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Mujeres Vestidas por Mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital fundado en 2006 que promueve prácticas y temas de manera pionera en latinoamérica. Coberturas, crónicas, entrevistas y reseñas que ponen en contexto a la moda en la cultura y su impacto en la sociedad.¡Bienvenidos!

Carolyn Bessette-Kennedy y el minimalismo: El ciclo que la moda se niega a cerrar

 

Hoy se parece mucho a los años 90. No es solo una coincidencia visual. Se trata también de un trasfondo político donde una parte de la sociedad, la nuestra, valida el ajuste mientras otra intenta sobrevivir a la frialdad de las medidas libertarias. La moda de la década de 1990 siempre parece estar regresando. En su momento nadie logró definirla. Fue un período marcado por la incertidumbre de un siglo que terminaba y la ansiedad por el esperado año 2000. Es una época donde la belleza se deshizo del artificio. Se impuso una silueta delgada que convivía con el estallido del grunge de Kurt Cobain. Pero el minimalismo no estaba solo. Thierry Mugler y Gianni Versace seguían dando figuras monumentales, mientras John Galliano y Alexander McQueen llevaban su rebeldía a las casas históricas de París. 


Hoy, tras temporadas dominadas por el lujo silencioso, este estilo parece haber agotado su capacidad de asombro. Al ser absorbido por el mercado masivo y replicado en las perchas del fast fashion, perdió su aura de exclusividad. Los informes financieros decían que el consumidor actual, golpeado por la inflación, ya no gasta en básicos de lujo porque puede encontrar lo mismo en una tienda de segunda mano: el minimalismo extremo terminó por igualar a todas las marcas. Fue cuando los expertos de la industria sentenciaron que estas prendas fallaron en generar un vínculo emocional, según el reporte 2025/2026 de BoF. Pero vemos que un factor externo cambió el rumbo. 


En febrero de 2026, el estreno de la serie de Ryan Murphy sobre Carolyn Bessette-Kennedy volvió a inundar las pantallas. El algoritmo de Instagram se obsesionó con su imagen, repitiendo las fotos de una mujer que vivió bajo el asedio constante de los paparazzi. 

En su versión cruda, el minimalismo ahora mismo es una estética que se consume como una estampita.  Mientras el público analiza cada detalle, incluso hay videos de los días de Carolyn Bessette en su trabajo como publicista para Calvin Klein (marca que a la vez aumentó su interés en búsquedas en un 347% en estas dos semanas), surgen eventos como la feria Eyecon Show, donde Selima Salaun exhibirá el prototipo original de las gafas "The Aldo" que Bessette inmortalizó y la serie Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette replicó para Sarah Pidgeon. Hasta apareció una subasta con prendas de Carolyn, pero que la casa no puede asegurar su autenticidad. 


La reaparición de la silueta lánguida de Carolyn Bessette-Kennedy es el motor que necesitaba el minimalismo para no aburrir. También puede ser la despedida triunfal como tendencia de marketing. Su presencia está desafiando la obsolescencia que los analistas le diagnosticaron. Mientras las redes sociales viralizan su figura, el mercado se divide en los que persiguen la imagen de moda y los que entienden que un buen diseño siempre es relevante.


imágenes vía Getty

Indio Solari en Arthaus: el píxel como pincel

 

“En esta deriva digital, lo bruto no es solo una estética aparente, sino también una manera de narrar una visión del mundo; significados que emergen tanto de la experiencia onírica como del universo artificial”. Con esta premisa se presenta Brutto, la exhibición de arte digital de Indio Solari. Tras su paso por el Museo MAR, la muestra aterriza ahora en Arthaus (Bartolomé Mitre 434, CABA) y podrá visitarse con entrada libre y gratuita hasta el 22 de febrero. 

Solari siempre supo que la verdad es una construcción difusa, un relato que se arma con fragmentos de memoria y deseo. Publicó su biografía bajo un título que oficia de descargo, "Recuerdos que mienten un poco", que remite a la canción "Perdiendo el tiempo" (incluída en el álbum Cordero atado de Los Redondos, en 1993), y confirmó esa búsqueda en sus libros en colaboración con el artista Serafín: "Escenas del delito americano" (2017) y "La vida es una misión secreta" (2019). 

Para Carlos Alberto Solari, abordar lo inexistente es una misión poética. Con los años, las redes sociales se convirtieron en su nuevo escenario, permitiéndole compartir sus obras y amplificar un espectro artístico que siempre estuvo allí, aunque por décadas permaneciera hipnotizado por la magnitud del fenómeno musical; el mayor de la cultura popular. 


En la cosmogonía del rock argentino, los varones suelen ser escrutados por cómo suenan y no por cómo se ven. Para la patria rockera, detenerse en el vestuario suele confundirse con frivolidad. Pero en su paso por la Biblioteca Nacional en 2015 con la muestra "Indio en la Biblioteca: El tesoro de los inocentes" fue una declaración de principios: allí, su estilo se expuso como parte de su universo intelectual. 

Mirar a Solari a través de una lente esteta permite analizar su apariencia no como un dictado de la moda, sino como la cartografía de una identidad desarrollada durante décadas. El uso persistente de los lentes de sol y el gorrito negro dejaron de ser simples accesorios para transformarse en su marca personal. A ellos se sumó un repertorio de camisas y camperas que el Indio estrenó en cada misa sobre el escenario, trazando una evolución hacia su aspecto actual: moderno, refinado y deliberado. Algunos elementos del vestir dejan de ser tela para convertirse en símbolos; son una expresión y representación que vibran en el inconsciente colectivo.

Vidas pasadas, telas presentes: La filosofía de BODE

 

Vestido de saten de seda con volados de cinta vintage de la década de 1950

En el universo de Emily Adams Bode Aujla, la ropa es un espacio de historias negadas a ser olvidadas. Su línea one-of-a-kind funciona como un archivo textil donde cada pieza murmura de donde vino. Los últimos ingresos de BODE ensalzan este ejercicio de memoria al rescatar las cintas de Staron, una textilera francesa fundada en el siglo XIX. 

Se trata de cintas de jacquard anchas, rescatadas de los años 50 y 60, que poseen una rigidez y brillo que el tiempo mejora,  aplicadas como volantes en un vestido de satén de seda y un moño. 

Fundada en Saint-Étienne, Staron operó entre 1867 y 1986. Durante un siglo, la familia Staron gestionó un negocio entre la herencia técnica y la audacia moderna. Sus motivos florales y geométricos maquillaron los drapeados esculturales en los vestidos de Madame Grès y las faldas del New Look de Dior. En la posguerra, Staron le ofreció sus materiales a Cristóbal Balenciaga, Hubert de Givenchy, Yves Saint Laurent y al norteamericano Norman Norell. 

Hoy, cuatro décadas después de que Staron bajara sus persianas, su espíritu vuelve a las calles gracias a BODE. Emily, que fundó su marca en 2016 con la mirada puesta en el armario masculino para terminar conquistando el femenino, sustenta su esencia en la preservación. 

BODE tiene su tienda insignia en Nueva York y espacios en Los Ángeles y París, también una sastrería en Hester Street, en el Lower East Side neoyorkino. Su misión no es el vintage y tampoco ofrecer prendas de segunda mano, ella busca que perviva la técnica y la circularidad de los textiles. De ahí que BODE cuente con un departamento de archivo donde especialistas catalogan minuciosamente hallazgos de diversas épocas.

Moño realizado por BODE con cinta de Staron

"Mi teoría es que si vos tenés una conexión emocional con algo, otras personas también la tendrán", explica la diseñadora. Es una frase que suena a declaración de principios, una que resuena curiosamente con la labor artesanal y consciente de las hermanas Dacal en Buenos Aires. Ambas entienden que la moda es un diálogo pendiente con el pasado.

imágenes: Gentileza Bode

Calendario de desfiles de BAFWEEK otoño invierno 2026

 

BAFWEEK emergió en sintonía con la renovación del diseño en Argentina, consolidándose como la plataforma que acompañó el nacimiento del movimiento de autor. Con su próxima edición Otoño/Invierno 2026, el evento celebra 25 años de trayectoria del 2 al 6 de marzo en La Rural, un hito que marca su permanencia en el calendario regional. 

Los desfiles otoño invierno 2026 de Bafweek estarán a cargo de: Edu De Crisci, Juliana Garcia Bello, Velasco de Autores, Sadaels, Bullbenny, Bolivia, Las Pepas, Kosiuko, Valentina Schuchner. El inicio lo da Mishka y el cierre por Luz Ballestero.
 
Iniciada durante la crisis de 2001, la cronología de BAFWEEK funciona como una bitácora de los vaivenes económicos y la metamorfosis en los hábitos de consumo. A través de distintos comandos, el objetivo se mantuvo invariable: posicionar a Buenos Aires como capital de la moda. La edición fundacional, titulada "Sofisticación Latina", presentó 19 desfiles y un dato de archivo: TrosmanChurba lideró la apertura tras una unión de último momento que los dejó fuera de la gráfica oficial. 
 
Aquella grilla inicial que "invitaba a la presentación de colecciones de jóvenes diseñadores argentinos" delineó el mapa del diseño contemporáneo con nombres como Vero Ivaldi, Florencia Fiocca, Pablo Ramírez, Mariano Toledo, Marcelo Senra, Mariana Dappiano, María Marta Facchinelli, Cora Groppo, Araceli Pourcel, Nadine Zlotogora y Lucía Blanco. El bloque comercial, con Jazmín Chebar, Benito Fernández, Rapsodia y UMA, aportó el pulso del mercado bajo el estilismo de Eugenia Rebolini, la asesoría para las colecciones de Vero Alfie, la pluma de Susana Saulquin y la firma de Javier Lúquez en las invitaciones.  Fue un debut de alto impacto que contó con las crónicas de Isabella Blow para el Sunday Times, la visión de Stephen Gan para Visionaire y el registro de Michael Roberts para The New Yorker. 
 
Hacia 2006, ante el crecimiento de las marcas de shopping en el evento, los diseñadores presentaron una proclama en forma de camiseta: "Somos un grupo de diseñadores con nombres propios, formados en las aulas y empresas, propulsores del fenómeno denominado de autor". Hoy, esa convivencia es natural. Si bien algunas ediciones resultaron más memorables que otras, BAFWEEK preserva su magnetismo como testigo fiel de las idas y venidas de una industria que, más allá del talento innegable, demanda políticas y estructuras que trasciendan el aplauso.

Mirtha Legrand cumple 99

Mirtha Legrand fotografiada por Annemarie Heinrich

"Yo soy muy coqueta", dice Mirtha Legrand, lanzando la frase como un talismán ante las cámaras para un público que, según su propio dogma, siempre se renueva. El próximo junio se cumplirán 58 años desde que aquellos almuerzos inaugurados en el Canal 9 de Alejandro Romay alteraron la gramática de la televisión argentina. Fue un formato nacido de la audacia que terminó por convertirse en el ejercicio de resistencia más longevo de la pantalla global, instalando en el ADN local una fascinación por el reciclaje eterno de las formas. Pero mientras figuras como Susana Giménez o Marcelo Tinelli lidian con el desgaste del camino, Legrand ha logrado la proeza inversa: permanecer. Ella ocupa el tiempo, lo moldea. A diferencia de sus pares, supo metabolizar los intereses de la audiencia, transformando sus célebres preguntas incómodas en "inquietudes de la calle".

La génesis de este mito se remonta a 1940, cuando una adolescente Mirtha debutó en Hay que educar a Niní junto a su hermana gemela, Silvia. Pero fue un año después cuando el destino intervino: el director Francisco Mugica la puso al frente de Los martes, orquídeas. El papel era originalmente para Delia Garcés, pero ante un conflicto de agenda, Mugica apostó por una desconocida de 14 años. "No me pregunten por qué la elegí. Creo que fue lo mismo que le pasó al público: me atrapó su ángel", confesaría el director años más tarde. 

Cuando la memoria la asalta en su mesa televisiva, Legrand suele evocar el estreno de aquel film: una ovación que no celebraba una película, sino el nacimiento de una estrella. El fenómeno fue tal que el guion terminó en Hollywood, adaptado para Fred Astaire y Rita Hayworth bajo el título You Were Never Lovelier (Bailando nace el amor). Mientras tanto, en el sur, Mirtha se levantaría como el rostro oficial de las "comedias blancas" de los años 40, una versión argentina del glamour de estudio que ella personificó con una precisión casi geométrica. Su filmografía es un inventario de la era dorada: 36 películas, 22 protagónicos y 5 colaboraciones con su hermana 'Goldie'. Pasó por el teatro y la radio, pero fue la gran pantalla la que cimentó su estatus de semidiosa, en una época donde la distancia entre la diva y la mujer común era un abismo de tul y luz dirigida. Era un tiempo donde la moda era un lenguaje aspiracional; revistas como Radiolandia, Radiofilm y Antena diseccionaban sus atuendos para que las modistas de barrio los replicaran en sus máquinas de coser. 

Archivo Bloc de Moda (en custodia del Museo del Cine)

En ese ecosistema, el maquillaje y el peinado eran arquitectura pura. En 1946, el anuncio de Un beso en la nuca marcó un hito estético: el vestuario de Edward’s y la aparición del rubio platinado que se convertiría en su firma visual. Hoy, ese tono es una referencia industrial: la marca Silkey lo ofrece en su catálogo simplemente como "Mirtha". 
 
Incisiva, informada y rigurosamente estructurada, Legrand entiende que el poder reside en la conversación. "La noche de Mirtha", en la pantalla tibia de El Trece, suele marcar el feed de las redes sociales tanto como la agenda de los medios de comunicación. Legrand acomoda sus gustos y refresca el programa aunque repita invitados: la protagonista es ella. El show comienza con esa exhibición de pie, una liturgia donde la señora se ofrece a la cámara con la fijeza de un monumento. Allí, erguida, estrena diseños a medida que agradece con cortesía de anfitriona. Suena la música —“brillando, siempre brillando”— y aparece la paleta de una vida: desde los pasteles etéreos hasta el negro absoluto. Bordados, transparencias, joyas, tacones y medias (sin importar el termómetro) completan el uniforme de diva, sellado siempre con un nacarado en los labios. 
 
La historia, a veces, rima. En las páginas de la revista Mundo Argentino, el New Look de Christian Dior se presentaba al lado del guardarropa que Paul Benoit diseñó para Legrand en El retrato (1947). Ambas instituciones, la casa francesa y la diva argentina, lograron la proeza de mantenerse vigentes evocando la elegancia en un mundo distinto. 
 
Cuando se casó con Daniel Tinayre, Mirtha desafió las convenciones con un vestido negro y una ceremonia sin marcha nupcial. Los medios de la época, despechados por no haber obtenido la exclusiva de la boda secreta, fueron implacables: "Lo más decepcionante fue que Mirtha marchó hacia el altar sin el clásico atavío nupcial... Mirtha escamoteó a su público amado el espectáculo de su casamiento vestida de negro". Fue, quizás, su primer gran gesto de autoría sobre su propia imagen. 
 
Hoy, mientras continúa visibilizando a nuevos diseñadores y casas de moda, la Legrand sigue dotando a sus vestidos de una connotación social que parece de otra era, una donde la ropa definía el lugar de una mujer en el mundo. Mirtha, con una constancia que bordea lo heroico, siempre se dio a sí misma el lugar de la diva. Felices 99, Mirtha Legrand!

Entre el dogma de la Alta Costura y la estética grunge: el legado Dior en manos de Mouna Ayoub y Courtney Love

 

La noticia es que una de las mayores devotas compradoras de la alta costura vuelve a someter al martillo parte de una biografía textil tejida durante 45 años. Mouna Ayoub, la socialité que ya diseccionó su archivo vendiendo primero los Chanel de la era Lagerfeld de los años '90 y luego sus tesoros de Jean Paul Gaultier, vuelve ahora la mirada hacia Dior

El 29 de enero, bajo la experta dirección de la especialista londinense Kerry Taylor, el Hôtel Le Bristol de París se convertirá en el epicentro de la casa Maurice Auctions. La subasta, titulada "Dior Masterpieces: The Mouna Ayoub Haute Couture Collection", despliega un inventario que recorre la evolución de la Maison: desde el clasicismo arquitectónico de Marc Bohan y la opulencia escultural de Gianfranco Ferré, hasta la exuberancia de John Galliano, el rigor de Raf Simons y la mirada feminista contemporánea de Maria Grazia Chiuri. Lo que distingue el coleccionismo de Ayoub es una suerte de ascetismo estético: adquiría los originales de pasarela con la disciplina de un archivero, rechazando ajustes a medida o modificaciones caprichosas. Una purista absoluta. 

En subasta (15.000/20.000 euros) El look 24 de la colección Clochards realizada en capas de tul marron y organza negro

Sin embargo, el interés de esta venta no se cimenta solo en la procedencia, sino en sus matices históricos. Entre los lotes emergen piezas de la colección haute couture del año 2000, una propuesta que el tiempo catalogó como controvertida porque hacía referencia a las personas en situación de calle. Para los conocedores, "Homeless" o "Clochards" se ensalza como una de las cumbres creativas de Galliano. Una provocación tan potente que fue parodiada en la película Zoolander y sitiada por protestas en las puertas de la Maison. 

En subasta (80.000 / 120.000 euros) El look 39 de tafetán crudo y seda rosa pintado a mano y con varillas

En esta selección conviven seis looks de aquella temporada primavera-verano y aunque la fortuna no quiso que figure el vestido que mucho antes de que yo pudiera articular el nombre de Galliano, habitó en mi memoria como una obsesión: aquel diseño que Courtney Love lució, con su habitual estilo de urgencia, en la alfombra roja de los Golden Globes del 2000

Como recuperé el testimonio de la propia Courtney Love sobre la procedencia de aquella pieza, lo comparto a continuación. En su acto perfomático de instintiva irreverencia, es fascinante descubrir cómo la compañera de Kurt Cobain tomó un diseño nacido del máximo rigor de la haute couture y lo sometió a su propia gramática estética. Con la soltura de quien ignora o desafía el carácter sagrado del taller, adaptó el vestido a su silueta y a su espíritu grunge-glamour, despojándolo de la rigidez de la pasarela para convertirlo en una extensión de su propia narrativa pública. El testimonio después del look modificado por la cantante y guitarrista.

SS 2000 Couture: Homeless Collecion by Jonh Galliano para Dior. De la pasarela a la silueta de Courtney Love

“Iba a llevar un diseño de Versace a los Globos de Oro del 2000 —ya lo tenía en el armario—, pero terminé usando una pieza de aquella polémica colección de Alta Costura de John Galliano para Dior, esa 'inspirada' en la gente sin hogar que el New York Times calificó como 'chic de mal gusto'. Mis amigos me insistían: '¡Tienes que vestir Couture!' Hasta entonces, yo no entendía realmente lo que eso significaba. Cuando lo vi, me quedé alucinada; pensé: 'Ah, era esto de lo que hablaban'. 

El vestido llegó y era ridículo. Era recto de arriba abajo y estaba lleno de cordeles. Sobre el cordel había cajas de cerillas, cristales... toda esa taxidermia textil. Recuerdo haber pensado: 'Ok, tiene un aspecto descabellado, pero lo haré funcionar'. Le hice algunos arreglos que transformaron el diseño por completo. Como el novio de mi asistente era muy delgado y tenía más o menos mi altura, lo convertí en mi modelo de pruebas; le quitaba piezas al vestido y las volvía a coser sobre él. Como me muerdo las uñas, usé unas acrílicas, pero las pinté de turquesa con destellos de purpurina para que combinaran con mi idea original. 

Fue un look sumamente complejo y resultó muy polémico. Además, tengo los pechos grandes y era vital que todo se mantuviera en su lugar. No creo que la cinta adhesiva para senos funcione de verdad; de hecho, hoy no sé cómo logré que el vestido no se cayera. Fue un milagro. Creo que, simplemente, lo pegué a mi piel”.

imágenes vía Maurice Auctions

Lali Espósito en Cosquín Rock 2026: La Armadura del hate


En el ecosistema de la moda, el papel suele ser un material frágil, pero sobre el escenario del Cosquín Rock 2026, Lali Espósito lo transformó en un escudo de combate. La artista argentina se presentó con una pieza de Guevara Ocampo que, a primera vista, disparó la nostalgia inevitable de los archivos de la moda: el "Newspaper Dress" de John Galliano para Dior. 
 
Para interpretar el gesto de Lali, hay que volver a febrero de 2000. En el marco de la Semana de la Moda de París, Galliano presentó para Dior la colección "Fly Girl", una propuesta que caminaba sobre la delgada línea entre el lujo extremo y la estética de los márgenes. Fue allí donde nació el newspaper print dress, una pieza que rápidamente trascendió la pasarela para convertirse en un artefacto cultural gracias a Carrie Bradshaw en Sex and the City. 
 

El diseño protagonizó el episodio “What Goes Around Comes Around” (un título que, irónicamente, resuena como poesía en Lali Espósito), en la tercera temporada de Sex and the City, además de un cameo años después en la película. En ese momento, el diseñador John Galliano usaba el papel como una provocación visual, una oda al chic urbano que la Bradshaw inmortalizó. Mientras el Dior original buscaba la belleza en lo efímero, Lali Espósito lo hizo bajo una lógica cruda. Y funcionó.  

La elección del material es el mensaje. Al optar por el newspaper dress,  Lali juega con la cualidad de  lo efímero de las noticias y los ataques mediáticos. En el periodismo impreso de la vieja guardia, la tinta del diario tiene la  reputación de "manchar" a quien la toca. Aquí, Lali invierte el proceso. Lo que antes era basura destinada a ensuciar su nombre se convierte en una pieza de arte. Es una declaración. El ataque de hoy es el residuo de mañana. 


Al igual que el "Vestido del Odio" diseñado por Maria Grazia Chiuri en Dior para Chiara Ferragni para la 73ª edición del Festival de la Canción de San Remo, en 2023, la prenda de Lali funcionó como tela para la toxicidad. Para Ferragni, aquel vestido fue una respuesta a años de una crítica feroz que precedió, incluso, al colapso de su reputación por el "Caso Pandoro", una hostilidad cimentada en el resentimiento hacia su paso de bloguera a empresaria exitosa - dos veces estudiada por Harvard - y en las críticas constantes a su maternidad pública, factores que la convirtieron en el foco de una Italia conservadora mucho antes de que sus finanzas fueran auditadas. De manera similar, Lali Espósito fue blanco de una campaña de desprestigio político en Argentina, donde su nombre se convirtió en el epicentro de un debate sobre el gasto público y la libertad de expresión, enfrentando ataques directos desde la cúspide del poder ejecutivo que buscaron, sin éxito, desmantelar su legitimidad artística. 


La genialidad de este vestido en 2026 está en su resignificación. Si el modeelo de Ferragni exponía los insultos sexistas, el de Lali utilizó la herencia de la colección Fly Girl para envolverse, literalmente, en las agresiones que intentaron silenciarla. No es solo una cita a la cultura pop, más bien una recontextualización del poder. Lali usó el newspaper print dress para demostrar que puede caminar sobre las brasas de su propia reputación mediática y convertirlas en una performance Couture. En la era del algoritmo, la mejor forma de sobrevivir al odio es cortarlo a medida, imprimirlo y usarlo como una armadura.

El Manifiesto Benito

 

¿Por qué nos obsesiona Bad Bunny? La respuesta no es la repetición del algoritmo, más bien su capacidad para actuar como un espejo cultural. Benito Antonio Martínez Ocasio recorre la música y también redefine la masculinidad y la identidad de una generación entera. Utiliza la moda como un caballo de Troya, así asalta las normas tradicionales. 

Se pinta las uñas. Viste colores eléctricos. Observado de forma aislada, el gesto es casi mundano, pero ejecutado por el artista puertorriqueño, se transforma en un acto de resistencia. Por eso cada uno de sus movimientos, piensen en el Super Bowl del fin de semana pasado, se percibe como un giro de guión en la narrativa del poder latino. 

¿Lo más fascinante? Él es dueño consciente de su propio mito. 

El conejo malo viste de Zara: el look de Bad Bunny en el Super Bowl

Benito entiende que el estilo sin sustancia es efímero. Para su álbum "DeBÍ TiRAR MáS FOToS" (2025), reclutó al historiador Jorell Meléndez-Badillo, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison. ¿El encargo? Documentar el alma de Puerto Rico. 
Meléndez-Badillo redactó notas sobre el pasado político y la justicia social de la isla que, al ser compartidas por el artista en enero de 2025, capturaron 20 millones de visualizaciones en un parpadeo. Bad Bunny quería más que su audiencia consumiera ritmos en YouTube, más bien que conocieran el contexto histórico a través de una experiencia. Un texto académico, en español, convertido en tendencia global. 

Cada era tiene sus referentes. Bad Bunny no inventó la rebeldía, pero sus gestos delinean una nueva autoridad: poner al pueblo por delante y defender lo propio antes que lo extranjero. Es una posta que hereda de otros momentos de quiebre en la isla, como cuando Ricky Martin se puso al frente de las manifestaciones de 2019, agitando la bandera del orgullo gay desde lo alto de un camión, convirtiendo la protesta en una performance de identidad colectiva. 

Quizás sea el acto de resistencia que un pueblo como el nuestro, el argentino, no solo comprende sino que celebra con fervor, el mismo fandom que, apenas diez días atrás, se entregó al furor del esnobismo del “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina

Para Benito, el mensaje y el mercado son lo mismo. Mientras algunos discuten sobre el origen de su guardarropa, él está ocupado ejecutando su estrategia. Llenar tres estadios River este fin de semana no es una prueba de vigencia; es una toma de posesión.

El niño prodigio y el tirano: Las referencias a Poiret de Jonathan Anderson para Dior

 

“La moda actual necesita un nuevo amo. Necesita un tirano que la castigue y la libere de sus escrúpulos. Quien le preste este servicio será amado y se hará rico. Tendrá que hacer lo que yo hice entonces, y no mirar atrás, ni pensar en nada más que en las mujeres y lo que les conviene”, escribió en sus memorias el modisto que murió pobre en 1944. Quien se autoproclamó el "Rey de la Moda", Paul Poiret, volvió a los titulares tras la exquisita y creativa segunda colección masculina de Jonathan Anderson para Dior (Otoño-Invierno 2026/2027), presentada en la semana de la moda de París. 
 
Hay algo romántico en la referencia de Anderson por Poiret. El propio Monsieur Christian lo admiraba, aunque sus estéticas se miraran de reojo desde lugares opuestos. En 1947, Dior volvió a la silueta de la Belle Époque, de corsés y nostalgia que Paul Poiret se jactaba de haber derrotado. Poiret floreció en simultáneo a las vanguardias históricas, cuando los vestuarios de los Ballets Rusos, la compañía fundada por Sergei Diaghilev con vestuario de Léon Bakst, impregnaron la moda de un orientalismo que él mismo se adjudicó bajo la idea del abrigo “Confucio”. Dior, por el contrario, prefirió pensar a la silueta de la mujer como una flor. 

Dior Homme Otoño Invierno 2026 por Jonathan Anderson

"Mi forma de trabajar consiste en recopilar experiencias a lo largo del proceso y filtrarlas", dice Anderson, planteando la moda como un ejercicio de emociones. Mientras el intento de resucitar la maison Poiret como marca corporativa fracasó en 2018, el director creativo de Dior hace algo mucho más interesante: exhuma la esencia. No nos vende el nombre en una etiqueta, se mete con el aroma de la reliquia. Es un alivio. ¿Acaso no pagaríamos por ver la expresión de Cristóbal Balenciaga si pudiera observar en qué han convertido su templo, en su nombre? 

La inventiva de Jonathan Anderson para esta temporada es un diálogo donde los códigos rígidos de la formalidad y los emblemas de Dior conviven con el denim, las parkas utilitarias que buscan asociarse a Poiret. "Empatía e ímpetu", dicen las notas de prensa sobre esta conversación entre dos hombres separados por un siglo. 

Exhibido en 2025 en la muestra del Museo de Artes Decorativas de Paris: "Paul Poiret: Fashion is a celebration"

La historia de Poiret (1879-1944) es el guión de una ópera trágica. Comenzó vendiendo bocetos a Jacques Doucet. Luego, los hijos de Worth lo nombraron sucesor de la casa y, en 1903, se instaló en el número 5 de la Rue Auber para conquistar el mundo desde su propia maison. Fue el primero en entender que una casa de moda debía ser un estilo de vida: convivieron allí perfumería, decoración y desfiles presentados como tableaux vivants teatrales. 

Hoy, mientras las redes sociales se deshacen en elogios hacia el gesto de Jacquemus por convertir a su abuela en embajadora, conviene recordar que Poiret ya jugaba a eso: su esposa fue su musa y modelo, mientras que sus memorias de 1931 están dedicadas a su madre. Del mismo modo, Dior construyó su New Look como un tributo a las mujeres de su infancia. En este negocio, nada es realmente nuevo. La frescura es solo la ilusión de alguien que cuenta la misma historia con un acento diferente. Por eso Anderson triunfa, pues inyectó su propia cosmovisión en un estilo visiblemente opuesto al de la casa que lo contrata. 

De la colección de Azzedine Alaia y exhibida en su fundación: abrigo y vestido de 1919

“Era todavía la época del corsé. Le libré una guerra”, escribió Poiret en su autobiografía (que el V&A Museum tuvo a bien reimprimir). Odiaba el corsé porque convertía a la mujer en una criatura partida en dos, obligándola a "arrastrar un remolque" tras de sí. Proclamó la caída de la armadura en nombre de la libertad, pero el tirano siempre guarda una trampa: “Sí, liberé el busto, pero encadené las piernas”, decía sobre sus faldas trabadas que hacía para sus clientas. 

Escuchar las quejas de las mujeres de 1910 que no podían subir a un carruaje es escuchar el eco de nuestras propias contradicciones modernas. Poiret se jactaba de que sus lágrimas eran el anuncio de su innovación: “¿Acaso sus quejas detuvieron alguna vez el movimiento de la moda o, por el contrario, no lo ayudaron anunciándolo?”. Sus palabras parecen resonar desde el más allá, ignorando quizás que la crisis del mercado de lujo de nuestros años 20 no es tan distinta a la que lo llevó a él a la ruina.

"La Perse" (1911) del acervo del Metropolitan Museum. Exhibido en "Poiret: King of fashion", en 2007

Dior Homme Otoño Invierno 2026 por Jonathan Anderson

Imágenes Gentileza DIOR, Fundación Azzedine Alaïa, Met Museum, MAD París