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por Lorena Pérez

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Un mundo de vestidos

Hay vestidos de un tipo de belleza sofisticada que parecen apropiados para un cuento de hadas, están fuera de la realidad. Hablan de una noción de elegancia y pretensión más cercana a los orígenes de la moda por su condición exclusiva y hecho a la medida de un cuerpo real. Pero también de una relación entre la mujer y su ropa.

Gabriel Lage lleva 25 años en su atelier creando vestidos que se lucen en la pantalla masiva de la televisión, como cuando viste a Mirtha Legrand o Mariana Fabbiani, a quien vistió en la última entrega de los premios Martín Fierro, generan repercusión en la red carpet cuando los lleva Susana Giménez o tiene un impacto internacional cuando la Primera Dama Juliana Awada los luce en los actos oficiales.


La mirada ajena puede percibir un vestido hecho a medida como una prenda bien concebida, pero internamente cuenta una historia sustentada en la ilusión, en un proceso dinamizado por los estados de ánimo y las sensaciones que revelan cómo una prenda puede hacer sentir a una mujer. En este proceso es imprescindible el acompañamiento y la mirada amable de un experto. “Empecé dando un trabajo especial a las cosas porque realmente me gustaba vestir a una mujer muy espléndida, desde la mirada de diseñador y como hombre. Me gusta una mujer elegante, que me atrape, que pueda admirar y que me fascine. Eso fue lo que me hizo volcar a la Couture”, dice Gabriel Lage, quien se expresa sobre la silueta femenina y lo cuenta:
"Me crié con un sastre, que es mi padre y quien me enseñó todo el oficio. También surge un poco de mi inconformidad y mi curiosidad. Comencé haciendo prêt-à-porter y me aburrió, necesitaba un reto, llegar a más. Dedicarme a la Couture me permite hacer arquitectura en un cuerpo y un poco de arquitectura en una personalidad: lograr congeniar personalidad con cuerpo y eso se va trabajando de a poco, se va sintiendo, se va palpando. La alta costura te permite ir probando, ir conociendo a esa persona que es tu musa en ese momento. Creo que eso es lo que me hizo elegir hacer esto. Hay pasión por mejorar yo, por mejorar un cuerpo, por hacer que alguien se sienta espléndido."

Buenos Aires está lejos de Paris, la cuna de la Alta Costura. ¿Qué conocías del oficio cuando empezaste a trabajar?
~ Mi viejo me enseñó todo el oficio. ¡Odiaba eso! A los 8 años volvía del colegio y me ponía a coser. Me sirvió mucho, es verdad, pero te soy sincero, hoy no corto, pero realmente lo se hacer. Creo estilos de acuerdo a lo que sé y los puedo ir variando y me animo mucho mas justamente porque sé cómo se hace. Cuando comencé, en los 90’, en Buenos Aires estaba Gino Bogani, Sylvie Burstin se ocupaba de Nina Ricci, no había mucho más, porque la mujer era de ir a la modista. En ese momento presenté una colección exótica que tuvo malas críticas por parte de la prensa pero se vendió muy bien. Con el tiempo fuimos creciendo, mudando y agrandando. Hoy tenemos un atelier, con nuestros propios talleres.


La mujer no suele tener una imagen nítida de sí misma. Con tu experiencia, ¿cómo ves a la mujer argentina?
~ La mayoría de las mujeres argentinas se ven mal y sin embargo están muy bien, o sea no se ven como realmente son. Están espléndidas, pero se quejan de cosas que realmente no valen la pena. Yo creo que si vas a estar muy bien vestida, nadie va a mirar ese 1% que hay en el brazo o en la espalda, y si alguien lo mira, que no te importe, porque es evidente que no te sirve esa persona.

¿Cómo se maneja entonces la calidad emocional de una mujer que piensa que tiene defectos donde vos no los ves?
~ Para creer que ese defecto existe tengo que verlo, porque la mujer argentina exagera lo malo. Hay que considerar que es imposible ser perfecto. Mi trabajo es resaltar lo que más le gusta a ella y suavizar lo que no, aunque yo no crea que sea verdad lo que está diciendo. Insisto en disimularlo para que se sienta cómoda y así lograr que desde la personalidad se sienta fantástica y que no vea ese defecto que cree que tiene. El problema es cultural, nos venden eternas juventudes, mucho photoshop y personas que no son reales. Eso pone una carga muy fuerte sobre la mujer y hay quienes lo pueden llevar, pero muchas no. Está bien querer verse mejor, pero no perder la línea. Si se casa tu hijo y pareces una nena de 19 años hay algo que no está bien. Podés estar fresca, divina y muchas creen que están mejor pero en verdad se ven ridículas.


VESTIR A MEDIDA
Parece de ensueño, pero debe ser tedioso. ¿Cómo es el proceso de confección de un vestido hecho a medida?
~ Tengo una mala fama que dice que siempre hago lo que quiero. No es que soy rígido, pero no hago nada que no me parezca que sea para bien. Si veo que algo que me pedis es criterioso y te queda bien, lo hago, pero a veces esa carga de que se case tu hijo, del vestido de novia o de querer estar divina para una fiesta hace que se pierdan los parámetros y entonces lo que hago es manejar esos parámetros. “Hasta acá podemos, hasta acá estás elegante”, las animo y las voy acompañando para que lo vivan y sientan bien. Hay un momento en este proceso en que aflojan y eso es divino. Muchas vienen con la revista en la mano y terminan agradeciendo que no les hagas caso porque es ese momento en que toman confianza y surge su personalidad. Se empiezan a sentir bien, a sentir espléndidas. Hacer un vestido muy de a poco es difícil. Yo dibujo arriba tuyo, al principio son harapos, marco arriba del cuerpo. La primera vez te ves marcando todas esas cosas que querés disimular, se va haciendo muy de a poco. Son entre 6 y 8 citas y la confección del vestido dura entre 3 a 6 meses. Hay muchas manos trabajando en eso. Nosotros buscamos que ningún género quede como estaba, creamos las telas, las intervenimos con bordados, apliques de hilo de seda, los dibujos. Por ejemplo, un vestido puede tener mi diseño, eso pasa a la cortadora, luego a la modista, después a un diseñador que lleva un dibujo a escala. Eso pasa a un bordador de hilo de seda, se buscan los colores y de ahí al teñidor, vuelve a la modista, recorta y se prueba. Recién ahí pasa a la bordadora. Nosotros bordamos con vestido hecho, no con tela abierta, para que no se vean las costuras. Son muchas manos. Es un proceso grande, largo.


Gabriel Lage hoy es un reconocido diseñador de vestidos de alta moda, pero su pasado está relacionado a la música: gestionó su pasión como DJ, incluso al frente de dos discotecas. “Organizaba fiestas, mezclaba temas, pero lo mío no era la noche. Me lancé con la costura y vi que lo que hacía se vendía. Empecé en Mar del Plata y en 1995 me instalé en Buenos Aires” recuerda el diseñador que también se aleja del estereotipo del creador inspirado por todo lo que lo rodea: “Siempre pienso en una mujer. No sé explicar la inspiración, un viaje me abre la cabeza, no me inspira. Mis vestidos surgen de una mujer, en general pienso en las modelos”, dice Lage mientras muestra videos de procesos de creación de telas o expone los detalles y secretos de un modelo sobre el manequí y asegura que no replica vestidos porque siempre busca que haga sentir única y especial a la mujer que lo va a comprar. “Te soy sincero, los vestidos que usa la Primera Dama los podría vender al por mayor, pero para mi es mejor hacer un vestido a la medida de quien lo va a lucir.”



¿Cómo es la experiencia de vestir a Juliana Awada?
~ Juliana entiende de moda, tiene claro que un vestido necesita tiempo. Sabemos de la presión que existe por la cantidad de gente que la va a ver. Te da una adrenalina, un orgullo especial y un ego también, se mezcla todo sinceramente. Siguen pasando los años y me sigue doliendo el estómago cuando se que visto a alguien con tanta exposición.
"Te puedo contar que Juliana se comporta como cualquier clienta, con Mirtha y Susana me pasa igual, vienen a las citas, se dejan aconsejar. Las primeras pruebas siempre son en mi atelier porque elegimos telas, colores. En las pruebas expres voy a sus casas, se vive muy bien el proceso, lo que habla también de una educación por parte de ellas. Juliana es un placer. Hay un protocolo para vestirla. Hay líneas o siluetas que se deben respetar según lo que dice las reglas, como el vestido que lució en la cena con los Obama, ella debía tener un diseño similar al que lució Michelle. Juliana tiene claro que es lo que hace. No le cuesta definir, por ejemplo busca usar sin mangas porque se siente más fresca y sensual."

¿Y los vestidos se devuelven, se pagan? 
~ Juliana devuelve todo, ella sabe que esto se va a archivar. Mirtha Legrand se queda con todo y repite los vestidos cuando le gustan mucho.
Para nosotros es publicidad, paga suficiente, además de ser mujeres que lucen a un diseñador argentino, con mano de obra local y valoran el trabajo artesanal.

Imágenes: Gabriel Lage | de la colección "Sofía" presentada en España. 
Entrevista publicada en "Clase Ejecutiva", la revista del diario El Cronista

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