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Mujeres Vestidas por Mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital fundado en 2006 que promueve prácticas y temas de manera pionera en latinoamérica. Coberturas, crónicas, entrevistas y reseñas que ponen en contexto a la moda en la cultura y su impacto en la sociedad.¡Bienvenidos!

El diablo viste a la moda 2: Anna Wintour se apropia del guion de Lauren Weisberger


El despliegue mediático es una performance. Hubo premieres, filtraciones a la medida y una portada de Vogue donde Meryl Streep y Anna Wintour rompen la frontera entre el mito y la realidad. Este jueves 30 de abril, El diablo viste a la moda 2, dirigida por David Frankel, llega a las salas de cine, pero el verdadero espectáculo sucedió durante la promoción.

La producción de la película buscará reactivar el mecanismo de 2006, cuando la primera entrega convirtió un presupuesto de 41 millones de dólares en una recaudación de 327 millones. 
La secuela retoma el rastro de las tres protagonistas (Andy Sachs, Emily Charlton y Miranda Priestly) en una industria periodística que compite por atención, donde la historia se convirtió en contenido y la repercusión en viralización. 

Entre la publicación de la novela original en 2003 y su continuación en La venganza viste de Prada, en 2013, la escritora Lauren Weisberger capitalizó su experiencia como exasistente de Wintour para transformar el hermetismo de su jefa en un producto de consumo masivo. Pero ese ecosistema analógico quedó lejano.
El diablo viste a la moda 2 se basa en los personajes creados por Lauren Weisberger

La secuela sitúa a Priestly ante el declive de las revistas impresas, forzándola a negociar con sus exsubordinadas, Emily y Andy. Pero, el movimiento más relevante sucede fuera de campo, pues Wintour decidió apropiarse de su propia caricatura. Si en 2003 el personaje de Miranda Priestly era un enigma sustentado en el rumor, hoy la editora asume el rol. La exdirectora de Vogue Estados Unidos se adueñó del mito al subir al escenario de los Oscar junto a Anne Hathaway para presentar el premio a Mejor diseño de vestuario. Meses después, consolidó la maniobra posando, junto a Mery Streep, para Annie Leibovitz en la portada de mayo de Vogue titulada Seeing Double: When Miranda met Anna

La jefa devoró la ficción. La realidad se impone con la ironía que antes pertenecía a la pluma de Lauren Weisberger. Al vivir voluntariamente el disfraz que su exasistente le diseñó, Anna Wintour anuló la autoridad de la escritora. La venganza ya no pertenece a la novela. La supuesta villana secuestró el relato mediático para escribir su propia versión.

Adrián Appiolaza en Buenos Aires: El retorno del diseñador que tradujo la argentinidad al lujo global




La presencia de Adrián Appiolaza esta noche en los Martín Fierro de la Moda 2026 antecede a su distinción como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña, el próximo martes. El reconocimiento llega tras su nombramiento, en enero de 2024, como director creativo de Moschino. Su llegada a la firma es el resultado de un recorrido de tres décadas por los talleres de mayor peso en Europa. 

En 1994, dejó San Telmo para estudiar en Central Saint Martins, en Londres. Su ingreso al circuito profesional fue rápido: el mismo año de su graduación, donde obtuvo el premio a la mejor colección, se incorporó al equipo de Alexander McQueen. Desde entonces, Appiolaza ocupó puestos de responsabilidad en las estructuras que definieron la moda de los últimos veinte años. Trabajó junto a Phoebe Philo en Chloé y con Clare Waight Keller en Celine. El diseñador formó parte del equipo de Prada y se desempeñó en Louis Vuitton bajo la dirección de Marc Jacobs. En 2014, con el grupo LVMH se trasladó a París para acompañar al director creativo Jonathan Anderson en el diseño de la línea femenina de Loewe. 


En Tierra, la colección otoño invierno 2026 para Moschino, Appiolaza llevó a las pasarelas de Milán a Mafalda, Evita y el fileteado porteño, entre algunos de los temas de tradición argentina donde el diseñador mostró su capacidad para procesar la identidad nacional sin caer en el cliché. 

Su metodología se apoya en una biblioteca visual muy propia. Adrián Appiolaza creó un archivo con piezas de Yohji Yamamoto, Comme des Garçons y Vivienne Westwood que utiliza como base de estudio para sus diseños y también alquila para diferentes producciones. 

Hoy, su tarea en Moschino consiste en extraer el legado de Franco Moschino para situarlo en el presente, transformando la ironía histórica en una propuesta de lujo con sustancia y peso cultural.

La colección 08 de Moschino donde Appiolaza toma la cultura argentina como referencia

Crisis del lujo 2026: ¿Por qué LVMH cae mientras The Row, Coach y Ralph Lauren crecen?

 

El panorama actual del consumo es el resultado de una apuesta arriesgada. Durante el boom de compras post-pandemia del covid-19, las marcas de lujo dispararon sus precios aprovechando la euforia del consumidor. Pero las compras fueron en caída libre. Como postal sirve LVMH, que en los primeros tres meses de 2026 sus ventas cayeron un 2%, encadenando su séptimo trimestre consecutivo de pérdidas, según publica The Economist. Mientras tanto, The Row, Coach y Ralph Lauren quebraron la tendencia y registraron ganancias.  La moda de Estados Unidos está lejos de manejar el mercado de lujo, pero da cuenta de una estrategia que prioriza la identidad, el control del canal de venta y la experiencia real del cliente. 

The Row, que hoy ocupa el puesto 7 en el ranking de popularidad de The Lyst, sustenta su éxito en ir en sentido contrario al exhibicionismo que domina esta sociedad. La estrategia de Mary-Kate y Ashley Olsen es el minimalismo discreto como única opción. Desde 2006 ofrecen diseños sin logos que funcionan como código de pertenencia silencioso. Las gemelas Olsen parecen domar la psicología del consumo. Son herederas de la mística de exclusividad de la Birkin bag de Hermès, pero también la capacidad de generar el deseo masivo de Zara. Consiguen que la clienta perciba que el producto es un diseño de culto difícil de conseguir. Con este gesto, ellas arman un estándar de lujo propio que funciona como una autorreferencia constante y protegen a la marca frente a la crisis. 


Coach logró aumentar sus ventas un 25% tras una reestructuración que indagó en su archivo histórico. La marca recuperó la visión de Bonnie Cashin, la directora creativa que en los años 60 introdujo la identidad de diseño funcional y minimalista que hoy vuelve a ser tendencia. La marca, fundada en 1941, decidió irse de los shoppings y grandes almacenes. Este movimiento logra que el 90% de sus productos se vendan de forma directa al cliente, lo que les permite manejarse sin intermediarios. 

Además de eliminar su fama de marca de descuentos, Coach supo capturar al público joven con las bag charms personalizables. Lo que para un sector parecería un detalle menor y hasta vulgar, para la nueva generación es el motor de compra que volvió a poner a la marca en el centro de la escena. 

La clave de Ralph Lauren fue la diversificación del espacio físico. La marca fundada en 1967 entendió que la tienda es un destino social a través de Ralph's Coffee. Con presencia global, logró que el público busque pasar tiempo en sus tiendas. fusionaron el consumo con el ocio. A esto se suma una inversión del 7% de sus ventas en marketing y la modernización total de su logística. Mientras otras marcas gastan recursos en alianzas que sirven de fachada, Ralph Lauren utiliza la innovación para adaptar el producto y la distribución a la necesidad real de cada mercado. 


La lectura que invita estos tres casos sugiere que, en contextos de incertidumbre, el crecimiento puede venir de la capacidad de adoptar una estrategia propia, adaptarla a los nuevos hábitos y tener la espalda para sostenerla en el tiempo.

Compre Nacional: ¿La ropa es cara en Argentina?


El informe presentado por la conductora Dominique Metzger abre el juego en Telenoche con una premisa repetida sobre "lo caro que está la ropa y vestirse". Sigue el relato de Martín Ciccioli exaltando la dinámica de los fardos de ropa usada norteamericana que descienden por Latinoamérica. Hay algo cínico en presentar este desfile de desechos textiles por el continente como una "nueva tendencia". El cronista confunde la circularidad con acumulación y el remate: "no es compre chino, es compre americano", dice. Meses atrás, la performance de Rolando Graña en América Noticias fue en la misma sintonía, incluso llevó un fardo al estudio de TV para evidenciar qué se puede comprar. Ninguno de los dos noticieros mencionan los riesgos sanitarios que implica consumir prendas en esas condiciones de descarte. 

En el medio de este clima, Esteban Mirol protagoniza un stand up sobre el precio elevado de “un calzón”, una teoría que se cae al entrar en la histórica mercería Casa Josecito, fundada en 1942. Allí, el precio de la ropa interior en cuestión cuesta lo mismo que la supuesta "ganga" que el periodista cree haber descubierto en plataformas extranjeras, desarmando la ficción del ahorro importado. 

 
Pero el punto ciego del debate es la invisibilización de la ropa barata en Argentina. Existe una idea instalada de que no hay opciones accesibles, pero no es así. El análisis de la ropa cara se limita a los shoppings, donde el 70% de la oferta es importada. El precio que se paga ahí no es por la costura nacional, es por el alquiler del local, el marketing y la logística de un canal que ya no representa al consumo masivo. La ropa es el termómetro más sensible de la economía. Hoy los precios se frenan por el golpe seco de un mercado interno que ya no tiene con qué comprar. La fe ciega en que abrir las importaciones va a bajar los precios no tiene pruebas reales. Según advierte la Fundación ProTejer, estamos ante una desregulación que borró de un plumazo los controles de calidad y aduana, bajando impuestos a la importación en plena recesión. Es una competencia desleal. Mientras potencias como Francia o México le ponen reglas a las plataformas digitales —exigiendo que paguen impuestos y se hagan responsables de lo que venden—, Argentina va al revés, dejando al productor local en la nada. 


Encima, el debate ignora el costo humano y ambiental del fast fashion. Este sistema, que acá se celebra como sinónimo de precios bajos, es en realidad un modelo de usar y tirar basado en el trabajo precario. El dato es contundente: un aumento del 19.000% en la importación de basura textil. Al importar estos fardos, Argentina está aceptando la contaminación y los problemas de salud que los países desarrollados ya no quieren ver.  Es, básicamente, aceptar los desechos del mundo disfrazados de oportunidad.

Composición del precio de una remera comercializada en el shopping


Ay Not Dead en la FADU: La moda no es un lujo, la educación pública tampoco

 

La Industria Textil en Argentina atraviesa una emergencia que se está simplificando en notas de color sobre el precio de las prendas o un debate de opinión sobre si la ropa local es cara, como si la existencia de una industria nacional fuera un detalle opcional frente a la conveniencia de comprar fardos o en China. Pero cuando ese debate parece perder gravedad, Ay Not Dead traslada su campaña Otoño Invierno 2026 a los pasillos de la FADU

Es un movimiento que corre la discusión del consumo para situarla en otra urgencia: la defensa de la educación pública. Cuando el primer cuatrimestre debería iniciar con normalidad, la Universidad de Buenos Aires ratifica la emergencia presupuestaria y salarial, exigiendo el cumplimiento de la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria. 


En este contexto, AY NOT DEAD pone su campaña bajo el lente de Sebastián Faena y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo como escenario para “The Many Faces of Ecstasy”. La colección utiliza el Pabellón 3 para que la moda, el arte y la cultura compongan un relato visual que busque un “diálogo directo con el pensamiento creativo local, despertando conversación y repercusión en redes”, según detalla el comunicado oficial. La narrativa absorbe el entorno para validar la relevancia del diseño en un momento de fragilidad institucional. 


La impronta rockera de Ay Not Dead se cruza con referencias al cine de autor y la música para construir una intensidad emocional. El resultado es un repertorio de siluetas modernas donde los tejidos fluidos conviven con prendas estructuradas, un contraste que sucede dentro de las aulas para recordar que la educación pública no es un gasto, es una de las inversiones más importantes de nuestro país.


imágenes: Gentileza Ay Not Dead / PH Sebastián Faena  | vía Grupo Mass

Reporte Buenos Aires: El diseño slow fashion y crochet artesanal de Laura Carrioli

 


La marca de Laura Carrioli nació durante el parate de la pandemia. Lo que empezó como una inquietud doméstica terminó en el aprendizaje del crochet, una técnica que le dio forma a sus primeros bolsos y le permitió entrar al mundo de la moda. 
 
En el taller, el trabajo para los bolsos y las carteras artesanales se mide en horas de mano de obra: cada pieza requiere diez horas. Siete se destinan al tejido y tres al armado y la forrería. La producción funciona como un sistema familiar. Mientras dos colaboradoras tejen, la madre de Laura confecciona los interiores que luego se cosen a mano a la estructura exterior. n este artesanado, lo que se garantiza es que no existan dos modelos iguales. Laura utiliza hilo y rafia de algodón al 100%, junto con cuero y telas orgánicas para los forros. 


Sus diseños siguen una agenda propia. A excepción de una línea de rafia pensada para el verano, los bolsos son atemporales. El uso de colores neutros y la estructura simple buscan la versatilidad: son piezas que funcionan tanto para un café en la ciudad como para un viaje de fin de semana. Las referencias de Carrioli surgen de la observación. Se vale de lo que ve en las pasarelas, la naturaleza y lo que usan las mujeres en la calle. Los diseños de Laura Carrioli se comercializan en su tienda online y en el showroom que abre una vez al mes en el barrio de Belgrano.

Haeder: Sastrería Regenerativa y Trazabilidad Digital con Certificación Blockchain

 

El próximo jueves, Designers BA recibe a Luján Haeder con una propuesta que exige permanencia. Tras un debut en Bafweek en 2024 que fijó los pilares de su identidad, la diseñadora vuelve a la pasarela de Buenos Aires para la edición Otoño Invierno 2026 con una premisa clara: la responsabilidad es el corazón del diseño. 

Imágenes del desfile de Haeder de 2024, realizado en el estudio de María Fux


Su trabajo se sostiene en el rescate de descartes y la revalorización de piezas olvidadas, convirtiendo materiales recuperados en sastrería de autor a través de un oficio que funciona como puro activismo. En Haeder, la prenda es un documento de transparencia bajo un sistema de diseño regenerativo. La marca utiliza la innovación digital para asegurar la integridad de cada pieza con herramientas de trazabilidad de alto nivel. Es la misma lógica que emplea la plataforma Aura Blockchain Consortium para que firmas como Prada, Maison Margiela y Louis Vuitton garanticen la autenticidad y el recorrido de sus productos. Haeder traslada esa infraestructura al diseño independiente para validar el proceso. Las prendas llevan cosido un botón NFC que actúa como un pasaporte digital. Al acercar un teléfono, el sello despliega el Certificado de Origen y Trazabilidad (COT), exponiendo los materiales e intervenciones que componen el objeto. Este recurso tecnológico garantiza la circularidad y le da al usuario la certeza sobre la cadena de valor que viste. Con la próxima apertura de su estudio en Chacarita, Haeder expande esta filosofía hacia un diálogo con las artes contemporáneas, consolidando un espacio donde la mano del artesano y el dato digital dialogan con la misma autoridad.


Agendá: La edición 28 - Otoño Invierno 2026 de Designers BA tiene en su grilla los desfiles de JT, que inaugura la semana con "Knock-out, nunca" desde una fábrica textil. Sigue Raimondi con una presentación virtual y el miércoles es el turno de Kostüme en MOA, el "hospital de las estatuas". El jueves, Haeder. El viernes finaliza con las Revelaciones 2025: La Aldi Vega, State of Chaos, la joyería de Inés Bonadeo y las diseñadoras industriales Catalina Guzmán, de Black Ñandú, y  Malena Nazareth Varela, de Naz x Naz. Más tarde, ese día, cierra La esquina 1936, conocida como Esquina, de Josefina Roveta. 

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Apuntes: De las pistas de baile de la década de 1920 a las calles de 2026


La moda contemporánea se obsesiona con la recontextualización. Las T-Strap son el caso de estudio del día. Este calzado definió el ritmo de las pistas de baile en la década de 1920 y vemos cómo regresa un siglo después cargada de una funcionalidad que la década pasada desconocía. 

Emme Parsons encontró su propia respuesta a este legado con el modelo Aya, una pieza que traslada su formación en diseño gráfico a una silueta austera. Con base en Los Angeles, ella reedita modelos clásicos bajo un filtro neto y gráfico. 

Las Aya están armadas sobre el diseño californiano y confeccionadas en las curtiembres de la Toscana italiana. Aunque a simple vista su anatomía recuerda a la funcionalidad democrática de una Gizeh de Birkenstock -popularizadas por Ashley Olsen en su street style-, la propuesta de Emme Parsons maneja otro nivel. Hechas a mano, la clave está en la tensión de las tiras y la solidez de la suela pensada para resistir los pasos en el tiempo. Su estética mínima tiene la fuerza suficiente para romper la neutralidad de unos jeans básicos o hacer equipo con el blazer.

Vestirse para la luna: Artemis II y La evolución del traje espacial OCSS


La moda espacial es una cuestión de supervivencia. Cuando Ed White hizo la caminata espacial en 1965, estaba vestido con la ingeniería de David Clark, una firma pionera que transformó la urgencia de la Segunda Guerra Mundial —creando trajes antigravedad que evitaban los desmayos de los pilotos durante las maniobras— en el estándar técnico de la exploración aérea y orbital. 
El traje Orion Crew Survival System (OCSS) es el heredero de ese legado. Como un manifiesto de diseño adaptativo, la tecnología implementada en el traje espacial de la misión Artemis II que viajó a la luna protege el cuerpo y potencia sus capacidades. 

Resulta que los ingenieros de la NASA reutilizaron y reciclaron setenta y cinco trajes que quedaron como excedente del programa de transbordadores. El diseño demandó alrededor de cinco años y fue un trabajo en conjunto con la compañía Clark. En el podcast de la NASA "Houston, we have a podcast", el gerente del proyecto Dustin Gohmert describe esta evolución como un proceso orgánico de co-creación. “Bien, ¿cómo podemos convertir esto en realidad?, le decíamos a David Clark Company. Fue una colaboración constante, entre la lluvia de ideas, el concepto y la producción. Con el tiempo, estos aspectos se fusionaron para convertirse en lo que es el traje OCSS”. 


En el espacio, la vestimenta se mide por la eficiencia del movimiento. La ergonomía en gravedad cero trastoca nuestras nociones terrenales. Así que eso fue incorporado al modelo, de ahí que el diseño no se focaliza en las piernas sino en los hombros. La movilidad se concentra en el torso, con codos y muñecas de torsión nula que permiten un desplazamiento fluido porque, en la microgravedad, se camina con las manos. 

El traje del Sistema de Supervivencia de la Tripulación Orión funciona como una micro-biósfera que recicla cada molécula de gas, una proclamación sobre la conservación de recursos que evita la expulsión de oxígeno al entorno. La elección del color también tiene su explicación. El uso del Naranja Internacional es una decisión de vida. Se trata de un tono sintético con matices de rosa fluorescente inexistente en el mundo natural. Su propósito es la visibilidad. Que sea un faro cromático diseñado para resaltar contra el azul profundo del océano, si hubiera un rescate, dice Gohmert y cruza los dedos. 


Mientras David Clark domina la producción de tallas estándar, los ingenieros de la NASA elevaron este sistema a la confección a medida para los astronautas Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen, la primera misión tripulada en más de 50 años en sobrevolar la luna. 
En este diseño, la forma y la función se fusionan para demostrar que el estilo es la herramienta segura para garantizar el regreso a casa.



Imágenes y fuente vía NASA/Aubrey Gemignani