos storytellers. Sucede que el lenguaje que usamos son prendas de ropa, pero nosotros contamos historias y, cada historia personal que uno cuenta, por supuesto que está embebida de la historia común que vivimos. Si vos querés saber qué era lo que estaba pasando en los años 20, mirá la moda y te vas a dar cuenta. Si la analizás, ves enseguida lo que está pasando a nivel social, cultural y económico, porque la moda es un reflejo de todo lo que nos pasa. Y ese es el rol que tiene esta herramienta tan poderosa. Marangoni encara la enseñanza desde el hands on, el cuidado del detalle y, también, la historia y tradición que posee. Todo lo que sea idea se tiene que idear de una manera en que se pueda construir. Si bien ese ADN bien italiano que tiene el instituto es fundamental, también nos tomamos muy en serio el hecho de que la moda debe servir para poner en discusión los temas que son relevantes para la sociedad y para los nuevos diseñadores, ahí entra la filosofía que, como storytellers de la moda, debemos respetar e impulsar.

Si la analizás, ves enseguida lo que está pasando a nivel social, cultural y económico, porque la moda es un reflejo de todo lo que nos pasa."


~¿Cuál creés que es el rol de la moda en nuestras sociedades? ¿Para qué nos sirve?

La moda es una plataforma, que tenemos que usar para llevar a la sociedad a que evolucione, a que abra la cabeza y se adapte a nuevas ideas. Tiene un rol fundamental en esa evolución y esa es la misión que tenemos nosotros como parte de ese juego. Parece complicado, pero en realidad es parte del motivo por el cual la moda existe. Estas cuestiones son indisociables y nos las tomamos muy en serio. Jamás vas a encontrar un diseñador que te diga que la moda es superficial, porque no hay nada más íntimo que la moda. No conozco otra industria que sea tan común a tantas millones de personas, ya que nos tenemos que vestir y todos usamos la moda para mostrar quiénes somos y para comunicar cómo queremos ser percibidos. La usamos como coraza, como lenguaje. Es un medio de comunicación fundamental. Uno analiza a una persona, parte de su personalidad y de lo que cree, si presta atención a lo que viste. Es un rol extremadamente importante, es crucial para la vida en sociedad y para la evolución en sociedad. Es en ese sentido que la moda debe ser una plataforma para nosotros, como conjunto de personas, que quieren seguir viviendo en armonía. Tiene que ser esa plataforma que nos lleve hacia adelante.

MODA FEDERAL Y DISEÑO SUSTENTABLE EN Argentina

 Por Candela Abril Rodríguez | Editora ¡Una pizca de azúcar!


La moda se viste de upcycling de la mano de la Asociación Moda Sostenible Argentina –AMSOAR–, en el marco de la Argentina Fashion Week primavera verano 2024 2025. Los retazos, los biomateriales y las fibras naturales son clave para la construcción del mundo que, con suerte y mucho trabajo, veremos cada vez más vigente de aquí en adelante. El descarte, entonces, ya no lo es tanto. “La basura no existe como tal, sino que es el comienzo de una nueva vida”, es la frase que llevaban sellada en sus vestidos quienes recibían a los invitados con chalinas confeccionadas en scrap de textiles, a modo de regalo de bienvenida. 
 

Fueron diez las pasadas que hicieron al encuentro que se desarrolló bajo el concepto de Sostenibilidad Cultural, Triple Impacto y Economía Circular”, y en ellas hubo de todo. Existe la concepción –definitivamente errónea– de que la moda sustentable suele ser demasiado extravagante como para ser ‘usable’ o ‘comprable’. De allí que, si bien desde hace varias décadas se habla de problemáticas ambientales en argentina, recién desde hace una los medios tradicionales y los grandes eventos de moda del país comenzaron a tratarlas con mayor seriedad. Para dimensionar de cuándo data la conversación, podríamos mencionar la Ley General de Ambiente, de 2002; e incluso una con más de un siglo de existencia, la Ley Nacional N° 2.797 –centrada en el cuidado de los ríos–, pionera en la regulación de la temática ambiental en Argentina. 
 

El desfile de AMSOAR, que se llevó adelante dentro del Programa “La moda te cuida”, estuvo compuesto por las presentaciones de Calandrelli, Eli Denegri, MS Indumentaria, Trapeando Arte, Artelanas Crochet, Laura Posada, Lorena Chaplin, By Mariafe, Hicusto y Cosecha Vintage. Cada marca, con su propio estilo y sus técnicas, dejó manifiesta la necesidad de comenzar a ser más conscientes en nuestros consumos, en tanto que clientes y amantes de la moda. Además, sentaron precedente: ser sustentables es posible tanto para pequeñas como para grandes marcas. Serlo no solo es posible, sino urgente. Y, desde luego, puede hacerse sin dejar lo chic y la calidad de lado. 
 

Calandrelli –de Mirta Calandrelli–, directo de la ciudad de Lobos, presentó “Boreal”, inspirada en los colores de fenómenos naturales como los amaneceres y puestas de sol, que se trasladan al color de las telas. La seda y los biomateriales marcados por tintes naturales, abundaron en los cinco looks presentados. El vestido que cerró la pasada, ligero y con mucho vuelo, casi parecía tener el movimiento de las auroras boreales en el cielo. 
 
La gualeguaychuense Eli Denegri presentó “Reino Fungi”, una colección que toma las formas y los colores de los hongos, y los aplica en sacos, blusas y tops tejidos a crochet. Algunos hits: un top color azul y naranja vibrantes, y un saquito color crema que parece una red –que inauguró la pasada–. Todo inspirado en estos mágicos organismos vivos y confeccionado a partir de moldería Zero Waste
 

La diseñadora Mariem Venegas, de MS Indumentaria, revierte la idea de que lo sustentable no puede ser lo suficientemente atemporal como para que cualquiera lo vista. Preponderan las siluetas rectas, simples y los colores neutros. Los monos, vestidos, blusas, pantalones y blazers, fueron confeccionados con telas hechas a partir de descarte textil 100 % recicladas. 
 
“Ecos de tierra”, de Trapeando Arte –de María Gabriela Villanueva–, celebra la moda que es a la vez tradicional y lo suficientemente abierta como para abrazar el futuro. Las prendas fueron hechas mediante técnicas tradicionales como el fieltro, el ecoprint y el mokume, y teñidas con elementos naturales como cebolla, cochinilla y óxido. 
 
La marca Artelanas Crochet, está marcada por la identidad patagónica de Adriana Iguacel, su diseñadora –proveniente de Comarca Viedma Patagones, Río Negro–. Los tejidos a mano en crochet, el yute y el algodón, se combinan para crear piezas simples pero con historias ricas. Algunos elementos interesantes: tobilleras de flores al crochet, y distintos tipos de bolsos con texturas varias, puestos unos sobre otros para generar volumen. 
 

La cordobesa Laura Posada presentó “Gotas de conciencia: la moda que salva agua”. Con la moda circular como bandera, las modelos llevan en sus espaldas retazos de tela con frases como “salvamos 22 mil litros de agua”. Cada gota cuenta y la marca lo sabe. “Este no es solo un desfile de moda, es un llamado a la acción”, sostiene Posada en el manifiesto de la colección. 
 
Lorena Chaplin, artista visual y diseñadora, buscó canalizar algo tan filosófico e intangible, como esencial para el ser humano: el alma. La colección “Esencia” está marcada por la veta artística de Chaplin. Cada prenda, diseñada y creada a partir de telas recuperadas, está pintada a mano con bellos motivos florales. Los collares y brazaletes chunky que abrazan en espiral los cuerpos, son esos detalles en dorado que potencian los looks. 
 
By Mariafe, de la cordobesa Marite Ferreyra, trae una colección directo “Del mar”. Plantas marinas en rojo, estrellas de mar azules y frescos vestidos que recuerdan a la arena. Diseño de autor con una innovadora técnica: producir prendas a partir de las telas de descarte de la fabricación de quesos. De nuevo, queda demostrado que la sustentabilidad puede ser sinónimo de distinción y usabilidad. 
 

Directo desde Bahía Blanca, Hicusto, de la joven diseñadora Manuela Rodríguez, presentó “Trascender” en las pasarelas de Argentina Fashion Week. Algunos disparadores: deconstruir y renacer a través del denim. La colección está marcada por el upcycling: la diseñadora recicla pantalones en desuso y los convierte en nuevas prendas, mediante la técnica de patchwork. En ese proceso de reconstrucción, se vislumbra el concepto de “Trascender”: el hundirse en el caos y la destrucción, para luego reunir las piezas y regenerar la integridad y la calma. 
 
La última pasada fue la de Cosecha Vintage, que presentó “Rebelde, con causa”. Las diseñadoras Ale Gougy y Clari Pastorini Gougy, utilizaron descartes textiles, scrap de la fabricación de medias de nylon, hilos, tanzas y hasta reutilizaron el plástico de vasos para cepillos de dientes. ¿Puede un vestido de novia ser sustentable y, a la vez, contar una historia interesante? El estilo un tanto espacial y futurista –que se encuentra fácilmente, por ejemplo, en los tocados deconstruidos que llevan las modelos sobre de sus cabezas– no detiene la posibilidad de identificar lo clásico y romántico propio del estilo ‘bridal’. 
 

“El presente y el futuro deben ser sostenibles, no hay otro planeta”, es el lema de la Asociación Moda Sostenible Argentina. Lo sustentable ya no puede ser sólo una opción, inaccesible, desconocida y difícil de usar o estilizar en el día a día. Con esfuerzo y difusión, podrá pasar a ser la norma. Es una decisión hacer que lo ambientalmente amigable esté de moda y, más aún, pase a ser atemporal. La edición 63 de la Argentina Fashion Week puso de manifiesto que lo sustentable, el trabajo en equipo y la moda federal, pisan más fuerte que nunca y vinieron para quedarse.