Argentina - Inglaterra: Otra excusa para hablar de Otamendi
El dueño de la fiesta en redes sociales tiene un temperamento magnético. La cámara lo ama (y El General la ama a ella). De hecho, la moda está funcionando como una extensión del rendimiento deportivo: el mundial de futbol confirma que la vestimenta individual es el canal de expresión más claro para los futbolistas fuera del campo de juego. Otamendi demuestra esta búsqueda vistiendo de manera explícita con marcas de diseñador. El fútbol permite que los hombres se preocupen por la indumentaria manteniendo su perfil de deportista como el eje central de su vida pública. No es un fenómeno nuevo. Diego Maradona construyó el precedente histórico de esta conducta mediante el uso de prendas icónicas y exageradas para mostrarse. El sentido de pertenencia grupal y el orgullo patrio le dan un carácter funcional a estas decisiones de estilo. La ostentación individual queda legitimada bajo el marco de la representación nacional.
Otamendi traslada esa seguridad a los pasillos de los aeropuertos, que la Scaloneta convirtió en pasarelas de moda urbana. Oriundo de El Talar, al norte de la provincia de Buenos Aires, el flamante refuerzo de River Plate —se sumará formalmente al club tras la cita mundialista— camina con un pavoneo que une el juego de la cancha (donde entrena con los shorts arremangados en los muslos y un paisaje visual de tatuajes) con una predilección por vestir looks voluminosos.
La silueta del campeón se arma con formas amplias y una devoción por el oversized. Su estilo característico se apoya en los hombros caídos de remeras que llegan a los codos, camisas cuadradas y pantalones holgados que caen con el peso textil justo sobre zapatillas de suela gruesa, casi siempre firmadas por Nike. Se nota un ojo atento para adoptar los códigos callejeros que Demna Gvasalia impuso en su época en Balenciaga. En el placard del número 19 de la Selección Argentina, las marcas de lujo entran con naturalidad. Están las zapatillas Cactus Jack x Nike de Travis Scott, el catálogo de Balenciaga y el bolso Hermès Haut à Courroies —la Birkin original que también lleva Lionel Messi. También un despliegue de monogramas Louis Vuitton. Es una apuesta maximalista donde la alta costura convive con los gorros de diseñador y la tinta en la piel. Un registro personal que documenta cómo se cruzan hoy el fútbol, la calle y las pasarelas europeas.


