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Mujeres Vestidas por Mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital fundado en 2006 que promueve prácticas y temas de manera pionera en latinoamérica. Coberturas, crónicas, entrevistas y reseñas que ponen en contexto a la moda en la cultura y su impacto en la sociedad.¡Bienvenidos!
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#Mujeres El estilo de Griselda Siciliani

Si la televisión es populista, Griselda Siciliani podría ser una de las referentes de la mujer argentina por lo que significa su reinado desde la pantalla de Telefe. Con "Educando a Nina", la actriz no sólo protagoniza uno de los programas más vistos del prime time televisivo sino que se destaca como toda una artista integral en base a un despliegue de talento que no suele ser visto en la pantalla chica. Porque esta ficción de Underground Producciones fue escrita especialmente para Siciliani, una performer de 38 años formada en danzas y con un currículum nutrido por su labor en musicales, comedias y dramas.

Otra fuente de referencias públicas de Siciliani es la exposición que hace de su figura a través de su cuenta en Instagram, dada la relevancia que tiene esta plataforma digital en particular para componer los estereotipos femeninos actuales al involucrar un registro de cómo se ven y experimentan su imagen desde la propia subjetividad. Es allí, entonces, donde la actriz, bailarina y cantante se muestra, cual espejo, reafirmando aquello que en las alfombras rojas no permite dilucidar. Porque, año a año, si bien logra generar impacto en las galas del Martín Fierro y eventos similares del mundillo del espectáculo, no asume un estilo concreto: a veces ultra sexy, en ocasiones extremadamente sobria, ayer de súper corto, mañana de mega largo, oscilando entre diseñadores de alta costura como Gabriel Lage y vanguardistas como Garza Lobos.


Viéndola en esas ocasiones de lucimiento, es poca la información que brinda sobre qué tipo de mujer aspira a ser. Sin embargo, en su día a día reflejado en Instagram expresa todas esas definiciones que en la red carpet escatima. A cara lavada, con su hija Margarita, ensayando y posando –como embajadora de Selú, marca de ropa interior, principalmente– son los gestos que se permite compartir, acordes a una vida real que no reniega de su pertenencia a un mundo aspiracional para sus seguidores. Es justamente en esa mezcla de jovialidad y sensualidad donde se re- conoce cómoda.

Para la mirada masiva, la carrera de Siciliani comenzó en "Sin código", la tira televisiva donde conoció a su pareja, Adrián Suar –gerente de Programación de El Trece–, con quienes son padres de una niña nacida en 2012. Fue por su rol en ese programa, donde interpretaba a una secretaria despistada, que ganó el reconocimiento como Revelación 2005 en los Martín Fierro.

Su primer protagónico en la pantalla chica llegó con el infantil "Patito feo", siguió en la comedia dramática "Para vestir santos" y en la miniserie "Farsantes". En paralelo, se destacó en la película de culto "El último Elvis", dirigida por Armando Bo, pero fue –es y seguirá siendo– en el teatro donde la versatilidad de esta artista se explaya. Desde la intimidad del Velma Café con "Quiero llenarme de ti" al Faena Hotel&Universe con "El Rebenque Show", incluyendo "Revista Nacional" en un espacio del circuito comercial como el Teatro Ópera, Siciliani está a la altura de su talento cada vez que sube al escenario. Y en producciones más recientes y jugadas –"Corazón idiota", con Carla Peterson; "Estás que te pelas" y "Sputza!", con Carlos Casella–, se consolidó como una de las musas del exquisito Pablo Ramírez, quien no sólo la ha vestido con diseños exclusivos para varias alfombras rojas sino que también le dedicó piezas únicas de vestuario que la ensalzan como una diva con los pies sobre la tierra.

El vestuario diseñado por Pablo Ramírez para Griselda Siciliani en "Sputza!", musical estilo confesionario amoroso en tono italiano donde se interpretan todos los cliches amorosos, presentado en La Trastienda, donde la actriz y bailarina explota una sensualidad correspondida en su co-equiper Carlos Casella.

Una versión de esta nota fue publicada en "Clase Ejecutiva", la revista lifestyle del diario El Cronista

#Mujeres El estilo de una época según Araceli González

Una versión de esta nota fue publicada en la edición de febrero de "Clase Ejecutiva", la revista del diario El Cronista

Araceli González pertenece a la generación de celebrities que desde la televisión abrió y cambió el nivel de los estereotipos de mujer que la pantalla chica define en cada época. De "las chicas Olmedo", con Susana Romero, Beatriz Salomón y Silvia Pérez como emblemas de los años 80', a "las chicas Suar", donde Araceli, junto a Laura Novoa y Nancy Duplaá, resulta referente para reflejar la feminidad en los primeros momentos de la década del 90’.

Nuevamente en una novela, Araceli González protagoniza en El Trece uno de los culebrones del prime time del verano 2016. “Los ricos no piden permiso” replica esas historias que chocan clases sociales y mezclan buenos y malos. La ex modelo compone cada noche a una maestra que llega a la residencia de los Villalba escapando de su expareja Rafael Ferro y allí forma su trilogía amorosa con el capataz de la estancia, personaje interpretado por Luciano Castro, y uno de los hijos del clan de los ricos, en la piel de Juan Darthes. El vestuario de Araceli González en esta historia no es rutilante, sino más bien acorde a los códigos costumbrista de Pol-Ka, pero resulta como un continuador de la esencia bella y práctica de la única de las supermodelos del staff de Pancho Dotto que logró la masividad.

Fue la marca de jeans By Deep la que, un cuarto de siglo atrás, la llevó al estrellato al potenciar un rasgo que, por entonces, era sinónimo de belleza aspiracional lejana (y angelical) para las argentinas: el pelo corto.
Hecha la publicidad, llegó la televisión con “La banda del Golden Rocket” y el suceso de esta serie también dio lugar a que ella sea la noticia, pues comenzó a decorar las páginas de las revistas del corazón por su romance con Adrián Suar (con quien tuvo a su hijo Tomás), justo antes de convertirse en el nuevo zar de la ficción televisiva en la Argentina.

Sigue "la cabeza" como foco de referencia en el perfil artístico de Araceli, en 1994 estrena “Nano” una novela que protagoniza junto a Gustavo Bermúdez y ella interpreta a Camila, una mujer sordomuda que sostuvo el reinado de la modelo devenida en actriz como preferida del público y encandilaba las tardes con el lenguaje de señas.

En la evolución del estilo de Araceli González se mantiene la esencia de “barrio”, familiera, emprendedora y cercana a la mujer de su casa, a pesar de tener una belleza codiciada que sale de la media. En By Deep, Guillermo Aloe, presidente de la marca, la recuerda “igual a como se ve su hija Florencia Torrente actualmente” y sencilla, sin problema, por ejemplo, para tirarse al piso y hacer que entre uno de los jeans debido a los tejidos rígidos con las que se trabaja en ese entonces.

Han seguido novelas como “Sheik", “Próvocame”, junto a Romina Yan y a Chayanne, "1000 millones", participación de la versión local de “Amas de casa desesperadas”, “Guapas”, apariciones en "Mujeres Asesinas", debut en teatro en obras como “Closer y “Y las sirenas cantarán” - compartiendo escenario con Rodolfo Bebán-, haciendo cine junto a Pablo Echarri en la película “Alma Mía” y el libro infantil "Ada, el jardín y los miedos", la reinvención femenina que se percibió en Araceli fue a través de los largos del pelo, siempre con un emprendimiento propio que acompañe su presente actoral.

Araceli González, Street style para el flash 

En el inicio de su carrera fue la marca de ropa Aracoeli y no faltó por explorar otros rubros como lentes de sol, perfumería, como la marca Sucrerie donde incluso posó en uno de los lanzamientos junto a Rosita, su mamá y Flor Torrente, su hija, pues la línea de agua de flores de esta saga perfumera representaba a las mujeres de su familia.

Una sensualidad provocativa pero sin ser obvia desprendía la modelo en las gráficas de Caro Cuore (junto a las modelos icónicas de la época: Elizabeth Márquez, Bárbara Durand y Raquel Mancini). Más tarde su figura armónica mostró las propiedades de la ropa interior de Selú, lo que dio espacio a que la propia Araceli Gonzalez resultara la modelo ideal de su firma Ara Intimates que actualmente se comercializa en el mercado local.

En paralelo puede hacer equipo junto a Kiefer Sutherland para promocionar a Citröen o a Louis Vuitton, una de las mansiones que más expone el logo y gesto que Araceli nunca acompañó para mostrarse en revistas o en presentaciones.

Araceli González en Cannes, en 2012, junto a las embajadoras L' Oreal Luisana Lopilato, María Laura Santillán y Natalia Oreiro

Versátil, Araceli puede llamar la atención y nunca ser una más, aún cuando su vestuario la señale como una corredora de autos de carrera y su co-equiper haya sido Pappo, en la novela “Carola Casini”, como para acentuar esta idea del barrio que tanto gusta en la productora Pol-Ka. También explorar la cotidianeidad de una mujer que se está por casar en “Novia a los 40”, un reality show emitido por Fox Life que retrató los preparativos de su boda con Fabián Mazzei, su compañero desde 2008.

Si la pantalla brinda a la audiencia femenina modelos a las cuales aspirar, Araceli González se anticipó con su pelo corto y también acompañó con sus elecciones indumentarias los códigos del vestir de la mujer moderna. Jeans, tacos, blazer no se atreven a suavizar esa belleza contundente que emana la actriz. En los eventos de red carpet Ménage A Trois, Javier Saich (el diseñador que confeccionó su vestido de novia) y Jorge Ibañez resultan las etiquetas elegidas.

Encantadora y natural, la vida pública de Araceli González tiene estas señas que también la llevaron a ser embajadora de L’Oreal y obviamente su pelo, la herramienta más poderosa para remarcar su presencia, será el receptor de uno de los tintes de “Excellence”. También " Revitalift”, la línea antiage que apunta a las mujeres de 40, tiene como cara visible a esta morocha de 48 años que nunca se deslumbró con la fama y supo sacar de la notoriedad el potencial para mostrarse como mucho más que la chica de pelo corto.

#Mujeres El estilo de Susana Giménez

Susana Giménez es la primera diva multimedia. Su estrella se encendió en los años '70. Desde entonces, publicidad, cine, teatro y televisión y medios gráficos la consagraron como una figura popular a la que se le disculpa (casi) todo. Fashionista, sus cambios de look a lo largo de las últimas cinco décadas permiten trazar la evolución del estilo indumentario de las argentinas.

Dirigida por Arturo Puig, Susana Giménez volvió a las tablas generando ingresos por 70 millones de pesos.

Su popularidad está más viva que nunca. Así lo demostró en 2015, cuando cambió la pantalla masiva de la televisión por el escenario del Lola Membrives. Fue el regreso de Susana Giménez a las tablas, tras 24 años, con la comedia francesa Piel de Judas de Pierre Barillet y Jean-Pierre Gredy. La fidelidad del público, que durante los 7 meses que se mantuvo en cartelera no sólo llenó la sala sino que la esperó cada medianoche a la salida para saludarla, pedirle un autógrafo o rogarle una selfie, tuvo como recompensa esa espontaneidad que es el sello de fábrica de ‘la diva de los teléfonos’. Porque la conductora, actriz y exvedette tiene el don de convertir en espectáculo cada una de sus apariciones públicas. Así, noche a noche, desplegó su glamour al caminar la alfombra roja del foyer de esa sala porteña, equipada con todos los signos de identidad indumentaria que la caracterizan: mano en alto y sonrisa, outfit en animal print, accesorio de piel, melena leonina y maxigafas de sol... Para enfatizar su carisma, su imagen se proyectaba en una pantalla 3D, cual marquesina viviente... 

“Susana entiende y sabe de moda, conoce lo que está vigente. Está siempre impecable y bien cuidada, no so- lo con su ropa sino también con su piel y cabello. En todos los looks mantiene el acento en su figura de reloj de arena. Es un placer vestirla, porque siempre está muy segura de sí misma”, comenta Gustavo Cadile, diseñador argentino radicado en Nueva York, quien la atavió para los Martín Fierro 2012 con un celebrado dress de inspiración años ‘40 en azul cobalto.

POWER DIVA En general, las argentinas con vocación por la moda suelen mirar más allá de las fronteras para dar con referentes a quienes admirar o imitar. Pero, con cinco décadas de trayectoria, el estilo de Susana bien puede oficiar de oráculo nacional por su afinidad con el paladar estético local, pues aquellas elecciones que se consideran su gusto particular pronto se ven replicadas en la calle. Y viceversa. Ya que ella también sabe cómo apropiarse de las tendencias que más prenden entre las mujeres de a pie.

Susana siempre hizo una oda a las curvas, lo cual se traduce en su devoción por ajustar a silueta, por enmarcar las piernas en leggings, por adornarse con estampados y brillos, por rendirle tributo al animal print.

Giménez es la gran exponente de la fémina que se viste como le gusta, que conoce las novedades y las potencia con su toque personal. Ella desafía la relación de obediencia a lo ajeno y la tradición de emulación con la que se ha educado a la compatriota promedio, convenciéndola de que es más europea que latina. En cambio, Su alza la bandera de la belleza real y hace una oda a las curvas, lo cual se traduce en su devoción por ajustar a silueta, por enmarcar las piernas en leggings, por adornarse con estampados y brillos, por rendirle tributo al animal print sin complejos... Y por recurrir al negro en tanto comodín de sofisticación.

Así, su figura bien podría ser un emblema o síntesis de las preferencias de vestuario de la mujer argentina, si bien son pocas las que se animan –o a las que se les permite– portar todos esos atributos al mismo tiempo y en cualquier ocasión.

Si bien el lujo de los ítems que luce no están al alcance de la billetera de sus devotas seguidoras, su mérito es compartir con ellas un lenguaje indumentario que explica la cercanía con que se la percibe. Muchas veces se ha autoproclamado “loca por las compras”, de lo cual dan cuenta los tours de renovación de guardarropas en Miami, París y Nueva York que comparte con su hija Mercedes Sarrabayrouse y su nieta Lucía Celasco.

Con "Hola, Susana!"se aseguró ser la diva más difundida y desde ahí definió un estereotipo de belleza: la mujer poderosa, "la que se hace sola".

BRILLO ESTELAR Un rápido repaso de su exitosa y prolongada carrera demuestra que es una auténtica selfmade woman a lo argentino. Como modelo, se hizo famosa con la publicidad Shock, para la marca Cadum, en los ‘70.

Rápida de reflejos, se reinventó como vedette y actriz. En una época de particular efervescencia del cine nacional, filmó más de 30 películas, en paralelo con un rutilante ascenso en exitosos programas de la televisión, como Matrimonios y algo más. Así, comenzó a compartir cartel en la pantalla grande con figuras consagradas como Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Leonardo Favio y Sandro, y también encabezó una decena de obras de teatro taquilleras. Pero fue gracias al talk show Hola, Susana!, con el que debutó en 1987 en ATC, que adquirió estatura de diva. Desde ese escritorio con teléfono y flores frescas, pero también desde el living televisivo por donde pasaron grandes estrellas del espectáculo internacional, Giménez definió un estereotipo de belleza, de mujer empoderada –que se construye y gestiona a sí misma como marca– y de ídola popular.

A base de simpatía y autenticidad, logró que se le perdonara que no es bailarina, pero baila; no sabe cantar, pero canta; que no es periodista, pero entrevista... Incluso comercializó su propia versión de la muñeca Barbie –lookeada en animal print, por supuesto–, incursionó en el mundo de las fragancias y, básicamente, convirtió en oro todo lo que tocó.

Filmó más de 30 películas donde se la presentaba en la misma jerarquía de nombres masculinos.

Como la conductora estadounidense Oprah Winfrey, la mujer más influyente de su generación según las revistas Life y Time, Susana Giménez también lanzó su magazine, en 2008, cuyas portadas protagoniza con exclusividad. Y donde se permite mostrar, sin que se confunda con ostentar, su predilección por las grandes marcas de moda y accesorios.

A la hora de descifrar el código de vestimenta que la identifica, serán Roberto Cavalli y Emilio Pucci las etiquetas que comunican su glamour de alto impacto, así como los zapatos de Sergio Rossi y Giuseppe Zanotti transmiten su aspiración a la sofisticación. Mientras que, cuando está en modo street style chic, es marcada su vocación por lucir jeans, calzas, túnicas y chaquetas Chanel en acuerdo con carteras Prada y accesorios de Michael Kors, el rey del luxury sport.

Por Lorena Pérez | Publicado en la revista Clase Ejecutiva del Diario El Cronista
imágenes: El Cronista

#Mujeres El estilo de Juliana Awada, la nueva Primera Dama

La sencillez que caracteriza a la nueva Primera Dama: Cola de caballo, camisa de seda blanca (corpiño de encaje) acompañado por pantalón sastrero y cinturón

Juliana Awada es la nueva Primera Dama. La esposa de Mauricio Macri, Presidente Electo de los argentinos,  es una mujer que se destaca por sus looks siempre acertados e impecables.

Juliana Awada tiene un estilo que la distingue y apela a la elegancia rápida como seña que caracteriza al chic, valor estético que necesita de discernimiento para poder concretar esta idea de elegancia descontracturada, rápida y fácil.

Chic viene de schick - "actitud" en alemán - y Awada lleva muy bien este concepto de ir bien vestida con poco artificio y sin necesidad de extrema decoración.

Días atrás escribí sobre ella estas señas de estilo personal y que hoy fueron retratadas al salir a acompañar a Macri en Costa Salguero, cuando fue proclamado como el nuevo Presidente de la Nación: Juliana Awada es una empresaria textil y en su imagen personal se la percibe como alguien que recorre las tendencias con un paso muy propio, ella es capaz de hacerlas suyas.

Su estilo varía entre el colmo del chic, amparado con actitud, y lo romántico. Jeans, camisas, blusas, blazer, stilettos, chatitas y una melena que se destaca suelta, como en una prolija cola de caballo y que suma un make up natural que resalta los rasgos de esta morocha de 41 años.

#Elecciones2015 Juliana Awada luce un look de Awada Primavera / Verano 2016 

Nota: Juliana Awada comanda la marca familiar Awada, lanzada en los años 60' por su mamá Elsa Esther Baker de Awada y tanto esta firma como Cheeky, a cargo de su hermano Daniel Awada, fueron denunciadas por trabajo esclavo.
Ni ella como el Jefe de Gobierno Porteño y Presidente Electo se pronunciaron sobre el tema.

Imágenes: Cambiemos
Pueden mirar más looks de Juliana Awada en la pizarra de Pinterest

#Mujeres Perfil de estilo de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner

La ropa como herramienta de comunicación política. La habilidad para adaptar etiquetas premium internacionales y diseños de autor argentinos. La actitud de estar a la moda sin reconocerlo. Después de tres años de luto y de su licencia médica, la presidenta volvió a escena con los colores, texturas y detalles que la posicionaron como una jefa de Estado coqueta.

Imagen Presidencia

La evolución del estilo de Cristina Fernández de Kirchner es tan contundente como su carrera política. La primera mujer elegida presidente de la Argentina comenzó como diputada de la provincia de Santa Cruz, cargo que ejerció durante tres períodos consecutivos, y luego como senadora. Durante la primera magistratura de Néstor Kirchner, CFK dotó de un nuevo perfil al rol de Primera Dama. Fue entonces, como activa y estratégica representante del país en el exterior, que su look dio un giro radical. De aquel estilo informal de jeans y suéteres –acompañado por un flequillo sin gracia– con el que se dejaba fotografiar junto a su familia en la Patagonia, evolucionó con su protagonismo.

Paradójicamente, los hitos que la caracterizan se identifican con los gustos de la mujer argentina promedio: preferencia por el color negro, maquillaje teatral, abundantes accesorios. Y una actitud: estar atenta a la moda sin reconocerlo.

Su silueta admite prendas de la diseñadora argentina Susana Ortíz como de la firma italiana Prada, vestidos y camisas de Pablo Ramírez y Marcelo Senra. Esa es la síntesis del estilo CFK: adaptar cada etiqueta a su punto de vista, gesto que denota una convicción personal muy marcada en materia de imagen. Su guardarropas siempre dio que hablar, demostrando su habilidad para apelar a la indumentaria como herramienta de comunicación política. En los últimos años, el debate giró en torno a dos elecciones tan premeditadas como polémicas. Primero, su opción por el negro, asociado al luto y a la tristeza, que vistió rigurosamente desde la muerte de su marido, en 2010, y hasta hace pocas semanas.

De la frivolidad en la que despista a la platea periodística en su interpretación de la moda, los que adoran a Cristina la ven como una bella dama de la novela gótica, los que la critican la describen como una Lady Macbeth, en el medio hay una mujer que sabe comunicar con la ropa.

Imagen Presidencia

Pasado el tiempo, CFK se ocupó de aclarar que lo seguía vistiendo como un homenaje a Néstor, ya que era su color preferido. Como sea, es indudable que el negro está cargado de significados, por lo que también es válido asociarlo a la simplificación de la silueta así como a la resolución de anular la vestimenta como foco de debate. Es imposible que a CFK se le haya escapado que un total black genera mayor impacto dramático en una escena dominada por hombres de traje. El segundo tema de discusión se suscitó durante la campaña de las PASO, cuando se animó a lucir calzas, desafiando todas las reglas con un ítem impensado en el protocolo presidencial. Justo cuando los análisis de su estilo vivían una nueva primavera, su imprevista operación y posterior reposo obligó a una pausa no exenta de conjeturas sobre las condiciones en que volvería al ruedo, siendo su indumentaria uno de los tópicos. Efectivamente, para su reaparición mediática, transmitida a través de las redes sociales, Cristina maquilló un juego semántico acercándose al blanco, identificado simbólicamente con lo nuevo.

Ya sin las transparencias, lentejuelas y brillos con los que matizó el negro en los últimos tiempos, frente a la cámara comandada por su hija Florencia, la Presidenta apeló a los básicos: un cárdigan, un pantalón sastrero y una camisa blanca. Así llegó la primera señal de que, finalmente, la presidenta cerraba un período de tres años de outfits negros.

La saga del new look presidencial siguió con una falda midi de estampado floral gris y fondo blanco para tomarle juramento al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y continuó en la mirada pública en blanco total para la jura de la ministra de Seguridad, María Cecilia Rodríguez y el sacerdote Juan Carlos Molina, a cargo de la Sedronar, reincorporando inclusive esos toques que siempre la destacaron: drapeados, brillos y encajes que colman de detalles sus conjuntos y la han posicionado como una jefa de Estado coqueta.

Imagen @Blocdemoda

Un acierto: Carente de iluminación, el negro es un tono relacionado con un estado de ánimo apagado. La reaparición pública de Cristina, tras su licencia médica, matizó el total black de los últimos tres años con una camisa blanca, señal de actitud positiva, intención de cambio y fin de un luto que parecía permanente.

Un desacierto: CFK siempre fue fiel exponente del modo de vestir de las argentinas. Implementar las leggins fue un gesto para acercarse más, en tiempos de campaña, a lo que sucede en las calles. Aún siendo una situación excepcional, cruzó un límite vedado a su investidura.

Una sugerencia: Con el papa Francisco lució vestido de Pablo Ramírez y sombrero de Florencia Tellado. Su opción por diseñadores argentinos en eventos de semejante exposición mundial debería ser más frecuente para aprovechar la difusión de la marca país textil.

Publicado en Clase Ejecutiva, la revista del diario El Cronista.

#Mujeres El estilo de las aspirantes a Primera Dama: Juliana Awada, Karina Rabolini y Malena Galmarini

Karina Rabolini, Juliana Awada y Malena Galmarini son las candidatas a Primera Dama. En la recta final de cara a las elecciones del 25 de octubre, levantan su perfil de campaña. Dos de ellas, vinculadas a la industria de la moda desde mucho tiempo antes de enamorarse de un deportista y un empresario devenidos en políticos. La tercera en discordia, acostumbrada, como su media naranja, a las luces y sombras de la militancia desde la cuna. En cualquier caso, están siempre listas para las cámaras y lucen fieles a las señas de estilo que les son propias. Pero esa manifestación indumentaria de identidad no queda librada al azar. Y no es casual que sus guardarropas estén cuidadosamente alineados con las estrategias y los discursos de los presidenciables.

(Por Lorena Pérez | Publicado en Clase Ejecutiva, la revista del diario El Cronista)

¿1+1 = 2? Como coequipers, ¿dialogan estas mujeres con los looks de los aspirantes a suceder a Cristina Fernández de Kirchner? Karina Rabolini sobresale en elegancia, mientras que Daniel Scioli tiende a mostrarse despreocupado por su vestimenta. Juliana Awada tiene una gracia innata, rasgo del que Macri no participa, aunque sí está a la altura del cheto look cuando la acompaña. Malena Galmarini reivindica el estilo natural con el que se identifican muchas mujeres multitasking, y así establece una continuidad con el vestir de Sergio Massa, siempre listo para la acción. 

De la pasarela al territorio
Karina Rabolini, compañera sentimental del gobernador bonaerense Daniel Scioli desde hace 30 años, es presidenta de la Fundación Banco Provincia. Con un pasado como modelo emblemática en los albores de la década del ‘90, cuando todavía trajinaba las pasarelas se probó el traje de empresaria, que aún utiliza. Primero, lanzó una marca de lencería de autor, y en los últimos años consolidó su compañía de cosméticos (de venta por catálogo), así como una línea de eyewear que demuestra que tiene un nombre propio para capitalizar. Fiel ladera de Scioli, especialmente desde que, en 2007, el exmotonauta fue elegido gobernador y, por ende, comenzó a configurar sus aspiraciones presidenciales, Rabolini ha hecho de su estilo un ejercicio de identidad.

Su look, incluso capilar, siempre se identificó con el concepto de ideas para usar, a través de outfits que transmiten la comodidad de quien se siente a gusto con lo que lleva puesto. Dicen los especialistas que el trabajo de una mujer puede marcar el carácter de su vestir. Y esta santafesina de 48 años da la impresión de que toda su vida se vistió para el rol de Primera Dama que, en 2015, conjetura más cercano que nunca de volverse realidad. En plena campaña, Rabolini tiene una presencia muy marcada, que incluso desafía el lugar común que la había etiquetado como simple ladera o figura decorativa. Pero, paradójicamente, justo cuando le toca jugar el juego para el que siempre se preparó, Rabolini erra. No sólo porque insiste en vestir- se como una señora aburrida. Sino porque, cuando se anima a fluir, elige poses y prendas –como en la tapa de la revista Hola!, en traje de baño– que hacen ruido si se los compara con el contexto medido en el que acostumbra a mostrarse.


De protagonizar carteles callejeros con los dedos en ve a opinar acerca de todo tema de la agenda política que le permita condimentar su espacio en los medios de comunicación, pasando por sus demostraciones públicas de cómo conseguir, paso a paso, el armado de ese rodete inmaculado que ya la caracteriza para la inmortalidad, Rabolini deja en evidencia que aprendió que todo suma a la hora de aportar esa dosis de proximidad y humanidad para potenciar al candidato presidencial del Frente para la Victoria.

¿Su repertorio fetiche? Conjuntos que combinan faldas tubo o pantalones amplios con un acervo de chaquetas que parece salido del inventario de Giorgio Armani, vestidos de largo midi y sus infaltables stilettos, símbolo fashionista universal de la sensualidad -para ellos - elegante - para ellas. Así, luce siluetas inspiradas en el pasado pero muy bien traducidas al estado del ánimo de la moda actual, consolidando una firme concepción por lo chic. Todo en Rabolini señala que es una mujer libre del dictado de las tendencias. En su look nada es pasajero, sino que cada detalle está al servicio de sus aspiraciones.

Fashionista de la política
Juliana Awada, la esposa del candidato presidencial por Cambiemos y actual jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, también se destaca por sus looks siempre acertados e impecables, llevados con una marcada convicción personal que la distingue. En una época en la cual las apariencias reemplazan a las identidades, que Awada respete su estilo sin apelar a mimetizarse con el dress code político promedio –tan despersonalizado por consejo de asesores y expertos en marketing– suma. Y es, casi, una declaración de principios, porque clarifica que la moda no es frivolidad, sino un reflejo de cómo Awada se ve a sí misma y desea ser evaluada por la mirada ajena.

La actual esposa de Macri es una empresaria que lleva la industria textil en las venas. Y, si bien se advierte que adscribe a las tendencias, también queda muy en claro que es capaz de hacerlas suyas. Su estilo varía entre el colmo del chic, amparado en su actitud etérea, y lo romántico.
Jeans, camisas, blusas, blazers, stilettos y una melena abundante que siempre se destaca –la lleve suelta o en una prolija cola de caballo–, se combinan con un make up natural que resalta los rasgos de origen libanés de esta morocha de 41 años. Su guardarropas apunta, definitivamente, a la practicidad. Y, por ello, representa muy bien a la mujer urbana moderna.


El conocimiento que Awada muestra en el vestir la posiciona como una fashionista experta. Desde 2010 acompaña a Macri y, cual guía del buen vestir de toda figura pública que se precie, se luce en todas y cada una de las ocasiones: en galas de beneficencia, cócteles de empresarios y festejos posteleccionarios, Awada siempre se hace notar, aunque se cuida muy bien de estar siempre en segundo plano.

Una novedad de los días finales de la campaña es el modo en que adaptó el concepto resort a la hora de acompañar a María Eugenia Vidal, candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires por Cambiemos, en una recorrida por el distrito de José C. Paz. Allí apeló a jeans, remera marinera y campera, todos ítems básicos para vestir el tiempo libre. A pesar de su esmero por parecer cercana, Juliana Awada tiene una imagen distante. Salvo cuando sonríe. Y en ese gesto, símil Julia Roberts, recoge suspiros, aunque es difícil que ello se traduzca en votos.

Nacida y criada
La trilogía se completa con Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa, diputado bonaerense y candidato al sillón de Rivadavia por UNA. Más que acompañante –por acción u omisión, como es el caso de Rabolini y Awada, respectivamente–, es una militante política de pura cepa. Nació en cuna justicialista, ya que es hija de Fernando Galmarini (exsecretario de Deportes durante la presidencia de Carlos Menem) y Marcela Durrieu (concejala por San Isidro, en los ‘90 fue una de las diputadas nacionales que impulsó la san- ción de la ley de Cupo Femenino).


Mucho más desenvuelta a la hora de las declaraciones y apariciones públicas que sus competidoras, su guardarropas es propio de una mujer de 40 años que apela a la practicidad para desarrollar sus múltiples actividades cotidianas, siempre en la primera línea de decisión e implementación. Si bien el repertorio se compone de meras piezas básicas –palazzos, jeans, camisolas, chaquetas– que no encarnan otro valor que la funcionalidad, Galmarini las lleva con efectividad, porque sabe exactamente cómo adaptarlas al contexto, sea un acto político o un reportaje en televisión. En contraposición con tanta energía y convicción, su cabello: siempre lacio, y por momentos llovido, es una contradicción que podría solucionar sin que signifique una claudicación de sus ideales.

Acierto Karina, Juliana y Malena respetan sus gustos indumentarios y estéticos sin que las condicione el rol que cumplen en la campaña ni la proyección a futuro.

Desacierto Interesadas en la moda, ninguna de las tres (pero más grave en el caso de Karina y Juliana, dada su condición de empresarias del rubro) han mostrado interés ni inquietud particular por apoyar al sector, más allá de la asistencia a la primera fila de los desfiles, pero con el gesto de cualquier eventero.

Sugerencias El modelo de Primera Dama del siglo XXI impulsado por Michelle Obama, en los Estados Unidos, debería ser un ejemplo. La esposa de Barack Obama asumió, desde el minuto cero, un fuerte compromiso con la moda made in USA, luciendo en todas sus apariciones a diseñadores de cualquier nacionalidad pero que producen sólo en ese país.

#Presidenciables El estilo de Daniel Scioli


El Gobernador de la Provincia de Buenos Aires hace un culto del equilibrio. Su guardarropas es tan sobrio como políticamente correcto. Construyó una imagen de estabilidad que su look refuerza a través de outfits predecibles. No arriesga, no gana?

(Por @Blocdemoda | Publicado en Clase Ejecutiva, la revista del diario El Cronista)

Daniel Scioli comenzó a sobresalir en el entorno del poder político desde su debut, que lo llevó al Congreso como diputado por la ciudad de Buenos Aires, siendo parte de la primera camada de figuras reconocidas que se acercaron a la política sin formación específica ni militancia previa.

En pos del sillón de Rivadavia En carrera de fondo hace ya varios años

El actual gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato a presidente monta su expertise en cargos que hasta la persona más preparada desearía contar, sumado a una buena imagen que logró consolidar durante su etapa como deportista en competencias de carreras de motonáutica y acentuada por su positiva capitalización del accidente en el río Paraná, donde perdió el brazo derecho. ¿Por qué? Desde entonces, el exvicepresidente de Néstor Kirchner eligió refugiarse en un mensaje esperanzador y motivador. Este rasgo de su personalidad es lo que también lo caracteriza en su comunicación desde lo institucional.

Como craneadas por Francis Underwood, el personaje que juega el actor Kevin Spacey en House of cards, la serie de drama político que se emite por Netflix, las apariciones públicas de Daniel Scioli parecen pensadas y delimitadas para que encastren perfectas, seña que se extiende a su vestimenta, en sintonía de equilibrio sobrio según la ocasión y que apela al hombre común y corriente.

Su silueta deportiva se mantiene y se trasluce en los trajes negros y azul noche con los que se deja ver en sus actividades públicas. Las camisas blancas y celestes colaboran a una imagen correcta que se potencia cuando sube el tono de las corbatas: discreto en azules, mejora cuando las maquilla en naranjas y tonos que derivan de la paleta del ladrillo o rojizo y alguna estampa.

Una apariencia pretendidamente despreocupada que está compuesta por camisas recurrentemente arrugadas, remeras en color naranja (que identifica a su gestión) en combinaciones desacertadas con el resto del conjunto, chalecos y jeans tan holgados que dan la sensación de que no reconoce las reales dimensiones de su figura

Fue de la mano del expresidente Carlos Menem que Daniel Scioli se lanzó al mundo político, y su segunda parada fue con el cargo de Secretario de Turismo y Deporte de la Nación: desde entonces, mantiene el mismo estilo discreto en su labor oficial. Scioli cae bien, aunque a ciencia cierta no se sepa qué está pensando realmente: siempre es medido y nunca será su look el motivo de alguna aspereza. Se diferencia de sus colegas ya que, al no contar con argumentos políticos basados en una carrera de raza, es más cercano a los ciudadanos, por lo que tampoco desentona en su estilo casual, compuesto sin artificios por básicos como jeans, camisas y campera.

Lo que a otros políticos le atacan, a Scioli se lo dejan pasar. Y hasta logra aumentar su imagen positiva cuando lo critican, visibilidad que compone también con la ayuda de los medios de comunicación, listos para escuchar su mensaje políticamente correcto.

El gobernador no se caracteriza por tener un guardarropa de múltiples colores ni variados estilos, punto que comparte junto a su esposa Karina Rabolini, una de las pocas mujeres argentinas que puede hacer gala de la elegancia en el país. Clásicos, atemporales y discretos, siempre se los ve bien vestidos, puntualizando en su aura de presencia en la escena que los pone como punto de referencia.

Apuntes Si sumamos las prendas superiores desprolijas y llevadas por fuera de los pantalones anchos, el aspecto del exmotonauta se aleja de la imagen de revitalización institucional que quiere proyectar con tanto esmero

Preocupado, ocupado, dubitativo y tranquilo, otro de los rasgos que caracteriza a Scioli es su sonrisa. Nada parece sacarlo de su eje, aunque tampoco él se las rebusque para confrontar: responderá con el gesto adecuado cuando las palabras no sean las protagonistas de su mensaje, tal como sucedió en las horas previas a los pactos electorales por el cierre de listas. Scioli decidió twittear que “lo importante es el futuro de la Argentina”, ilustrado por un foto familiar, junto a su nieta y luciendo él nuevamente una remera naranja, de entrecasa.

No es casual que Scioli sea uno de los líderes políticos que se perfila como candidato en las elecciones presidenciales de 2015. La fórmula está comprobada: una buena imagen dice más que mil palabras. El gobernador lo sabe, y se mantiene en esa línea acompañado por un look que no molesta ni arenga y que lo acerca a la población, correspondido por actitudes tibias.

#Presidenciables El estilo de Mauricio Macri


Si bien el jefe de Gobierno porteño no hace gala de un gusto prominente por la moda, representa muy bien a la clase media alta que camina por las calles de la ciudad.
Su estilo marca presencia de manera natural. Y eso lo favorece en la construcción de su imagen personal.

(Por Lorena Pérez | Publicado en Clase Ejecutiva, la revista del diario El Cronista)

Cuando el actual jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri hizo su aparición en la política, ya era una celebrity: además de por su condición de hijo de uno de los empresarios más poderosos de la Argentina (Franco Macri), había acumulado millaje en los medios durante la década del ‘90 como presidente de Boca Juniors.

El líder del Pro mantiene, desde los momentos en que se lo pudo ver como diputado, un look arreglado, correcto y llevado de manera natural. Tiene presencia, aunque no se pueda caracterizar como distinguido. Se lo ve cheto, pero sin mayor aspiración a alcanzar el upgrade de bien vestido.

Entre los presidenciables, es Mauricio Macri quien se puede realmente relajar, sabiendo que no corre el riesgo de lucir desaliñado ni precisa estudiar con especial detenimiento su vestuario de campaña presidencial. El Jefe de Gobierno Porteño hace gala de un uso magistral del estilo décontracté los 365 días del año. 

Sus preferencias nunca parecen forzadas porque apela a piezas clásicas enaltecidas por el buen corte y la alta calidad. Así, los blazers, los pantalones y las camisas -en talles, texturas y colores siempre armónicos- naturalizan especialmente el dress code del líder y candidato del PRO.


Con un estilo de administración marcado por la afición al marketing, acentuada en la imagen, no teme hacer uso del outfit sportswear para ilustrar a los vecinos sobre los beneficios de andar en bicicleta para ir a trabajar o aprovechar los espacios verdes para practicar deportes, invitando en ese relato, además, al diálogo entre las personas que habitan su territorio de mando. Así, no duda en dejarse ver con casquete sobre el velocípedo amarillo para reforzar la idea de la prevención, ni tampoco teme dejarse fotografiar en shorts playeros y remeras blancas en una carpa de Pinamar o inaugurando las playas porteñas, acompañado de la igualmente sonriente y lookeada plana mayor del Pro. La actitud, aunque anticuada, a él le parece efectiva como postal que retrata lo que su gobierno desea comunicar: que toda situación es propicia para seguir trabajando, con la suerte de contar siempre con una cámara presente para inmortalizar el descontracturado momento.

Aunque su faceta política se percibe guionada, el convencional look de traje le sienta fresco. A diferencia de lo que caracteriza a la gran mayoría de los políticos argentinos, Mauricio Macri apela a entallar –apenas– la silueta y se lo ve cómodo, tanto cuando usa ambos sastreros desabrochados para actos de índole informal como cuando apunta a un estilo más formal, que incluye las corbatas como parte del guardarropas básico de todo dirigente.

El toque que lo distingue es el tándem en colorimetría justa que prevalece en su indumentaria oficial: las camisas celestes junto a trajes negros denotan calidad, y esa bonita visual de contraste de tonos resalta y deja en evidencia su buen criterio para vestirse. Punto a favor para estas elecciones que además, tal como dicta el dress code del político, su vestuario resulta fuertemente aspiracional para sus votantes, característica que comparte con su bella esposa, la empresaria textil Juliana Awada, siempre impecable. Otro de los rasgos distintivos de Macri es su cabellera que, con el lógico paso del tiempo y de su carrera política, pone acento en las canas. Su rostro también ha ganado huellas, tantas como anuncios de inicio de obras públicas gusta pronunciar.


Sin dudas, Mauricio Macri tiene claro que comunica con su imagen, y hace su statement fashionista al mantener la entonación cuando se saca el look sastrero como clara referencia de aspiración de cercanía con sus votantes y simpatizantes. El cuidado del estilo personal ayuda a construir la imagen. Y, en un dirigente con aspiraciones, este recurso nada frívolo como la moda bien implementada puede fomentar la confianza, potenciar la coherencia con el discurso, así como la búsqueda de la tan ansiada credibilidad que anhelan aquellos cuya mayor vocación es acceder a la vidriera que representa la presidencia de la Nación.

#Presidenciables El estilo de Sergio Massa


El ubicuo chaleco y jeans de Sergio Massa refuerzan una imagen de austeridad que busca identificar con su estilo de gestión. Muestra poca evolución en su vestimenta pero acierta cuando busca reflejarse con uno más de su electorado. Explorar nuevos colores le sumaría vitalidad a su estampa de por si tradicional.


Simpleza en la vestimenta y un estilo que debería sumar nuevos colores a su estampa son sólo algunas de las claves que identifican el outfit de Sergio Massa. El intendente de Tigre y reciente ganador de las PASO es, aunque suene redundante, políticamente correcto. Un rasgo de su personalidad que lo emparenta con Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, y también con Daniel Scioli, gobernador bonaerense.

Con 41 años, posee un background ejecutivo y de alta exposición: director de la Anses durante las presidencias de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, y jefe de Gabinete de Ministros durante el primer año de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Una experiencia que tras presentarse como opositor lo lleva a infinidad de batallas de campaña con el Gobierno del que fue parte.

Su estilo de vestimenta es sencillo como el lenguaje coloquial y la expresión corporal de cercanía con que se presenta ante el electorado, en el trato con los vecinos de su municipio, en los medios. A primera vista, se deduce que gusta pintar sus looks en azul, sean sacos y camperas para la informalidad o trajes y camisas para la institucionalidad. Aunque, sin dudas, son sus omnipresentes chalecos el ítem que más lo identifica: tal como lo fue la campera de cuero de Carlos Menem o la chaqueta de gamuza de Fernando de la Rúa, el chaleco de Sergio Massa se ha convertido en un signo de representación en tiempos de campaña.

La idea de su guardarropas acompaña la búsqueda de una estampa de hombre corriente, que crea figuras simples al hablar apelando a requerimientos propios del sentido común de cualquier persona.

Desde los inicios de la gestión de los Kirchner se alineó al principio con el look de los funcionarios k de alta exposición. En la medida en que se fue despegando, hasta desembocar en la creación de su propio partido, su estilo se volvió más informal, en la búsqueda de una sencillez deliberada.
Muy prolijo, sus camisas exentas de arrugas podrían ser la envidia de todo caballero que viste ambo y pantalón sastrero cada mañana. Otra de las señas particulares del tigrense es el jean, prenda que lo acompaña incondicionalmente –al igual que los cárdigans tejidos– cada vez que el dress code no manda uniformarse de político con el saco y corbata de rigor. Massa busca convertir la informalidad en un signo de su imagen. Para compensar la falta de multiplicidad en su placard sale en su auxilio su mujer, Malena Galmarini, igualmente correcta pero un poquito más moderna, a tono con otras parejas políticas con aspiraciones presidencialistas.


Un acierto: 
Atento a la mirada exigente de la diva de los almuerzos en la tevé, Sergio Massa cumple con el código indumentario que impone la cita con Mirtha Legrand, reforzando el concepto de que puede dejar a todos contentos.

Un desacierto: 
Desde los inicios de la gestión Kirchner, Massa se fue adaptando. Al principio, se alineó con el look de los funcionarios K de alta exposición. En la medida en que se fue despegando, hasta desembocar en la creación de su propio partido, su estilo se volvió más informal, en una búsqueda de sencillez deliberada.

Una sugerencia: 
Muestra poca evolución en su estilo. Acierta cuando busca vestirse como uno más de su electorado, aunque explorar otros colores le sumaría vitalidad a su estampa.

imágenes: Sergio Massa
Publicado en Clase Ejecutiva, la revista del diario El Cronista