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Mujeres Vestidas por Mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital fundado en 2006 que promueve prácticas y temas de manera pionera en latinoamérica. Coberturas, crónicas, entrevistas y reseñas que ponen en contexto a la moda en la cultura y su impacto en la sociedad.¡Bienvenidos!

Haeder: Sastrería Regenerativa y Trazabilidad Digital con Certificación Blockchain

 

El próximo jueves, Designers BA recibe a Luján Haeder con una propuesta que exige permanencia. Tras un debut en Bafweek en 2024 que fijó los pilares de su identidad, la diseñadora vuelve a la pasarela de Buenos Aires para la edición Otoño Invierno 2026 con una premisa clara: la responsabilidad es el corazón del diseño. 

Imágenes del desfile de Haeder de 2024, realizado en el estudio de María Fux


Su trabajo se sostiene en el rescate de descartes y la revalorización de piezas olvidadas, convirtiendo materiales recuperados en sastrería de autor a través de un oficio que funciona como puro activismo. En Haeder, la prenda es un documento de transparencia bajo un sistema de diseño regenerativo. La marca utiliza la innovación digital para asegurar la integridad de cada pieza con herramientas de trazabilidad de alto nivel. Es la misma lógica que emplea la plataforma Aura Blockchain Consortium para que firmas como Prada, Maison Margiela y Louis Vuitton garanticen la autenticidad y el recorrido de sus productos. Haeder traslada esa infraestructura al diseño independiente para validar el proceso. Las prendas llevan cosido un botón NFC que actúa como un pasaporte digital. Al acercar un teléfono, el sello despliega el Certificado de Origen y Trazabilidad (COT), exponiendo los materiales e intervenciones que componen el objeto. Este recurso tecnológico garantiza la circularidad y le da al usuario la certeza sobre la cadena de valor que viste. Con la próxima apertura de su estudio en Chacarita, Haeder expande esta filosofía hacia un diálogo con las artes contemporáneas, consolidando un espacio donde la mano del artesano y el dato digital dialogan con la misma autoridad.


Agendá: La edición 28 - Otoño Invierno 2026 de Designers BA tiene en su grilla los desfiles de JT, que inaugura la semana con "Knock-out, nunca" desde una fábrica textil. Sigue Raimondi con una presentación virtual y el miércoles es el turno de Kostüme en MOA, el "hospital de las estatuas". El jueves, Haeder. El viernes finaliza con las Revelaciones 2025: La Aldi Vega, State of Chaos, la joyería de Inés Bonadeo y las diseñadoras industriales Catalina Guzmán, de Black Ñandú, y  Malena Nazareth Varela, de Naz x Naz. Más tarde, ese día, cierra La esquina 1936, conocida como Esquina, de Josefina Roveta. 

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Compre Nacional: ¿La ropa es cara en Argentina?


El informe presentado por la conductora Dominique Metzger abre el juego en Telenoche con una premisa repetida sobre "lo caro que está la ropa y vestirse". Sigue el relato de Martín Ciccioli exaltando la dinámica de los fardos de ropa usada norteamericana que descienden por Latinoamérica. Hay algo cínico en presentar este desfile de desechos textiles por el continente como una "nueva tendencia". El cronista confunde la circularidad con acumulación y el remate: "no es compre chino, es compre americano", dice. Meses atrás, la performance de Rolando Graña en América Noticias fue en la misma sintonía, incluso llevó un fardo al estudio de TV para evidenciar qué se puede comprar. Ninguno de los dos noticieros mencionan los riesgos sanitarios que implica consumir prendas en esas condiciones de descarte. 

En el medio de este clima, Esteban Mirol protagoniza un stand up sobre el precio elevado de “un calzón”, una teoría que se cae al entrar en la histórica mercería Casa Josecito, fundada en 1942. Allí, el precio de la ropa interior en cuestión cuesta lo mismo que la supuesta "ganga" que el periodista cree haber descubierto en plataformas extranjeras, desarmando la ficción del ahorro importado. 

 
Pero el punto ciego del debate es la invisibilización de la ropa barata en Argentina. Existe una idea instalada de que no hay opciones accesibles, pero no es así. El análisis de la ropa cara se limita a los shoppings, donde el 70% de la oferta es importada. El precio que se paga ahí no es por la costura nacional, es por el alquiler del local, el marketing y la logística de un canal que ya no representa al consumo masivo. La ropa es el termómetro más sensible de la economía. Hoy los precios se frenan por el golpe seco de un mercado interno que ya no tiene con qué comprar. La fe ciega en que abrir las importaciones va a bajar los precios no tiene pruebas reales. Según advierte la Fundación ProTejer, estamos ante una desregulación que borró de un plumazo los controles de calidad y aduana, bajando impuestos a la importación en plena recesión. Es una competencia desleal. Mientras potencias como Francia o México le ponen reglas a las plataformas digitales —exigiendo que paguen impuestos y se hagan responsables de lo que venden—, Argentina va al revés, dejando al productor local en la nada. 


Encima, el debate ignora el costo humano y ambiental del fast fashion. Este sistema, que acá se celebra como sinónimo de precios bajos, es en realidad un modelo de usar y tirar basado en el trabajo precario. El dato es contundente: un aumento del 19.000% en la importación de basura textil. Al importar estos fardos, Argentina está aceptando la contaminación y los problemas de salud que los países desarrollados ya no quieren ver.  Es, básicamente, aceptar los desechos del mundo disfrazados de oportunidad.

Composición del precio de una remera comercializada en el shopping


Apuntes: De las pistas de baile de la década de 1920 a las calles de 2026


La moda contemporánea se obsesiona con la recontextualización. Las T-Strap son el caso de estudio del día. Este calzado definió el ritmo de las pistas de baile en la década de 1920 y vemos cómo regresa un siglo después cargada de una funcionalidad que la década pasada desconocía. 

Emme Parsons encontró su propia respuesta a este legado con el modelo Aya, una pieza que traslada su formación en diseño gráfico a una silueta austera. Con base en Los Angeles, ella reedita modelos clásicos bajo un filtro neto y gráfico. 

Las Aya están armadas sobre el diseño californiano y confeccionadas en las curtiembres de la Toscana italiana. Aunque a simple vista su anatomía recuerda a la funcionalidad democrática de una Gizeh de Birkenstock -popularizadas por Ashley Olsen en su street style-, la propuesta de Emme Parsons maneja otro nivel. Hechas a mano, la clave está en la tensión de las tiras y la solidez de la suela pensada para resistir los pasos en el tiempo. Su estética mínima tiene la fuerza suficiente para romper la neutralidad de unos jeans básicos o hacer equipo con el blazer.

Vestirse para la luna: Artemis II y La evolución del traje espacial OCSS


La moda espacial es una cuestión de supervivencia. Cuando Ed White hizo la caminata espacial en 1965, estaba vestido con la ingeniería de David Clark, una firma pionera que transformó la urgencia de la Segunda Guerra Mundial —creando trajes antigravedad que evitaban los desmayos de los pilotos durante las maniobras— en el estándar técnico de la exploración aérea y orbital. 
El traje Orion Crew Survival System (OCSS) es el heredero de ese legado. Como un manifiesto de diseño adaptativo, la tecnología implementada en el traje espacial de la misión Artemis II que viajó a la luna protege el cuerpo y potencia sus capacidades. 

Resulta que los ingenieros de la NASA reutilizaron y reciclaron setenta y cinco trajes que quedaron como excedente del programa de transbordadores. El diseño demandó alrededor de cinco años y fue un trabajo en conjunto con la compañía Clark. En el podcast de la NASA "Houston, we have a podcast", el gerente del proyecto Dustin Gohmert describe esta evolución como un proceso orgánico de co-creación. “Bien, ¿cómo podemos convertir esto en realidad?, le decíamos a David Clark Company. Fue una colaboración constante, entre la lluvia de ideas, el concepto y la producción. Con el tiempo, estos aspectos se fusionaron para convertirse en lo que es el traje OCSS”. 


En el espacio, la vestimenta se mide por la eficiencia del movimiento. La ergonomía en gravedad cero trastoca nuestras nociones terrenales. Así que eso fue incorporado al modelo, de ahí que el diseño no se focaliza en las piernas sino en los hombros. La movilidad se concentra en el torso, con codos y muñecas de torsión nula que permiten un desplazamiento fluido porque, en la microgravedad, se camina con las manos. 

El traje del Sistema de Supervivencia de la Tripulación Orión funciona como una micro-biósfera que recicla cada molécula de gas, una proclamación sobre la conservación de recursos que evita la expulsión de oxígeno al entorno. La elección del color también tiene su explicación. El uso del Naranja Internacional es una decisión de vida. Se trata de un tono sintético con matices de rosa fluorescente inexistente en el mundo natural. Su propósito es la visibilidad. Que sea un faro cromático diseñado para resaltar contra el azul profundo del océano, si hubiera un rescate, dice Gohmert y cruza los dedos. 


Mientras David Clark domina la producción de tallas estándar, los ingenieros de la NASA elevaron este sistema a la confección a medida para los astronautas Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen, la primera misión tripulada en más de 50 años en sobrevolar la luna. 
En este diseño, la forma y la función se fusionan para demostrar que el estilo es la herramienta segura para garantizar el regreso a casa.



Imágenes y fuente vía NASA/Aubrey Gemignani

Nuestros años locos tienen a John Galliano diseñando para Zara

 


La historia de la moda cuenta que a mitad de cada década los experimentos previos se asientan para definir los códigos de los años por venir. No es un momento de ruptura, más bien cuando las piezas del sistema terminan de encajar bajo la lógica del mercado. Tras un periodo de dos años de movimientos frenéticos en las direcciones creativas de las maisons, la jerarquía tradicional comparte su lugar con una estructura donde la relevancia no depende del precio de la etiqueta, sino de quién controla la conversación global.

En este escenario de transición, las marcas de consumo masivo dejaron su condición de replicadoras de tendencias para liderar las dinámicas de atención, reclutando a los nombres que antes estaban bajo el dominio de los talleres de lujo. Esta caminata hacia el mercado global se consolida con trayectorias claras: Clare Waight Keller, quien definió el código deportivo sastrero en Chloé, lidera hoy la dirección creativa de Uniqlo. El hermoso y cool Stefano Pilati, ex director creativo de Yves Saint Laurent, colaboró con Zara en una colección cápsula al igual que Kate Moss. Zac Posen ya había anticipado este rumbo al asumir el mando en Brooks Brothers y en 2024 como presidente ejecutivo y director creativo en Gap y Old Navy. Nos ponemos memoriosos. El inicio de este siglo estuvo marcado por la alianza entre Karl Lagerfeld y H&M en 2004. Este hecho dio lugar al inicio de un vínculo que durante diez años alimentó el interés por las colaboraciones entre el fast fashion y el lujo. Hasta que la fórmula dejó de resultar novedosa para integrarse como norma.



La noticia que termina de validar este cambio es el desembarco de John Galliano en Zara. Según reporta Vogue, se trata de una colaboración creativa de dos años para reinterpretar "los archivos" del retail, marcando el regreso del modisto tras su salida de Maison Margiela en 2024. Se espera que la primera entrega de Galliano para Zara llegue en septiembre (apostemos que será durante la semana de la moda de Nueva York). 

Este movimiento responde a la gestión de Marta Ortega, quien asumió la presidencia de Inditex en 2022. Bajo su mando, el grupo —valorado en 150.000 millones de euros y dueño de las firmas Pull & Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho y Zara Home— dió un giro hacia una sofisticación operativa que la distingue de la gestión de Amancio, su padre. "No se trata de vender más, sino de vender bien", declaró Marta al diario El País

La presencia de Anna Wintour en la sede de Arteixo y el vestuario de Bad Bunny para el Super Bowl son señales de una ambición mayor: contratar al último gran modisto del siglo XXI para validar la identidad de la compañía.

Imágenes: John Galliano Instagram / Collage BdM

Un Oscar para el muchacho de nuestra vida

 


Este domingo, en la 98.ª edición de los Oscar, se define si Ethan Hawke alza la estatuilla como Mejor Actor por su papel de Lorenz Hart en Blue Moon, la película de Richard Linklater. 
Escuchar su nombre es como entrar en una caminata mañanera por el West Village. Que en la cabeza empiece a sonar Big Mountain con la sonrisa de Winona Ryder en Reality Bites, mientras el cuerpo registra el crecimiento del compañero de ruta que aparece en la trilogía Before

Hawke es el muchacho que se hizo grande a la par de la generación que nacimos con el desayuno con olor a papel de diario y terminanos resolviendo la vida con aplicaciones. Ethan nos mantiene entre esos dos mundos. Es el bohemio que se sacó de encima el traje de estrella para seguir siendo alguien interesante. 
 
En el catálogo del star system de Hollywood, Ethan Hawke es el rebelde que no necesitó imitar a James Dean para contar la pose. El padre de Maya se viste con prendas clasicas que en él se ven como maravillas eternas. Su bohemia sigue el método de desarmar la sastrería, se arranca la corbata y se planta unas zapatillas que solo a él y a Robert Downey Jr. le quedan bien. 

Es la evolución del chic cuando se lo confunde con elegancia. Ethan tiene la capacidad de rescatar el desaliño de los noventa para elevarlo a una categoría intelectual, como quien sabe que la apariencia es el rastro del pensamiento cuando se viste.

Imagen vía Getty

Carolyn Bessette-Kennedy y el minimalismo: El ciclo que la moda se niega a cerrar

 

Hoy se parece mucho a los años 90. No es solo una coincidencia visual. Se trata también de un trasfondo político donde una parte de la sociedad, la nuestra, valida el ajuste mientras otra intenta sobrevivir a la frialdad de las medidas libertarias. La moda de la década de 1990 siempre parece estar regresando. En su momento nadie logró definirla. Fue un período marcado por la incertidumbre de un siglo que terminaba y la ansiedad por el esperado año 2000. Es una época donde la belleza se deshizo del artificio. Se impuso una silueta delgada que convivía con el estallido del grunge de Kurt Cobain. Pero el minimalismo no estaba solo. Thierry Mugler y Gianni Versace seguían dando figuras monumentales, mientras John Galliano y Alexander McQueen llevaban su rebeldía a las casas históricas de París. 


Tras temporadas dominadas por el lujo silencioso, este estilo parece haber agotado su capacidad de asombro. Al ser absorbido por el mercado masivo y replicado en las perchas del fast fashion, perdió su aura de exclusividad. Los informes financieros decían que el consumidor actual, golpeado por la inflación, ya no gasta en básicos de lujo porque puede encontrar lo mismo en una tienda de segunda mano: el minimalismo extremo terminó por igualar a todas las marcas. Fue cuando los expertos de la industria sentenciaron que estas prendas fallaron en generar un vínculo emocional, según el reporte 2025/2026 de BoF

Pero vemos que un factor externo cambió el rumbo. 


En febrero de 2026, el estreno de la serie de Ryan Murphy sobre Carolyn Bessette-Kennedy volvió a inundar las pantallas. El algoritmo de Instagram se obsesionó con su imagen, repitiendo las fotos de una mujer que vivió bajo el asedio de los paparazzi. 

En su versión cruda, el minimalismo ahora mismo es una estética que se consume como una estampita.  Mientras el público analiza cada detalle, incluso hay videos de los días de Carolyn Bessette en su trabajo como publicista para Calvin Klein (marca que a la vez aumentó su interés en búsquedas en un 347% en estas dos semanas), surgen eventos como la feria Eyecon Show, donde Selima Salaun exhibirá el prototipo original de las gafas "The Aldo" que Bessette inmortalizó y la serie Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette replicó para Sarah Pidgeon. Hasta apareció una subasta con prendas de Carolyn, aunque la casa no puede asegurar su autenticidad. 


La reaparición de la silueta lánguida de Carolyn Bessette-Kennedy es el motor que necesitaba el minimalismo para no aburrir. También puede ser la despedida triunfal como tendencia de marketing. Su presencia está desafiando la obsolescencia que los analistas le diagnosticaron. 

Mientras las redes sociales viralizan su figura, el mercado se divide en los que persiguen la imagen de moda y los que entienden que un buen diseño siempre es relevante.


imágenes vía Getty

Ay Not Dead en la FADU: La moda no es un lujo, la educación pública tampoco

 

La Industria Textil en Argentina atraviesa una emergencia que se está simplificando en notas de color sobre el precio de las prendas o un debate de opinión sobre si la ropa local es cara, como si la existencia de una industria nacional fuera un detalle opcional frente a la conveniencia de comprar fardos o en China. Pero cuando ese debate parece perder gravedad, Ay Not Dead traslada su campaña Otoño Invierno 2026 a los pasillos de la FADU

Es un movimiento que corre la discusión del consumo para situarla en otra urgencia: la defensa de la educación pública. Cuando el primer cuatrimestre debería iniciar con normalidad, la Universidad de Buenos Aires ratifica la emergencia presupuestaria y salarial, exigiendo el cumplimiento de la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria. 


En este contexto, AY NOT DEAD pone su campaña bajo el lente de Sebastián Faena y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo como escenario para “The Many Faces of Ecstasy”. La colección utiliza el Pabellón 3 para que la moda, el arte y la cultura compongan un relato visual que busque un “diálogo directo con el pensamiento creativo local, despertando conversación y repercusión en redes”, según detalla el comunicado oficial. La narrativa absorbe el entorno para validar la relevancia del diseño en un momento de fragilidad institucional. 


La impronta rockera de Ay Not Dead se cruza con referencias al cine de autor y la música para construir una intensidad emocional. El resultado es un repertorio de siluetas modernas donde los tejidos fluidos conviven con prendas estructuradas, un contraste que sucede dentro de las aulas para recordar que la educación pública no es un gasto, es una de las inversiones más importantes de nuestro país.


imágenes: Gentileza Ay Not Dead / PH Sebastián Faena  | vía Grupo Mass

Chava Studio: El lenguaje contemporáneo en las telas del pasado



El mapa textil que traza Olivia Villanti se apoya en la relevancia de lo que otros consideran descarte. Desde la fundación de Chava Studio en 2020 en la Ciudad de México, la marca tiene un método que dialoga con los proyectos de rescate como los de las hermanas Dacal o Perlitas de Buenos Aires, de Vicki Otero. Su modelo de negocio se consolida en el made-to-order, una decisión de diseño que prioriza la intención sobre el volumen. 
El motor de Chava Studio es la alianza con Gilly e Hijos, un estudio de camisería tradicional de donde Villanti recupera linos, lanas y algodones que la empresa original fue descartando. 
 
En este inventario de materiales de otras épocas, Olivia Villanti construye un vestuario que varía entre la intimidad de los boxers y la sofisticación de la sastrería, elevando la camisa oversized a la categoría de pieza de culto. Con un volumen que impone presencia y una caída que saben dar las fibras nobles del pasado, estas prendas se presentan como soluciones al vestir contemporáneo.


imágenes: Chava Studio