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Mujeres Vestidas por Mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital fundado en 2006 que promueve prácticas y temas de manera pionera en latinoamérica. Coberturas, crónicas, entrevistas y reseñas que ponen en contexto a la moda en la cultura y su impacto en la sociedad.¡Bienvenidos!

El niño prodigio y el tirano: Las referencias a Poiret de Jonathan Anderson para Dior

 

“La moda actual necesita un nuevo amo. Necesita un tirano que la castigue y la libere de sus escrúpulos. Quien le preste este servicio será amado y se hará rico. Tendrá que hacer lo que yo hice entonces, y no mirar atrás, ni pensar en nada más que en las mujeres y lo que les conviene”, escribió en sus memorias el modisto que murió pobre en 1944. Quien se autoproclamó el "Rey de la Moda", Paul Poiret, volvió a los titulares tras la exquisita y creativa segunda colección masculina de Jonathan Anderson para Dior (Otoño-Invierno 2026/2027), presentada en la semana de la moda de París. 
 
Hay algo romántico en la referencia de Anderson por Poiret. El propio Monsieur Christian lo admiraba, aunque sus estéticas se miraran de reojo desde orillas opuestas. En 1947, Dior volvió a la silueta de la Belle Époque, esa arquitectura de corsés y nostalgia que Poiret se jactaba de haber derrotado. Poiret floreció en simultáneo a las vanguardias históricas, cuando los vestuarios de los Ballets Rusos impregnaron la moda de un orientalismo que él mismo se adjudicó bajo el estilo “Confucio”. Dior, por el contrario, prefirió pensar a la silueta de la mujer como una flor. 

Dior Homme Otoño Invierno 2026 por Jonathan Anderson

"Mi forma de trabajar consiste en recopilar experiencias a lo largo del proceso y filtrarlas", dice Anderson, planteando la moda como un ejercicio de arqueología emocional. Mientras el intento de resucitar la maison Poiret como marca corporativa fracasó en 2018, el director creativo de Dior hace algo mucho más elegante: exhuma la esencia. No nos vende el nombre en una etiqueta, sino el aroma de la reliquia. Es un alivio. ¿Acaso no pagaríamos por ver la expresión de Cristóbal Balenciaga si pudiera observar en qué han convertido su templo, en su nombre? 

La inventiva de Jonathan Anderson para esta temporada reside en el choque de texturas. Es un diálogo donde los códigos rígidos de la formalidad y los emblemas de Dior conviven con el denim rudo, las parkas utilitarias que buscan eco en Poiret. "Empatía e ímpetu", dicen las notas de prensa sobre esta conversación entre dos hombres separados por un siglo. 

Exhibido en 2025 en la muestra del Museo de Artes Decorativas de Paris: "Paul Poiret: Fashion is a celebration"

La historia de Poiret (1879-1944) es el guión de una ópera trágica. Comenzó vendiendo bocetos a Jacques Doucet. Luego, los hijos de Worth lo nombraron sucesor de la casa y, en 1903, se instaló en el número 5 de la Rue Auber para conquistar el mundo desde su propia maison. Fue el primero en entender que una casa de moda debía ser un estilo de vida: convivieron allí perfumería, decoración y desfiles presentados como tableaux vivants teatrales. 

Hoy, mientras las redes sociales se deshacen en elogios hacia el gesto de Jacquemus por convertir a su abuela en embajadora, conviene recordar que Poiret ya jugaba ese juego de la intimidad: su esposa fue su musa y modelo, mientras que sus memorias de 1931 están dedicadas a su madre. Del mismo modo, Dior construyó su New Look como un tributo a las mujeres de su infancia. En este negocio, nada es realmente nuevo. La frescura es solo la ilusión de alguien que nos cuenta la misma historia con un acento diferente. Por eso Anderson triunfa, pues inyectó su propia cosmovisión en un estilo visiblemente opuesto al de la casa que lo contrata. 

De la colección de Azzedine Alaia y exhibida en su fundación: abrigo y vestido de 1919

“Era todavía la época del corsé. Le libré una guerra”, escribió Poiret en su autobiografía (que el V&A Museum tuvo a bien reimprimir). Odiaba el corsé porque convertía a la mujer en una criatura partida en dos, obligándola a "arrastrar un remolque" tras de sí. Proclamó la caída de la armadura en nombre de la libertad, pero el tirano siempre guarda una trampa: “Sí, liberé el busto, pero encadené las piernas”, decía sobre sus faldas trabadas que hacía para sus clientas. 

Escuchar las quejas de las mujeres de 1910 que no podían subir a un carruaje es escuchar el eco de nuestras propias contradicciones modernas. Poiret se jactaba de que sus lágrimas eran el anuncio de su innovación: “¿Acaso sus quejas detuvieron alguna vez el movimiento de la moda o, por el contrario, no lo ayudaron anunciándolo?”. Sus palabras parecen resonar desde el más allá, ignorando quizás que la crisis del mercado de lujo de nuestros años 20 no es tan distinta a la que lo llevó a él, finalmente, a la ruina.

"La Perse" (1911) del acervo del Metropolitan Museum. Exhibido en "Poiret: King of fashion", en 2007

Dior Homme Otoño Invierno 2026 por Jonathan Anderson

Imágenes Gentileza DIOR, Fundación Azzedine Alaïa, Met Museum, MAD París

Vidas pasadas, telas presentes: La arqueología sentimental de BODE

 

Vestido de saten de seda con volados de cinta vintage de la década de 1950

En el universo de Emily Adams Bode Aujla, la ropa es un recipiente de historias que insisten en no ser olvidadas. Su línea one-of-a-kind funciona como un gabinete de curiosidades textiles donde cada pieza parece susurrar su procedencia. Los últimos ingresos de BODE ensalzan este ejercicio de memoria al rescatar las cintas de Staron, una textilera francesa fundada en el siglo XIX. 

Se trata de cintas de jacquard anchas, rescatadas de los años 50 y 60, que poseen una rigidez aristocrática y brillo que el tiempo mejora, y aplicadas como volantes en un vestido de satén de seda y un moño. 

Fundada en Saint-Étienne, Staron operó entre 1867 y 1986 como un secreto a voces compartido por la genealogía del gusto. Durante un siglo, la familia Staron coreografió una danza entre la herencia técnica y la audacia moderna. Sus motivos florales y geométricos fueron el esqueleto de los drapeados esculturales en los vestidos de Madame Grès y en las faldas del New Look de Dior. En la posguerra, Staron le ofreció sus materiales a Cristóbal Balenciaga, Hubert de Givenchy, Yves Saint Laurent y al norteamericano Norman Norell. 

Hoy, cuatro décadas después de que Staron bajara sus persianas, su espíritu vuelve a transitar las calles gracias a la alquimia de BODE. Emily, que fundó su marca en 2016 con la mirada puesta en el armario masculino para terminar conquistando el femenino, sustenta su esencia en la preservación. 

BODE tiene su tienda insignia en Nueva York y espacios en Los Ángeles y París, también una sastrería en Hester Street, en el Lower East Side neoyorkino. Su misión no es el vintage y tampoco ofrecer prendas de segunda mano, sino la supervivencia de la técnica y la circularidad de los textiles. 

Moño realizado por BODE con cinta de Staron

La misión de Emily Adams Bode Aujla es garantizar la preservación de prendas, telas y técnicas de décadas pasadas. Por eso, BODE cuenta con un departamento de archivo donde especialistas catalogan minuciosamente hallazgos de diversas épocas.

"Mi teoría es que si vos tenés una conexión emocional con algo, otras personas también la tendrán", explica la diseñadora. Es una frase que suena a declaración de principios, una que resuena curiosamente con la labor artesanal y consciente de las hermanas Dacal en Buenos Aires. Ambas orillas del mapa entienden que la moda es un diálogo pendiente con el pasado.

imágenes: Gentileza Bode

Entre el dogma de la Alta Costura y la estética grunge: el legado Dior en manos de Mouna Ayoub y Courtney Love

 

La noticia es que una de las mayores devotas compradoras de la alta costura vuelve a someter al martillo parte de una biografía textil tejida durante 45 años. Mouna Ayoub, la socialité que ya diseccionó su archivo vendiendo primero los Chanel de la era Lagerfeld de los años '90 y luego sus tesoros de Jean Paul Gaultier, vuelve ahora la mirada hacia Dior

El 29 de enero, bajo la experta dirección de la especialista londinense Kerry Taylor, el Hôtel Le Bristol de París se convertirá en el epicentro de la casa Maurice Auctions. La subasta, titulada "Dior Masterpieces: The Mouna Ayoub Haute Couture Collection", despliega un inventario que recorre la evolución de la Maison: desde el clasicismo arquitectónico de Marc Bohan y la opulencia escultural de Gianfranco Ferré, hasta la exuberancia de John Galliano, el rigor de Raf Simons y la mirada feminista contemporánea de Maria Grazia Chiuri. Lo que distingue el coleccionismo de Ayoub es una suerte de ascetismo estético: adquiría los originales de pasarela con la disciplina de un archivero, rechazando ajustes a medida o modificaciones caprichosas. Una purista absoluta. 

En subasta (15.000/20.000 euros) El look 24 de la colección Clochards realizada en capas de tul marron y organza negro

Sin embargo, el interés de esta venta no se cimenta solo en la procedencia, sino en sus matices históricos. Entre los lotes emergen piezas de la colección haute couture del año 2000, una propuesta que el tiempo catalogó como controvertida porque hacía referencia a las personas en situación de calle. Para los conocedores, "Homeless" o "Clochards" se ensalza como una de las cumbres creativas de Galliano. Una provocación tan potente que fue parodiada en la película Zoolander y sitiada por protestas en las puertas de la Maison. 

En subasta (80.000 / 120.000 euros) El look 39 de tafetán crudo y seda rosa pintado a mano y con varillas

En esta selección conviven seis looks de aquella temporada primavera-verano y aunque la fortuna no quiso que figure el vestido que mucho antes de que yo pudiera articular el nombre de Galliano, habitó en mi memoria como una obsesión: aquel diseño que Courtney Love lució, con su habitual estilo de urgencia, en la alfombra roja de los Golden Globes del 2000

Como recuperé el testimonio de la propia Courtney Love sobre la procedencia de aquella pieza, lo comparto a continuación. En su acto perfomático de instintiva irreverencia, es fascinante descubrir cómo la compañera de Kurt Cobain tomó un diseño nacido del máximo rigor de la haute couture y lo sometió a su propia gramática estética. Con la soltura de quien ignora o desafía el carácter sagrado del taller, adaptó el vestido a su silueta y a su espíritu grunge-glamour, despojándolo de la rigidez de la pasarela para convertirlo en una extensión de su propia narrativa pública. El testimonio después del look modificado por la cantante y guitarrista.

SS 2000 Couture: Homeless Collecion by Jonh Galliano para Dior. De la pasarela a la silueta de Courtney Love

“Iba a llevar un diseño de Versace a los Globos de Oro del 2000 —ya lo tenía en el armario—, pero terminé usando una pieza de aquella polémica colección de Alta Costura de John Galliano para Dior, esa 'inspirada' en la gente sin hogar que el New York Times calificó como 'chic de mal gusto'. Mis amigos me insistían: '¡Tienes que vestir Couture!' Hasta entonces, yo no entendía realmente lo que eso significaba. Cuando lo vi, me quedé alucinada; pensé: 'Ah, era esto de lo que hablaban'. 

El vestido llegó y era ridículo. Era recto de arriba abajo y estaba lleno de cordeles. Sobre el cordel había cajas de cerillas, cristales... toda esa taxidermia textil. Recuerdo haber pensado: 'Ok, tiene un aspecto descabellado, pero lo haré funcionar'. Le hice algunos arreglos que transformaron el diseño por completo. Como el novio de mi asistente era muy delgado y tenía más o menos mi altura, lo convertí en mi modelo de pruebas; le quitaba piezas al vestido y las volvía a coser sobre él. Como me muerdo las uñas, usé unas acrílicas, pero las pinté de turquesa con destellos de purpurina para que combinaran con mi idea original. 

Fue un look sumamente complejo y resultó muy polémico. Además, tengo los pechos grandes y era vital que todo se mantuviera en su lugar. No creo que la cinta adhesiva para senos funcione de verdad; de hecho, hoy no sé cómo logré que el vestido no se cayera. Fue un milagro. Creo que, simplemente, lo pegué a mi piel”.

imágenes vía Maurice Auctions

Apuntes: ¿Sabías que sentenciar estilos es un ritual con más de 80 años?

 

Lejos de ser una crítica superficial, el juzgar quiénes son los "mejor vestidos" nació como un mecanismo orquestado desde la alta sociedad con un objetivo noble: sostener los engranajes de la industria de la moda. 

Escribí para el diario La Nación sobre la práctica de criticar looks. Desde el ácido ingenio de Joan Rivers y las listas de los mejor vestidos lanzada por Eleanor Lambert en 1940, hasta la mutación actual: un deporte masivo y digital donde el veredicto del público tiene un poder total sobre la imagen de la celebridad. 

Hoy, la red carpet ya no es un cónclave de élite, sino un escenario donde la validación inmediata define quién sigue siendo relevante en el negocio. La nota sobre la historia de la red carpet siguiendo este link.



El impacto de los fardos y el desafío del suprareciclaje

 


En el ecosistema de la moda contemporánea, donde la novedad suele ser un barniz para la obsolescencia, la propuesta de 12NA se ofrece como una disección necesaria. En el marco de la inauguración de la exhibición 3m3rg3exe que 12NA inaugura en Microgalería (Loyola 514, Villa Crespo), hablamos con Mariano Breccia, quien junto a Mechi Martínez gestaron una de las narrativas de upcycling más coherentes de la región, sobre una realidad que la industria prefiere ignorar: la metamorfosis de la ropa usada en un nuevo tipo de residuo colonial. 

Geografía del Exceso 

La conversación se aleja de la estética para entrar en el terreno de lo visceral. Al indagar sobre el fenómeno de los fardos de ropa al por mayor que hoy saturan el mercado argentino, la respuesta de Breccia es un cachetazo de realismo y dice que “ La gente del Oeste del Gran Buenos Aires ya lo instaló. La ropa no es tan barata pero es barata y el tema es que lo que no se vende, se tira. Pero no se tira en un lugar sino en todos los lugares. La foto del Desierto de Atacama es totalmente tendenciosa porque todo Chile está así. Hay microbasurales en todos lados, a ustedes les espera un desastre.” 

Esta "estética del desastre" no es una abstracción. Es el resultado de un modelo que confunde circularidad con acumulación. Para Breccia, la falla es estructural y de volumen; una matemática del desperdicio que no permite eufemismos: “El negocio de la ropa usada es volumen: el 30% de la ropa usada no sirve (porque tiene fallas, está rota o manchada) entonces va a la basura. Si no regulan la entrada de ropa usada, no sirve. Es necesario un cambio sistémico”. 


Arqueología de la Identidad: Del Estadio a la Galería 

Frente a esta avalancha de lo superfluo, la exhibición 3m3rg3exe se presenta como un ejercicio de precisión y memoria. La pieza central es la camiseta de fútbol, ese tótem de la identidad argentina, aquí deconstruida por 12NA y ensamblada nuevamente por manos de mujeres migrantes. No es solo costura; es una redistribución del valor. 

El aprovechamiento del material es total, casi obsesivo. Los sobrantes de estas camisetas (su precio es de usd 100) fue transmutado en una serie de pañuelos que portan la iconografía de Maradona, una propuesta que ya tuvo su validación en la feria Tranoï de París el pasado octubre. Aquí, el residuo no es el final, sino la materia prima de una nueva mitología textil. 


El Diálogo entre el Álbum y el Algoritmo 

La muestra es, en esencia, una paradoja temporal. Con un gesto analógico, Mariano pasa los folios de un antiguo álbum de fotos donde habita la producción realizada con AI; pues la exposición propone una inmersión en la frontera digital. 

“La experiencia VR te muestra el impacto de la industria de la moda en el medioambiente y además podes ver nuestro taller y cómo colaboramos con las mujeres migrantes. También hay un código QR que te lleva al probador virtual”, explica Mariano. 

En esta intersección, donde la crudeza de los microbasurales convive con la sofisticación de la Inteligencia Artificial y la mano de obra migrante, se define el nuevo lujo: uno que no se mide por la exclusividad del material, sino por la profundidad de su ética y la transparencia de su sintaxis. 

En un mundo que se ahoga en ropa, 12NA nos recuerda que el diseño, si no es sistémico, es simplemente más ruido.


La exhibición 3m3rg3exe se puede visitar todo el mes en Microgalería. 

La arquitectura de la identidad: Belén Frías y la reinvención del armario masculino en París

 


Desde la Universidad de Morón hasta el corazón del diseño en París, la diseñadora argentina desafía el linaje de las academias de élite y propone una moda masculina que renuncia a los clichés regionales para abrazar una modernidad sobria y global.

Comenzó el carrusel de colecciones otoño invierno 2026. Este ecosistema donde las ferias comerciales, la alta costura y el prêt-à-porter y moda masculina colisionan en un calendario que no respirará hasta fin de año. El punto de partida es en Florencia, con Pitti Uomo, mientras que la meta final es París. ¿Qué une a estos dos nodos del sistema? La presencia de la diseñadora argentina Belén Frías, cofundadora de Cachí junto a la francesa Elise Girault

En el mapa de nombres que definirán el otoño-invierno 2026, el de Frías destaca no solo por su estética, sino por su origen. Formada inicialmente en la Universidad de Morón antes de desembarcar en el Institut Français de la Mode, su trayectoria es una infiltración silenciosa en la histórica hegemonía de las academias de élite. Con Frías, observamos cómo la identidad territorial del conurbano bonaerense logra penetrar el canon global. Pero lo verdaderamente disruptivo es lo que decide omitir: en Cachí no hay rastro de ponchos, gauchos ni del pintoresquismo rural con el que Europa suele etiquetar y limitar a la moda latinoamericana. 


Establecida en París, Cachí es un ejercicio de reinterpretación. El dúo franco-argentino toma los básicos del armario masculino y altera sus códigos con una sutileza contemporánea y refinada. La sastrería clásica se funde con influencias personales para configurar una modernidad sobria y singular. Producidas en Francia y sus alrededores, las piezas de Cachí no se presentan como tendencias efímeras, sino como un vestuario atemporal que utiliza la moda como un puente pragmático entre culturas, un diálogo constante entre la herencia argentina y el savoir-faire de los talleres parisinos.


Agenda: Cachí en Pitti Uomo (del 13 al 16 de enero) y en Paris Fashion Week, en Sphere, el showroom ubicado en el Palais de Tokyo. 

Entre el Calendario de desfiles y la Crisis Existencial: Por Qué el 2026 de la Moda Se Juega por la IA

 


Mientras las cabezas se recuperan del estrés del 2025, el cuerpo se alista para el inminente frenesí de los lanzamientos de colección otoño invierno 2026. La semana de la moda asoma y desde enero a marzo tenemos las colecciones masculinas, la alta costura, el prêt-à-porter y las ferias comerciales. 
Acá el calendario de desfiles: 

La agenda de desfiles para enero 2026

Pitti Uomo: del 13 al 16 de enero 
Milan Men's Fashion Week: del16 al 20 de enero 
Paris Men's Fashion Week: del 20 al 25 de enero 
Colecciones Haute Couture: del 26 al 29 de enero 
Copenhagen Fashion Week: del 26 al 30 de enero 

La grilla de la moda para marzo 2026 

New York Fashion Week: del 11 al 16 de febrero 
London Fashion Week: del 19 al 23 de febrero 
Milan Fashion Week: del 24 de febrero hasta el 2 de marzo 
Paris Fashion Week: del 2 al 10 de marzo 
 
Pero la verdadera historia de la moda para 2026 no se contará sobre la pasarela. El drama del consumo, eso que impacta la rentabilidad y la supervivencia de las marcas, se está cocinando en el lado más árido y tecnológico del negocio.

2014, la primera vez del Apple Watch en la portada de Vogue China

La moda encontró su nuevo must have: la Inteligencia Artificial 

Después de años de tratar a la Inteligencia Artificial (IA) como el nuevo juguete, usándola para la generación visual como si fuera un filtro de Instagram, el consenso de la industria para 2026 es que la IA alcanzó su maduración y deja de ser una excentricidad para convertirse en la socia esencial de las mesas de trabajo. 

Como asistente, la IA se posiciona como una aliada para mejorar las finanzas, atacando dos de los problemas más costosos y vergonzosos de la moda. Por un lado está la sobrecarga del inventario y por otro, la recurrencia de las devoluciones. Los expertos vaticinan que la IA ayudará a nivelar las colecciones con el deseo real del consumidor. Al predecir con mayor precisión qué se va a comprar, la IA ayuda a reducir drásticamente el desperdicio y la sobreproducción. Una forma elegante de decir que, por fin, se reducirán los montones de ropa que terminan en los basurales. ¿Será posible? 
 
Por el otro, el tema de las devoluciones, ya que el problema que reporta la compra online sigue siendo las altas tasas de devoluciones provocadas por el pifie en el fit y el ajuste. Para combatirlo, la tecnología se centrará en soluciones prácticas como el escaneo corporal 3D y el sizing inteligente, permitiendo a las marcas ahorrar varios miles. 

2020, pandemia memories según Vogue Taiwan: La primera portada virtual generada por computadora

El Chic Tecnológico 

Y, sin embargo, el glamour nunca se rinde. Luego de años de wearables utilitarios (¿alguien se acuerda del furor inicial por el Apple Watch? ¿y del vestido con sentimiento?), parece que 2026 podría ser el año en que la tecnología finalmente se vuelva deseable. Según pronostica Vogue Business, el optimismo se centra en dispositivos que logran esa fusión mágica entre funcionalidad y estética. 

Las gafas Ray-Ban co creados con Meta fueron presentados en MIDO en 2024
 
Las que desfilan son las gafas inteligentes (smart glasses), que logran ser funcionales sin sacrificar el diseño y la joyería fina y anillos inteligentes (smart rings), porque integran la tecnología de manera fluida y chic en el look, convirtiéndose en accesorios de moda en lugar de gadgets llamativos. 

De esta forma, el show de las pasarelas será el telón de fondo para la verdadera maniobra, que será la alianza sigilosa con la IA para mejorar los resultados y, de paso, elevar la tecnología a la categoría de lujo deseable.

La tecnología que garantiza la transparencia total

 

La Gestión del Ciclo de Vida del Producto no es un concepto que acapare los titulares de la semana de la moda, pero es necesario entender que se trata de la estructura vertebral que utilizan las empresas para organizar y controlar el viaje completo de sus productos. ¿Por qué nos interesa a nosotros? Porque la entendemos como una respuesta tecnológica vital a la tan nombrada crisis de sostenibilidad en la moda. El Product Lifecycle Management (PLM por sus siglas en inglés) es el cerebro digital y custodio de la memoria de un producto. Es el sistema que lo acompaña desde el impulso inicial de una idea hasta su destino final. 

El fin del post it 

Antes de la existencia de estos sistemas, la información de un producto (la lista de materiales, el costo de producción, los ajustes de diseño) habitaba entre borradores y documentos, como hojas de cálculo de Excel, carpetas compartidas o notas garabateadas. Por ejemplo, la fórmula perfecta de un cosmético pasaba de mano en mano entre el laboratorio y la planta de embotellamiento, arriesgándose a errores en cada paso. La Gestión del Ciclo de Vida del Producto viene a ser el antídoto a la informalidad, porque su propósito más esencial es convertirse en la fuente única de verdad (single source of truth). 

Imagen via

¿Qué implica esto en la práctica? Que si un ingeniero en París modifica un material, el equipo de compras en Nueva York y el equipo de marketing en Milán ven esa actualización de manera simultánea. Esto no es solo prolijidad y orden, sino una necesidad operativa que garantiza la coherencia y la reducción de los errores que terminan por impactar en la rentabilidad. 

El PLM gestiona el producto a lo largo de su trayectoria completa y abarca todas sus etapas, desde la concepción y el diseño, pasando por la vida y la venta, hasta la responsabilidad final (el fin de vida del producto). En esta cadena de datos interconectados, el hilo digital (digital thread) es más que un simple archivo. Se convierte en un vínculo continuo que conecta el diseño con el producto vendido y con el rendimiento en manos del cliente. De ahí la importancia del PLM como un sistema de responsabilidad: si una empresa promete sostenibilidad, el PLM es quien debe guardar los recibos digitales de la fibra utilizada, el origen del tinte y la certificación de la fábrica, por ejemplo. Lo cual podría dar las respuestas al lema "¿Cómo se hace mi ropa?" que surgió en 2013, tras el derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh, donde murieron 1134 personas y más de 2400 resultaron heridas. También haría responsables a las empresas que tercerizan su producción y se desentienden de las condiciones inhumanas en las que trabajan las personas, estableciendo un estándar inevitable de transparencia en la cadena de suministro. 

El primer desastre viralizado que llevó al consumidor a no desentenderse de por qué pagaba tan poco por su ropa

¿Para Qué Sirve el Pasaporte Digital en la Moda?

 


El Pasaporte Digital de Productos (DPP), tal como lo ofrece la legislación de la Unión Europea (UE), es ese registro digital centralizado que almacena los datos más importantes de una prenda. Ojo, su verdadero enfoque no es meramente técnico, es, ante todo, un tema ético. Pone el foco donde debe estar, que es en la sostenibilidad, la circularidad y la reparabilidad. Es la prueba fehaciente de que, por fin, la transparencia dejó de ser una buena intención o una proclama de marketing para convertirse en un mandato legal. La manera de que la moda empiece a rendir cuentas. 

A partir de este año, la UE se pone seria, parece, e impone el pasaporte digital textil obligatorio. El objetivo es directo y solicita controlar el origen, el impacto ambiental y las condiciones laborales de las personas implicadas en la confección. Detrás de esta medida late una ambiciosa estrategia textil que aspira a una producción que, al fin, respete los derechos sociales y medioambientales. 

Si somos realistas, sabemos que la transición para dejar atrás el fast fashion es tremendamente lento, pero entendemos que se trata de un modelo de negocio que ya no da para más. Mientras la moda circular tiene la nobleza de mantener las prendas y los materiales en circulación durante el mayor tiempo posible, el modelo lineal sigue vomitando productos diseñados para convertirse en basura, que es la forma en que consumimos históricamente. 

El DPP es la herramienta que ofrece la transparencia y la trazabilidad necesarias en la cadena de suministro, y eso construye la confianza en el consumidor. Es aquí, en el dato intocable que no se puede maquillar, donde el Pasaporte Digital permite a las empresas monetizar la circularidad, en lugar de quedarse solo en el discurso pasivo y correcto. 
 
¿Cómo funciona esto en la práctica? El identificador se maneja a través de códigos QR o etiquetas NFC que dan acceso rápido a la información de sostenibilidad, durabilidad y reparabilidad. El gran propósito de esta legislación es reducir la presión sobre nuestros recursos naturales y generar crecimiento y empleo que sean verdaderamente sostenibles. Esto quiere decir que la Gestión del Ciclo de Vida del Producto (PLM) opera como ese sistema interno, el cerebro, que genera y organiza el recorrido de los datos, mientras que el Pasaporte Digital de Productos es el instrumento externo y regulatorio que extrae esos datos clave del PLM para empujar la sostenibilidad y la economía circular. 

También operan otras iniciativas. Nombres como Prada, Dior, Louis Vuitton, Maison Margiela, Marni y Miu Miu están utilizando la plataforma Aura, una blockchain global y abierta a la industria, para blindar la autenticidad, trazabilidad y sostenibilidad de sus productos de lujo.

Así se sintetiza la difícil, pero necesaria, transición de los modelos lineales a los circulares. No es un camino fácil, pero el hecho de que existan acuerdos convertidos en pactos y legislación es más que una intención. Estamos asistiendo, ni más ni menos, a la génesis de un nuevo paradigma de consumo, donde el derecho a saber y la vida extendida de la ropa son la nueva regla de oro.