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por Lorena Pérez

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Postales de viaje: Costa del Este tiene talles reales


Costa del Este es un lugar de pinos, calles de tierra y sonidos de bichos. Es un campo, a poco más de 300 km de la ciudad de Buenos Aires, sin más vistas que chalets diferenciados en calles con nombre de flores y alguna que otra casa extravagante levantada con paredes de vidrios y escondida en el bosque.

Más allá de la esmerada cobertura que pone el noticiero para retratar a Costa del Este como un destino top, éste es un lugar tranquilo y sin pretensión de mostrar las claves de lo que hoy se entiende como lifestyle. Acá es más Facebook que Instagram. Sin embargo, Costa del Este tiene una idea recurrente: los talles reales.

Por estas calles comandadas por sapos y liebres no se ven mujeres amatambradas ni un look logrado con la última imagen de moda.
Apenas 2 cuadras asfaltadas que cruzan la avenida principal, la que indica el centro del pueblo, son necesarias para ver locales de ropa con carteles que le hablan a la mujer que se viste todos los días. Claudia, la vendedora de una casa de trajes de baño, asegura que tiene los talles 1 y 2 sólo porque siempre hay una nena que quiere comprar, pero que todas las mujeres son talle 3 y 4 "y si pongo 5 también lo vendería. A quien se le ocurre comprar una malla que le quede chica?" Allí le explico que es el mercado el que ofrece los talles irreales. "Pero a mi no me entra en la cabeza esa lógica. Tengo un negocio, quiero vender y para eso necesito darle a la clienta lo que va a usar. Y acá las mujeres compran algo que van a usar ya. Así como se lo llevan les tiene que entrar la bikini. Sabés que modelo es el más vendido? El culotte, porque disimula la panza."


El short y la musculosa suele ser el uniforme del verano playero, condimentado con pareos, short de jean o blusas y vestidos. Estas piezas son las que nutren otro de los locales de ropa que hay en una galería del centro de Costa del Este. El letrero no apela a la siempre invocada mujer real, sino a los más buscados: "talles normales". Cuando se cruza la Avenida 2 hay una seguidilla de locales que se visibilizan mejor desde que "Costa Dulce", la cafetería furor del pueblo,  se mudó a la calle Las Camelias. En esa cuadra está "Ir al cielo", una boutique de diseño que se especializa en pintar sus telas a mano, tarea de Roy Ávila, y luego Ivana De Luis las corta en una moldería "para los cuerpos reales de las mujeres actuales", tal como anuncian las letras molde en su vidriera. Adentro hay talles generosos y una variedad de vestidos, pantalones o camisas y remeras que nada tienen que envidiarle a la filosofía textil de Tramando.

A las mujeres les cuesta encontrar ropa en sus talles y sé que este tipo de historias se replican en los barrios, donde las boutiques con nombre propio tiene más noción de su clienta que cualquier marca de shopping. Se anuncian en revistas y cuentan con cientos de embajadoras en redes sociales, pero les cuesta contar con un rango de entre 7 y 8 talles y que esos mismos talles tengan la misma medida en otras marcas y lugares, tal como indica la ley:“garantizar la existencia de una serie normalizada de talles correspondientes a las medidas corporales de la población”.

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