El Manifiesto Benito
¿Por qué nos obsesiona Bad Bunny? La respuesta no la da el algoritmo, más bien su capacidad para actuar como un sismógrafo cultural. Benito Antonio Martínez Ocasio habita la música y también redefine la masculinidad y espeja la identidad de una generación entera. Utiliza la moda no como adorno, sino como un caballo de Troya para asaltar las normas tradicionales.
Se pinta las uñas. Viste colores eléctricos. Visto de forma aislada, el gesto es casi mundano, pero ejecutado por el artista puertorriqueño, se transforma en un acto de resistencia estética y expresión generacional. Por eso cada uno de sus movimientos, piensen en el Super Bowl del fin de semana pasado, se percibe como un giro de guión en la narrativa del poder latino.
¿Lo más fascinante? Él es el arquitecto consciente de su propio mito.
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| El conejo malo viste de Zara: el look de Bad Bunny en el Super Bowl |
Benito entiende que el estilo sin sustancia es efímero. Para su álbum "DeBÍ TiRAR MáS FOToS" (2025), reclutó al historiador Jorell Meléndez-Badillo, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison. ¿El encargo? Documentar el alma de Puerto Rico.
Meléndez-Badillo redactó notas sobre el pasado político y la justicia social de la isla que, al ser compartidas por el artista en enero de 2025, capturaron 20 millones de visualizaciones en un parpadeo. Bad Bunny no quería que su audiencia simplemente consumiera ritmos en YouTube, quería que el contexto histórico fuera el hilo conductor de la experiencia.
Un texto académico, en español, convertido en tendencia global.
Cada era tiene sus tótems. Bad Bunny no inventó la rebeldía, pero sus gestos delinean una nueva soberanía cultural: poner al pueblo por delante y defender lo propio antes que lo extranjerizante. Es una posta que hereda de otros momentos de quiebre en la isla, como cuando Ricky Martin se puso al frente de las manifestaciones de 2019, agitando la bandera del orgullo gay desde lo alto de un camión, convirtiendo la protesta en una performance de identidad colectiva.
Quizás sea el acto de resistencia que un pueblo como el nuestro, el argentino, no solo comprende sino que celebra con fervor, el mismo fandom que, apenas diez días atrás, se entregó al furor del esnobismo del “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina”.
Para Benito, el mensaje y el mercado son lo mismo. Mientras algunos discuten sobre el origen de su guardarropa, él está ocupado ejecutando su plan maestro: llenar tres estadios River este fin de semana no es una prueba de vigencia; es una toma de posesión.

