El último emperador sale de escena: Murió Valentino
Con la muerte de Valentino Garavani a los 93 años este 19 de enero en Roma, despedimos también una definición de la moda que hoy parece, en el mejor de los casos, un anacronismo glorioso. Valentino construía un lenguaje de feminidad absoluta articulado en un rojo tan específico que terminó por llevar su nombre.
“Puedo aceptar tu ausencia, pero nunca tu muerte. La memoria, el recuerdo y el amor nos acompañan para siempre”, escribió Pierpaolo Piccioli
Nacido en Voghera en 1932, su carrera parece una lección de cálculo estético. Tras formarse en París con Jean Dessès, regresó a Italia para abrir su taller en la Via Condotti en 1959. Pero el genio creativo necesita un guardián: la llegada de Giancarlo Giammetti transformó el talento de Valentino en un conglomerado global. Juntos entendieron, mucho antes que los conglomerados, que el prestigio de la Alta Costura, establecida en su palacio de Piazza di Spagna en 1967, servía para vender el volumen del prêt-à-porter.
El negocio del mito
Mientras su Colección Blanca de 1962 funcionaba como un bálsamo de pureza que silenciaba el caos juvenil y la psicodelia de la época, su mano derecha, Giancarlo Giammetti, orquestaba la expansión de un imperio que llegaría a sostener 42 licencias. Fue una coreografía perfecta entre el misticismo del palacio y la realidad del mercado, una dualidad que le valió honores como la Legión de Honor y la Gran Croce antes de su calculado retiro en 2008, en el desfile de la colección primavera verano Couture. Aquella salida fue una despedida cinematográfica con el estreno del documental The Last Emperor, que lo paseó por los festivales del mundo del brazo de Anne Hathaway, para quien diseñaría su vestido de novia en 2012, huyendo de una industria ya obsesionada con los algoritmos que con el rigor del corte. Incluso en su despedida, Valentino demostró una visión inusual y precursora en ese momento, al lanzar en 2011 su propio museo virtual en 3D, digitalizando su "burbuja de cristal" para que su legado de elegancia absoluta pudiera ser habitado por una generación que, paradójicamente, ya no viste de gala.
“Hoy falleció un hombre extraordinario... una figura central en la historia cultural italiana que recorrió el mundo con una delicadeza excepcional, un rigor silencioso y un amor inagotable por la belleza”, resaltó Alessandro Michele.
El veredicto final
Tras su salida, sus herederos Maria Grazia Chiuri, Pierpaolo Piccioli y ahora Alessandro Michele buscaron mantener su gramática. Valentino fue el último exponente de una era donde la elegancia no era una opción, sino una liturgia innegociable. Su muerte es el recordatorio de que, en la moda actual, ya no quedan emperadores, solo directores creativos.


