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#Zapatos A la medida de mi pie

La mujer en movimiento se relaciona con los zapatos como un objeto de deseo que posee virtudes mágicas, propio del universo femenino. En cuanto se los calza la hace sentir más linda, sofisticada, delgada o sexy. En sintonía con el momento intelectual actual de la moda, hoy logra ser considerada como un terreno para que la mujer pueda afirmar su identidad, luego de ganar la batalla de ser vista como un tipo de servidumbre femenina, según la óptica del feminismo.

En las manos de los artesanos de los zapatos queda la historia de este fetiche femenino. De André Perugia diseñando modelos exclusivos para Paul Poiret, luego de la Primera Guerra Mundial, a los diseñadores que más se han destacado por su creatividad con maestría de escultor, como Roger Vivier y el emblema de la innovación, Salvatore Ferragamo, elegido además como zapatero por las celebridades justo cuando Holllywood complementaba su industria cinematográfica con el gesto de impulsar las modas a través del star system y su propio plantel de diseñadores que delineaban los estilos de las estrellas, cimentado como espejo donde las mujeres pudieran inspirarse.

La artesanía de los zapatos consistía en confeccionar a mano los modelos, crear la horma según el pie de la clienta y capturar con creatividad la esencia del momento.

Con la llegada de las tendencias al mundo de la moda, a fines de los años 50' y más tarde el consumo daba pie al consumismo, el método del hand made se fue perdiendo de a poco. Por lo costoso del proceso frente a lo económico que resulta el armado seriado, como lo difícil de satisfacer con rapidez las necesidades de una mujer que busca a diario novedad.


En la actualidad, la moda global contempla las dos caras de estos requerimientos y lo que tanto alejó a Argentina de las capitales productoras de la moda puede que inicie ahora una referencia a lo que se conoce como Marca País.
El individualismo que nos caracteriza puede ser entendido como un prisma a través del cual entender una época, una sociedad donde las tendencias dejan su lugar a las modas y diversos estilos de mujeres buscan algo que no está expuesto en la uniformidad de las vidrieras.

Mientras que en ciudades que fueron cuna del hecho a mano, como Milan y Paris, van perdiendo lo artesanal en sus diseños, en Buenos Aires existe un grupo de zapateras que mantiene el oficio, personalizan las tendencias y adhieren a lineamientos saludables para el cuidado de los pies.

La escena del zapato de autor en Argentina tiene como a una de sus iniciadoras a Sylvie Geronimi, una francesa que se radicó en Argentina en 1990, luego de formarse en la Ecole de la Chambre Syndicale de la Haute Couture Parisienne y en las clases de zapatería del Instituto San Crispin de Buenos Aires. Aquí encontró la mano de obra para dar curso a su pasión por el oficio de los zapatos y complementó su firma desarrollando prototipos para las colecciones que se presentan en pasarelas de Argentina, New York y Paris. Fabián Zitta, María Vázquez y Cora Groppo son los diseñadores que han contado con sus ideas. Con Martín Churba de Tramando trabaja en equipo, sumando las técnicas textiles de este empresario, en los zapatos que comercializa en la boutique.

Desde el año 2000 se ha multiplicado la oferta del zapato artesanal en el país y ascienden a más de veinte las etiquetas que ofertan el servicio, que tiene a la exclusividad y la edición limitada como esencia. El rango de precio comienza en $1400 y puede superar los $7000, ya que los costos varían según la estructura y el prestigio con el que cuenta la zapatera.

Sucede que los géneros que se utilizan como la personalización del modelo, llamado "a medida", permite que el zapato sea customizado por su usuaria, sumado a la horma que ofrece el bienestar en el andar, mantiene al pie descansado y la columna a salvo.


Una tarde en la boutique de Sylvie Geronimi permite ver a actrices, conductoras, políticas y turistas que llegan a Guido 1555 en busca del toque que las diferencie entre las demás mujeres. Escena similar ocurre en el taller de Palermo, donde la diseñadora personaliza los pedidos, con las novias como máximo referente de este trabajo, y tampoco faltan las monjitas que se acercan por recomendación del traumatólogo.
Aquí el tándem belleza y salud se fusiona como postal en un zapato.

“Siempre intento darles a mis clientas la libertad de encontrar en mi colección su propio estilo y no imponerles un prototipo de mujer”, me dice Sylvie Geronimi mientras ejecuta con precisión quirúrgica los recortes en una seda francesa estampada que formará parte de trece pares de sandalias.

Sobre la mesa de trabajo se distribuyen rasos, cueros, trabajados también en transfer y crocco, cabritilla, charol, lycra, glitter y bordados.

La diseñadora observa que su trabajo en patchwork, como este mix de texturas, que sugiere una de las señas particulares de su marca, puede referenciarse "como guiño sobre el momento que vivimos mundialmente, en el que todas las uniones y mezclas terminan siendo posibles".

1 comentario:

Marcia Quiroz dijo...

Soy diseñadora industrial y zapatera. Hacer un par de zapatos con mis propias manos, desde la concepción de la idea hasta mis pies es sencillamente una de las mejores sensaciones que experimento día a día. Impecable redacción y grandioso contenido!Es un oficio tan apasionante y noble que merece estos espacios de difusión. Beso Lore!