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Mujeres Vestidas por Mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

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La discreción de Anna Wintour


Cuando Anna Wintour asumió como directora de Vogue, en 1988, la revista ya era la biblia de la moda. La primera portada de la era Wintour, la modelo lucía un top Couture de Christian Lacroix y jeans, la era de la democratización de la moda comenzaba, aunque H&M y Zara aún no estaban en agenda. Ahí reside el encanto de esta dama que lleva más de 30 años al mando del magazine: leer la época y adaptarse. Amada y odiada, la figura de Wintour no pasa desapercibida. En su vestuario, Anna Wintour elige los vestidos por sobre los pantalones. Su rostro siempre está enmarcado por una melenita rubia y flequillo, cerrado por lentes de sol, indefectiblemente. Estampas coloridas en siluetas lánguidas de vestidos y tapados que alargan su figura hacen su uniforme laboral donde sólo es reconocible la etiqueta Chanel y el modelo de sandalias nude de Manolo Blahnik que repite hace años. Porque son cómodas, dice.


En 1995 se hizo cargo - a través de Vogue - de la organización de la gala que acompaña la exhibición de primavera del Metropolitan Museum de New York. 19 años después de contraer esta responsabilidad y más 120 millones de dólares recaudados para el Costume Institute, esta dama de la moda ayudó a consolidar a la institución como uno de los archivos mundiales más grandes de la moda cuyos fondos sustentan el presupuesto anual, que asciende a 12,5 millones de dólares.


Antes de Anna, el Instituto del Vestido no era estimado como un área de arte: como metáfora, estaba en el subsuelo. Las exhibiciones eran vistas con los ojos prejuiciosos con los que se mira a la moda, aspecto que cambió en 2011, cuando 'Alexander McQueen: Savage Beauty' se convirtió en una de las 5 muestras más visitadas en la historia del Metropolitan de New York. Esta fue la oportunidad de poner a la moda en el mismo lente que el arte, pues los trajes están cargados de conceptos y responden a principios estéticos, por lo que es posible someterla a sus mismos criterios. Desde entonces, hay que hacer fila para ingresar a las muestras de moda del Met.


El ritual comienza el primer lunes de mayo, cuando se celebra la gala que posibilita la recaudación: las casas de moda compran las entradas e invitan a las celebridades a compartir la mesa, no sin antes contar con el OK de Anna. El show comienza con la red carpet que se arma en el museo y el dress code implica que los invitados se vistan para reflejar el tema. Este año fue el ensayo de Susan Sontag el disparador de la exposición "Camp: Notes on fashion". Quien mejor que Lady Gaga como host para interpretar el gusto por lo extravagante y revalorizar otras formas, como el humor, la ironía y la exageración, como lenguaje para que la moda se exprese.


Uno de los gestos que identifican a Anna Wintour es la discreción. Ella está visible durante la temporada de desfiles. Acompañada por guardaespaldas, pero no para evitar a los fans que se agolpan por una foto - ni chances de vender humo con Wintour - sino que esta dama poderosa quedó en la mira de los grupos defensores de los derechos de los animales, porque a Anna le gusta usar pieles. Pero estos hechos no hacen a la fama ganada, tampoco resulta crucial lo que se publica en las páginas de Vogue, pero si el prestigio logrado por su influyente voz, ahí reside el peso de su figura. Wintour tiene la capacidad de lanzar la carrera de un diseñador o poner en agenda a los jóvenes y ayudarlos a construir una empresa rentable. La política también está entre sus actividades. De hecho, fue Anna quien logró la recaudación más grande para Barack Obama en su carrera presidencial.


Estos gestos hacen que Wintour sea respetada o cuestionada en las mismas dosis. Si la mirada ajena se va de las manos, la dama responderá con periodismo. Así sucedió cuando The New York Times tituló a una de las galas del MET como "La fiesta de Anna". Su respuesta fue "El primer lunes de mayo", un documental que muestra el trabajo y el equipo detrás de esta producción que lejos está en ser el capricho de la directora de Vogue. Cuando "El diablo se viste de Prada" se convirtió en un éxito de taquilla, el público dio como dato certero la crueldad y frivolidad que encierra al mundo de la moda, con Anna Wintour como espejo de esta maldad que el film reflejó, basado en la novela de Lauren Weisberg, antigua asistente de Wintour. Anna aquí argumentó con "The September Issue", el documental que registra el hacer de la edición de septiembre. Hay glamour y roces, también mucho trabajo y talento.


La era digital no la tomó desprevenida. De vender más de un millón de ejemplares mensuales a competir con los contenidos de las redes sociales. Wintour dijo en la Women in the World Summit que este momento es una posibilidad para ensalzar el periodismo de moda. "Tenemos estas oportunidades para hablar a nuestras audiencias por millones a través de todos estos canales diferentes. Es la forma en que utilizas esas diferentes vías para hablar con tu público. Eso, para mí, es el cambio más grande." Si Anna lo dice...