La tecnología que garantiza la transparencia total
La Gestión del Ciclo de Vida del Producto no es un concepto que acapare los titulares de la semana de la moda, pero es necesario entender que se trata de la estructura vertebral que utilizan las empresas para organizar y controlar el viaje completo de sus productos. ¿Por qué nos interesa a nosotros? Porque la entendemos como una respuesta tecnológica vital a la tan nombrada crisis de sostenibilidad en la moda. El Product Lifecycle Management (PLM por sus siglas en inglés) es el cerebro digital y custodio de la memoria de un producto. Es el sistema que lo acompaña desde el impulso inicial de una idea hasta su destino final.
El fin del post it
Antes de la existencia de estos sistemas, la información de un producto (la lista de materiales, el costo de producción, los ajustes de diseño) habitaba entre borradores y documentos, como hojas de cálculo de Excel, carpetas compartidas o notas garabateadas. Por ejemplo, la fórmula perfecta de un cosmético pasaba de mano en mano entre el laboratorio y la planta de embotellamiento, arriesgándose a errores en cada paso. La Gestión del Ciclo de Vida del Producto viene a ser el antídoto a la informalidad, porque su propósito más esencial es convertirse en la fuente única de verdad (single source of truth).
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¿Qué implica esto en la práctica? Que si un ingeniero en París modifica un material, el equipo de compras en Nueva York y el equipo de marketing en Milán ven esa actualización de manera simultánea. Esto no es solo prolijidad y orden, sino una necesidad operativa que garantiza la coherencia y la reducción de los errores que terminan por impactar en la rentabilidad.
El PLM gestiona el producto a lo largo de su trayectoria completa y abarca todas sus etapas, desde la concepción y el diseño, pasando por la vida y la venta, hasta la responsabilidad final (el fin de vida del producto). En esta cadena de datos interconectados, el hilo digital (digital thread) es más que un simple archivo. Se convierte en un vínculo continuo que conecta el diseño con el producto vendido y con el rendimiento en manos del cliente. De ahí la importancia del PLM como un sistema de responsabilidad: si una empresa promete sostenibilidad, el PLM es quien debe guardar los recibos digitales de la fibra utilizada, el origen del tinte y la certificación de la fábrica, por ejemplo. Lo cual podría dar las respuestas al lema "¿Cómo se hace mi ropa?" que surgió en 2013, tras el derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh, donde murieron 1134 personas y más de 2400 resultaron heridas. También haría responsables a las empresas que tercerizan su producción y se desentienden de las condiciones inhumanas en las que trabajan las personas, estableciendo un estándar inevitable de transparencia en la cadena de suministro.
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| El primer desastre viralizado que llevó al consumidor a no desentenderse de por qué pagaba tan poco por su ropa |


