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Mujeres Vestidas por Mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

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De sastre y cerúleo: El look de Andy Sachs para sobrevivir la crisis de los medios

 

Revisitar a los personajes creados por la escritora Lauren Weisberger veinte años después genera sensaciones. La idea de encajar la vieja aristocracia de la moda en una cultura donde todo el contenido se consume y se olvida en un parpadeo. Pero El diablo viste de Prada 2, dirigida otra vez por David Frankel a partir de una historia original, le da un caderazo a la parodia autocomplaciente para registrar una crónica sobre la transformación y crisis de la escena mediática actual. 


Hay que decir que el verdadero melodrama sucedió fuera de la pantalla. No creimos estar vivos para asistir a cómo el fenómeno devoró a sus propias musas: ver a Anna Wintour adueñarse del mito y ubicándose en portada junto a Mery Streep en Vogue, mientras la Emily Blunt de la vida real —la estilista Leslie Fremar— se sentaba con Chloe Malle para una entrevista. Malle, con el estilo incisivo que ametralla preguntas sin dejar respiro, logró extraer expresiones y pocas palabras - pero las necesarias - para ponerse en el lugar de la mujer devenida en un arquetipo. Sin embargo, en la cultura del scroll infinito, todo este fascinante trasfondo se diluyó pronto. Quedó atrapado en la dinámica del contenido efímero de las redes. 


El diablo viste de Prada 2 tuvo un presupuesto estimado en USD 100 millones de dólares y al día de hoy, a una semana de cumplirse un mes de su estreno, lleva recaudado a nivel mundial 553,825,726. Este éxito taquillero invita a revisar el look de Andy Sachs. La diseñadora de vestuario Molly Rogers entendió que el guardarropa de Anne Hathaway no se iba a construir con tendencias pasajeras: “Tuve que dejar de lado piezas que sabía que no resistirían el paso del tiempo en los próximos veinte años, por más que me doliera devolver algunos artículos. El vestuario tenía que ser perdurable”, dice en las notas de producción. 


La propuesta de Rogers para Andy es una reconfiguración de la sastrería masculina tradicional. 
La ex co-equiper de Patricia Field hizo un híbrido entre el encanto desaliñado de Annie Hall y la soberbia estructural de Katharine Hepburn. La pasarela de outfits van con blazers impecables de Dolce & Gabbana y Louis Vuitton, blusas - de seda con etiqueta de Tom Ford-, pantalones de tiro alto y chalecos, entre los que sobresale un diseño tejido en azul cerúleo que funciona como un abrazo al pasado. 


La evolución de Andy Sachs en El diablo viste de Prada 2 se narra con un vestido de Gabriela Hearst con zapatos Chloé para su estancia en los Hamptons. Un conjunto de bouclé con cartera acolchada a tono firmado enteramente por Chanel para sus días en Milán. El tándem de chaleco y pantalón de Jean-Paul Gaultier y un bolso Coach. 

El panorama de los medios se desmorona, pero un buen corte de sastrería resiste.