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Mujeres vestidas por mujeres

Notas de Autor por Lorena Pérez

Bloc de Moda es un medio digital pionero de América Latina fundado en 2006 por la periodista Lorena Pérez, enfocado en analizar la relación entre el estilo, la cultura, el arte y la sociedad ¡Bienvenidos!
Power Suit
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La moda Otoño 2025 en Milan Fashion Week: Prada y sus vestidos negros

¿Qué significa hoy la feminidad? ¿Cómo se puede definir?, se preguntan Miuccia Prada y Raf Simons para la colección #Prada FW 25 presentada hoy en el marco de la semana de la moda de Milán, desde la Fondazione Prada. 

La idea rectora que motiva la colección de Prada va sobre la percepción colectiva de la tipicidad de la feminidad, dicen las notas de prensa, sobre las nociones de belleza, sobre cómo esas percepciones pueden cambiar constantemente. La colección es un hit y a pesar que sigue pavoneando por la pasarela modelos juveniles y cuerpos que desconocen la diversidad de tallas, la noción del vestuario se enfoca en un uniforme para la mujer en movimiento. La pasada la abre el little black dress.


La colección otoño invierno 2025 abrió con vestidos negros. En 2012, en plena era de vestidos, Miuccia ofreció los pantsuits y luego el traje, que renueva su vigencia en cada temporada, pero la dama italiana responde hoy con vestidos negros. También hay un traje gris, hasta jeans y vestidos con escotes redondos y bolsillos. 


Me llamó la atención algunos looks que formaron parte de la primera colección de Prada, el puntapié para convertirse en una casa de moda: el traje de falda gris, la camisa desabrochada, las faldas mini en esa moldería tan Prada. 

En esta recontextualización, los vestidos negros del otoño invierno de 1988 cerraron el desfile. “Los vestidos, emblemáticos de la feminidad, se transforman constantemente, sin cesar, tanto a través de la forma como de cómo se llevan”, dice la dupla que sale a saludar en cada desfile. 


Me interesan algunos elementos que expresan sutilmente el estilo de Prada. También me simpatiza que las riendas del guardarropa lo lleve un matrimonio - el de Miuccia Prada y Patrizio Bertelli como grupo - más el diseñador belga Raf Simons - y no todo sea gestionado por las corporaciones.

Imágenes: Gentileza Prada

Historia de la Moda: Lo atemporal del traje

Por Candela Rodríguez | Lic. en Comunicación

La moda, como la historia, es cíclica. Sus idas y vueltas tienen algunos símbolos, como el traje, que se mantienen a lo largo de los años. ¿Cuál es la historia de este conjunto? ¿Por qué sufrió tantas mutaciones? Y ¿por qué tiene vigencia siglos más tarde?

J. Crew’s Ludlow suit, el último de los trajes más populares, desde 2008 siglo

Los inicios del traje

La creación de la vestimenta se remonta a épocas en que, como humanos, comenzamos a sentir la necesidad de cubrirnos. Ya sea por las inclemencias climáticas, por motivos religiosos o por el sentimiento de vergüenza –aquí, las opiniones se dividen–, el ser humano es un ser que usa ropa. Esto nos diferencia, sin dudas, del resto de las especies. La vestimenta nos define, nos sirve para diferenciarnos y, también, para crear comunidad.

Una serie de intelectuales –como el historiador François Boucher–, señalan al traje como la primera manifestación de la moda, alrededor del siglo XIV. Pero ¿cuándo la moda se vuelve moda? Podríamos decir que cuando es relativamente aceptada, consensuada y tiene la suficiente difusión como para lograr instalarse en una sociedad.

El traje como tal puede ser pensado desde una infinidad de posiciones. Es vestimenta y, a la vez, una manifestación cultural, social y política de época. No puede negarse que el traje, en sus diversas formas, representa una parte importantísima de las sociedades –tanto occidentales como orientales–. Veamos las distintas formas que puede adoptar un elemento tan fundamental, que nos viste desde hace siglos.

Este jubón de alrededor de 1364, ya presenta las características que retomarán los trajes varios siglos más tarde

El género y la vestimenta

No creo que suene novedoso que, como tantas otras invenciones, el primer traje fue creado por y para los hombres: George Bryan ‘Beau’ Brumell fue quien comenzó a utilizarlo y lo popularizó, en la Inglaterra de principios del siglo XIX. Ese conjunto de prendas que iban a juego, de silueta recta y que permitía el movimiento, no fue usado por mujeres hasta 1930. Y más aún: las mujeres recién comenzaron a usar pantalón –parte importante del traje clásico–, regularmente y en público, luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, prendas con tipologías y objetivos similares, ya habían sido creadas varias décadas antes y sirvieron de inspiración para el traje de Gabrielle ‘Coco’ Chanel que hoy, algunos –o unos cuantos–, consideramos icónico.

Ilustración de Beau Brumell, el primer dandy y hombre en usar la silueta del traje que conocemos actualmente

Cuando, en el siglo XIX, la mujer comienza a tener un mayor acceso a la vida social y pública –gracias a la pequeña pero progresiva conquista de derechos legales y como resultado de la Primera Guerra Mundial–, su vestimenta se ve modificada. Las tipologías se vuelven menos restrictivas y hasta permiten –aún con sus falencias–, practicar deportes como el tenis. El nombre de Jean Patou es conocido por sus aportes al sportswear, a través de su entonces provocadora creación: el traje de tenis para la campeona francesa, Suzanne Lenglen.

Ya hacia 1895, Charles Frederick Worth, quien se considera fue el primer modisto, confeccionaba las chaquetas y los kimonos que se popularizaron a mediados del siglo XIX en Europa– prendas con líneas similares a las del traje masculino, pero destinadas a las mujeres. Las chaquetas sastre que creaban la ilusión de hombros anchos –como sucede con las hombreras que utilizamos en la actualidad–, son las que sentaron precedente y dieron lugar a la moda unisex del siglo XX –que comenzamos a ver con Calvin Klein y Benetton en los 60-70–. Las nuevas formas de pensar la figura de la mujer en sociedad, se vieron reflejadas en la ropa que los modistos, devenidos diseñadores, confeccionaban. Al fin y al cabo, la moda debe responder a las necesidades de las personas y no al revés. Así, comienza a romperse, de a poco y con retrocesos, un paradigma: el de los restrictivos estereotipos de género en la moda.

A la izquierda, la obra El Sr. y la Sra. I. N Phelps Stokes de John Singer Sargent (1897). A la derecha, un vestido de calle de Charles Frederick Worth (1895)

Luego de la Primera Guerra Mundial, esas mujeres que ya no solo eran amas de casa, sino también empleadas y parte fundamental del sostenimiento del aparato productivo en épocas de escasez, pierden sus empleos. Pero no sus ganas de seguir participando de la esfera pública, del deporte y de todo aquello que les había sido negado pocos años antes. Así es como la imagen femenina cambia de manera radical. Hacia 1920, arrasan las siluetas andróginas, rectas y descontracturadas. Incluso antes –en 1915–, el modisto John Redfern confeccionó conjuntos de falda y chaqueta que servirían de inspiración para lo que vino luego.

Si de romper esquemas hablamos, Coco Chanel debe ser nombrada. Basándose en las características de la indumentaria masculina y con el objetivo de aportar a la liberación femenina, creó los imprescindibles de nuestros días: conjuntos de chaqueta y falda de punto, y el little black dress. La moda femenina toma, además, la camisa de seda blanca y la corbata –elementos, hasta el momento, típicamente masculinos–, para cerrar este estilo y silueta a la garçonne, y se despoja de los ornamentos. Partiendo de los grandes sombreros con flores y plumas, y los vestidos de estructura complicada y restrictiva para el movimiento, se llega a la síntesis de lo que las mujeres del siglo XX necesitaban: la gentil y sencilla silueta del traje sastre masculino.

A la izquierda, conjunto de falda y chaqueta confeccionado por John Redfern (1915). A la derecha, conjunto de falda y chaqueta Chanel (1927)

El traje hoy: avances y retrocesos

Las mujeres y los hombres de todo el mundo continuamos usando trajes. La propuesta de Worth, Patou y Chanel, se mantiene. Pero no es igual. Las necesidades, muy particularmente, de la mujer contemporánea, no son las mismas que las de la mujer que vivió en los 30. Y mucho menos serán parecidas a los deseos y necesidades de la mujer de los siglos XVIII y XIX, mucho más constreñida que hoy por ajustados corsés, la silueta en forma de ‘s’ y estrictos roles de género.

Hoy, prepondera la deconstrucción del traje. Si bien los elementos característicos del típico conjunto de dos piezas continúan siendo la practicidad y usabilidad, florecen nuevas necesidades. El afán del ser humano de explorar su sensibilidad no es excluyente del arte. Mediante la ropa que usamos, comunicamos. Le indicamos a nuestros compañeros de planeta –our fellow human friends– que somos diferentes o parecidos a ellos. En ese sentido, nuestra ropa está atravesada por lo que el pensador Roland Barthes llamó nivel de connotación. Incluso podríamos discutir si la moda, finalmente, es art o craft –o ambas–. Hoy, las mujeres usamos pantalones, faldas y todo lo que exista en el medio. Tenemos nuevas libertades y, también, nuevas restricciones –como en toda época–. Nuestras prendas connotan: ¿a qué estrato de la sociedad pertenecemos? ¿A qué tribu urbana? ¿Cuál es la filosofía de vida que articula nuestra manera de actuar con otros?

Hasta aquellos que reniegan de la moda, deben vestirse. Y lo hacen a conciencia. Para igualarse o diferenciarse, en base a lo que sea aceptable en la sociedad en que se encuentren insertos y el tiempo que corra. Ya no se busca únicamente la movilidad y la funcionalidad, o la liberación femenina, sino algo distinto. Ante un vertiginoso panorama de cambios, en el marco de una rapidez profundizada desde la llegada de las redes sociales, las personas buscamos nuevas y mejores –y, de ser posible, originales– maneras de expresarnos. Este ritmo acelerado nos lleva, aún sabiendo que todo fue hecho antes, a intentar innovar constantemente ¿Y qué mejor manera que marcando tendencia –o sumándonos a la ajena– con nuestras prendas?

Homenaje al traje de Chanel, realizado por Yohji Yamamoto en 1997

El traje ha sido atravesado por una multiplicidad de mutaciones y, hoy, lo que predomina es su deconstrucción o la búsqueda de adaptarlo para que responda a las necesidades de nuestra época. Las preocupaciones respecto del mismo se dieron, más o menos, así: primero, sirvió para vestir a la nobleza; luego, al hombre de ciudad, burgués, con necesidad de cumplir sus tareas de la manera más cómoda posible. Más tarde, en el marco de la Gran Guerra, el traje –y sus variaciones– comenzó a ser usado por mujeres que trabajaban, practicaban deporte y comenzaban a habitar el espacio público, lo cual les requería adoptar prendas de siluetas y materiales similares a los que utilizaban los varones.

Se pasó del traje usado por los hombres, y del conjunto de chaqueta y falda adaptado para la mujer, al conjunto de chaqueta y pantalón, y al sumamente disruptivo uso femenino del propio pantalón. Del traje chaqueta perfeccionado –y usado– por Chanel, una década después del new look de Dior, pasamos al traje de André Courrèges en 1961 y a la andrógina figura femenina que vestía pantalón, blazer en siluetas sencillas y colores oscuros, popularizada por Yves Saint Laurent en 1966, inspirado por el streetwear parisino. Las innovaciones tecnológicas fueron las que posibilitaron la aparición de las fibras artificiales y el prêt-à-porter en los 60 y, con este último, aceleraron el consumo de masas y fortalecieron a la industria de la moda –con consecuencias ambientales y sociales, desde luego–. Se dice que la historia es cíclica y, claramente, algo similar sucede actualmente –salvando las distancias–. El avance de las tecnologías nos brinda, no sólo nuevas comodidades –como sucedió con las grandes invenciones de la Revolución Industrial, por ejemplo–, sino también nuevas posibilidades de expresión mediante las artes y la moda.

A la izquierda, el regreso de Chanel luego de la Segunda Guerra Mundial (1958/1959)  A la derecha, traje pantalón de André Courrèges (1969)

¿Qué pasa hoy? La deconstrucción del conjunto de dos piezas

Fibras naturales y materiales inorgánicos, explosión de color en forma de color-blocking y la tendencia del quiet luxury, el upcycling y la moda rápida: todas estas expresiones de la moda –y más– coexisten hoy. Son tesis, antítesis y síntesis de una época: la nuestra, marcada por la conciencia socioambiental y, al mismo tiempo, por el anhelo de tener lo último de las pasarelas. Y todo esto, profundizado por la vertiginosa dinámica de las redes sociales.

Yves Saint Laurent adaptó para la mujer, en la colección Otoño/Invierno de 1966, el traje masculino o tuxedo

La moda funciona, en este contexto, como un espejo que refleja algo que excede nuestra necesidad de vestirnos. Refleja nuestra necesidad de diferenciación y de pertenencia, nuestra búsqueda de estatus y nuestros ideales políticos. El traje fue –utilizando la jerga actual– un must-have a lo largo de los siglos y, si analizamos las mutaciones que sufrió, podremos identificar rápidamente cómo refleja fielmente las sociedades contemporáneas.

Primero, tenemos la sencilla silueta compuesta por la chaqueta y el pantalón, donde las prendas están entalladas. En la década del 90’, aparece una nueva forma de entender la moda: con una sociedad de consumo en auge, donde las posibilidades de producción, compra y venta parecen ilimitadas, se habilita la posibilidad de mezclar –en un mismo outfit– una prenda de diseñador con una encontrada en una tienda de segunda mano, por ejemplo. El lujo y el consumo encuentran nuevas formas de existencia y propagación mucho más discretas. Algo así sucede hoy, con el creciente interés por la tendencia de lujo silencioso o quiet luxury, que parece novedosa pero que, en realidad, no lo es.

En el estilo de las protagonistas de Sex and the City –en particular, el de Miranda–, se condensan elementos característicos de los noventa. Prendas nuevas y lujosas combinadas con otras de segunda mano. Trajes clásicos, sobrios y duraderos, con el toque moderno y camp que se verá en la década siguiente

Todo esto se refleja en otras industrias, en otros productos y consumos culturales: como, por ejemplo, la –¿entonces?– importantísima industria televisiva, con programas como Friends y Sex and the City. Además, estas formas de consumo se hacen lugar a los empujones, principalmente, en Estados Unidos, con la aparición y el fortalecimiento de marcas americanas como Tommy Hilfiger y Ralph Lauren. Y sí, Estados Unidos se posicionó como puntero en lo que a exportar productos culturales –en el marco de la cultura de masas– refiere.

Hoy, nos animamos mucho más al oversize, al layering y a las prendas con roturas o costuras visibles. Rei Kawakubo, de Comme des Garçon, comenzó a hacerlo en los 80-90

Abajo, vemos cómo Thom Browne (re)piensa el traje. El desfile Otoño/Invierno 2023 sirvió, tanto para presentar su primera colección mixta de Alta Costura, como para celebrar el nuevo lugar de la marca y del diseñador en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Thom Browne demostró su destreza en la sastrería mediante una teatral presentación que tuvo lugar detrás del telón de un enorme escenario, con figuras de cartón ocupando el lugar del público en el Palacio Garnier. La espectacularización en su máxima expresión, necesaria para entretenernos en tiempos en que cuesta hacer otra cosa que no sea scrollear por horas. En esta gris colección, se conjuga lo formal y el estilo clásico del traje, con lo trendy del oversize, los cortes asimétricos y, también, con ese toque irreverente y juguetón que caracteriza al diseñador.

En el siglo XXI, el traje tiene nuevas formas y propósitos. Lejos de intentar que sea funcional, los diseñadores buscan comunicar nuevos significados a través del conjunto chaqueta-pantalón/chaqueta-falda

Y ahora, ¿qué sigue?
La esencia del traje se mantuvo a lo largo de los siglos. Las formas más clásicas del mismo apuntan a una búsqueda de prendas atemporales y prácticas, que podrá usar cualquier persona, aunque esto no siempre fuera así. El traje no sólo es un conjunto de prendas, sino que representa luchas por derechos fundamentales como la libertad y la igualdad, los cuales hoy se presentan como significantes vacíos en donde cada quien deposita el sentido que le place. La discusión se vuelve mucho más profunda: ya no tiene que ver únicamente con vestirse de manera cómoda o con la utilidad de las prendas.

El traje seguirá estando. Pero ¿cuál será su forma? ¿Y sus fines? Si bien se nos presentan estos nuevos modos de vivir y consumir moda, que tildamos de originales y liberadores, reflotan –junto con movimientos de extrema derecha– en el mundo entero formas de coercionar, especialmente, a las mujeres. Vuelven los corsés, y usamos zapatos de taco finísimo y altísimo, por poner un ejemplo tangible. Cabe preguntarse si esto es o no un retroceso. Las mujeres lucharon por ocupar el espacio público, usar prendas cómodas y que las mantuvieran seguras ante eventuales ataques en la vía pública –como es el caso del pantalón–. Entonces, ¿por qué volvemos al punto de partida? Porque la historia y la moda son cíclicas.


Imágenes: Editorial Taschen / Vogue Runway / Musee YSL

Apuntes de estilo: Las bermudas

En los últimos años, la moda sintonizó alrededor de la moda urbana y demás piezas emblemas de la década del 20, como los pantalones pijamas, y los vestidos de la pradera que actualizan el estilo de Laura Ashley. Las resoluciones quedaban pactadas por pantalones deportivos, jogging de aspiración sastrera, los buzos con capucha. La pandemia ponderó el reinado de la joggineta y los pijamas tras un 2020 signado por ZOOM y la idea de vestirse de la cintura para arriba. 



 El traje, como 10 años atrás, vuelve por más. Holgados, cómodos, que sean prácticos. De hecho hoy fue anunciada la uruguaya Gabriela Hearst como directora creativa de Chloé, un clásico de la moda boutique parisina devenida en marca de lujo. ¿Qué distingue a Gabriela Hearst? Los trajes


Un equipo estelar del guardarropa, aquí en una versión suavizada: el traje de bermudas.


Imágenes: Givenchy, Saint Laurent, Valentino

Crónica visual: agregá tu imagen en la pizarra de Bloc de Moda Pinterest

Variaciones en gris: el reinado del traje

Power Suit: Isabel Marant y la moda Otoño / Invierno 2020

En las colecciones otoño / invierno 2020, los trajes interpretaron una oda a la década de 1980. Un equipo tomado del guardarropa masculino que en su lenguaje connota poder, también desdibuja el género y resulta el antídoto al vestido: el poder femenino se viste con pantalones anchos y cómodos y chaquetas en composé.

En las colecciones de Joseph Altuzarra nunca falta el traje. Aquí, su versión gris.

En este sentido - sastrero - las colecciones Otoño / Invierno 2020 de Paris no cambiaron absolutamente nada de la temporada 2019. Esos trajes ahora se colorean con grises y mantienen esa esencia intensamente masculina. Muchos de los desfiles de la semana de la moda de Paris fueron mixtos. Sin embargo, la mujer fue la encargada de llevar los trajes.

Las mujeres poderosas de Maria Grazia Chiuri para Dior Fall 2020

En 2012 se reactivaron los pantalones con nuevos textiles, estampas que aludían a la tendencia de la temporada (flores en primavera, cuadros en otoño) y cortes modernos empezaron a colmar la pasarela. Miu Miu y Prada dieron el impulso inicial y enseguida el mercado acató: desde entonces, el reinado del pantalón sastrero y el traje se mantiene intacto. Phoebe Philo en Céline, Chanel, Louis Vuitton, Armani, por supuesto, Yves Saint Laurent y su eterno smoking presentado en 1966 e inmortalizado en la fotografía de Helmut Newton de 1975.

El diseñador alemán Lutz Huelle ofreció su versión del traje en Paris 

Verano en Buenos Aires. Los vestidos son la respuesta a los días calurosos pero, con este clima cambiante, pronto sale el traje o sus variaciones (logradas con jean y blazer, pantalón sastrero más remera) a desfilar por las calles de la ciudad. Sobre la pasarela de Bafweek algunas colecciones Otoño Invierno 2020 también reflejaron el acento sastrero.

Se vio en el desfile de Mishka y las diseñadoras Belén Amigo y Valentina Karnoubi. La distinción quedará a cargo de los zapatos, que tampoco mutan tanto de temporada a temporada. Incluso se los reemplaza por las zapatillas. ¡La comodidad es poder!

La silueta de Haider Ackermann
Imágenes: Gorunway.com

Mujeres Sastre: El tiempo contado en puntadas


Coco Chanel divisó las posibilidades del guardarropa masculino para vestir a una mujer con aspiraciones a una vida moderna, en rechazo a la frivolidad de la estética de la burguesía. Chanel no fue la primera en usar traje pero sí la que sentó las bases del guardarropa que hoy vestimos. Por este lado, el disparador de ideas que surgen del vestuario del hombre. Por el otro, dejar huella en un mercado manejado por los hombres. Aquí entra la historia de Flora Lemes, una sastre que baja los códigos sartoriales para la mujer.


Una historia en Buenos Aires
Flora Lemes estudiaba Diseño Textil en la FADU UBA cuando indagó en las técnicas de la Alta Costura. Una investigación más profunda la llevó a introducirse en el mundo bespoke, donde se encontró con el sastre Natalio Argento. Se capacitó y más tarde, en 2016, se lanzó en este mercado regido por el sentido de la tradición. "Cuando explicaba lo que hacía mucho no se entendía porque no se sabía que se podía hacer tal cosa para la mujer también", cuenta la sastre.

Cuando la palabra sastrería empezó a salir en las revistas noté que mi trabajo comenzó a tener visibilidad y venían mujeres por el pantalón o el saco sastrero."


El código sartorial 
Flora trabaja con pruebas y un mes - mínimo - de trabajo. En su mesa hay muestrario de telas inglesas y un direccionario de los locales de la calle Alsina. Está el alfiletero, el dedal y el metro, una máquina de coser y múltiples moldes que guarda como memoria de un cuerpo: hay uno por clienta porque de eso se trata esta técnica artesanal, de confeccionar a la medida de un cuerpo en particular. "Con la moldería actualizo la silueta de la mujer de hoy y los cuerpos reales, así llego al calce que se necesita. La moldería en general se enseña por talles y yo no trabajo por talles, entonces el desafío es trabajar sobre un cuerpo único", dice.


El traje encierra misterio y tiene una flexibilidad que lo mantiene intacto en el tiempo, sinónimo - quizás - del vestidito negro. Pero qué busca una mujer cuando llega a hacerse su vestuario sastrero a medida? Moda, responde Flora.
Los catálogos de tejidos para sastrería están pensados para hombres, desde los colores que son neutros, nunca un verde o turquesa. Por eso trabajo con sederías donde se pueden encontrar otras telas y más variedad de colores."


"Las mujeres llegan con la foto de Pinterest, quieren algo que ven en una imagen. Lo que más piden es el saco cruzado, la camisa oversized, el blazer y el pantalón pinzado. Vienen con la idea de lo que se usa", cuenta sobre los pedidos recibidos para diseñar una prenda con pretensión atemporal. La sastre cuenta que escucha las necesidades de la clienta y, luego de sugerir cambios, su labor es trabajar sobre los detalles y ofrecer lo que visualmente espera su clienta.

En los inicios a Flora le solicitaban vestidos, hasta que el pantalón sastrero acaparó los estilismos de la década pasada y entonces las mujeres comenzaron a pedirlo otra vez. Siguieron los abrigos y la camisa blanca. Uno de los hits es el pantalón con pinzas, pues el secreto de calce perfecto es que la pinza se haga al entalle de la cintura de la mujer que lo va a usar. "Así cae divina", remata.


De Savile Row a Buenos Aires
Flora transita un mercado signado por el buen vestir y es pionera en instalarse como sastre de mujer en Buenos Aires. Esta historia de manos femeninas es reciente. En Londres está Savile Row, emblema y hogar de los masters tailors que protegen el vestir británico, incluso la organización Savile Row Bespoke Association se ocupa de proteger este oficio centenario. La sastre Kathryn Sargent se convirtió en la primera mujer en ser nombrada Head Cutter en Gieves & Hawkes, luego fue la primera en abrir una tienda en la calle de los sastres, en 2012. El otro caso de una mujer al frente de una casa sastrera es el de Anda Rowland, directora de Anderson & Sheppard.


Cómo comercializar en tiempos de redes sociales
La tradición llevada al momento actual, Flora Lemes usa Instagram como herramienta de visibilidad. "Instagram te da la posibilidad de contar cómo se hace y cómo presentar tu trabajo", y cuenta que ella es su propia modelo. Indaga sobre su silueta y cuelga esas muestras en los percheros para mostrar diferentes opciones de prendas, caídas, formas, bolsillos, armado y el tipo de cuello, por ejemplo. "Intento hacer algo nuevo con un detalle diferente, esa es mi forma de presentar", dice desde la tranquilad de su atelier de la Avenida Mosconi, en Devoto, donde la noción del tiempo está marcada por puntadas.


Imágenes: Gentileza Flora Lemes

Postales de New York: Por el poder del traje


Así como toda colección tiene un vestido negro, la regla de la última década revela que en todo desfile debe haber un repertorio de trajes.

Rayas, flúo, mezcla de materiales sintéticos (aquí abrigos de PVC) y nobles. Mix que crea imágenes nuevas y estampas entronizan las líneas puras que distinguen Sies Marjan, la etiqueta del diseñador Sander Lak, ex director de diseño de Dries Van Noten.

Pasarela mixta (Andrés Velencoso en representación de los varones) y diversa - hasta la mamá del diseñador se pavoneó por esta pasarela colmada de piezas prácticas en clave chic.

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PowerSuit
Un pequeño repaso por los últimos años muestra el revival del traje en la colección de otoño 2012 de Miu Miu, tras años del reinado de las faldas sobre la pasarela. Se sumó Prada a esta proclamación sastrera que siempre estuvo presente en las colecciones de Yves Saint Laurent, Giorgio Armani y Yohji Yamamoto, por citar referentes. El aluvión de trajes no se hizo esperar en las siguientes temporadas: Carven y Zac Posen llevaron el pantalón sastrero a short, Prabal Gurung los colmó de estampas, Dior hizo chalecos y Céline - en la era Phoebe Philo - se los facilitó a la mujer en movimiento, gesto que siguió Stella McCartney.

En Facebook de Bloc de Moda pueden ver más looks de New York Fashion Week

Imágenes: NowFashion | Indigital TV

#PowerSuit El traje reloaded: Oda al escote


Desde los años 20' se estableció que dos veces al año, cuando se presentaban las colecciones Otoño/Invierno  y Primavera / Verano, era impulsada la moda de la temporada que se respetaría hasta ser reemplazada por una nueva.

¿Qué cambiaba? La silueta. Luego llegó el fenómeno de las tendencias y el ritmo cambiante del consumo que da lugar a las modas que marcan este momento inédito en el vestir que transita nuestra época. Aunque las tendencias se siguen reportando, su reglamentación es diferente y seguirlas no asegura a nadie estar IN.

Lo primero que se percibe es que estas tendencias alargan su existencia tras el recambio de temporada. Como ejemplo está el traje, un atuendo que ilustra esta idea esencial que para entender el presente, hay que indagar en el pasado.

50 años después, el tuxedo de Yves Saint Laurent se mantiene como emblema de este outfit legado del guardarropa masculino y que en los últimos años fue impulsado por las celebrities junto a la pasarela, como la de Prada, quienes lo volvieron protagónico y desde entonces se mantiene como favorito para vestir en ocasiones que antes tenían al vestido como pieza sugerida.

¿Qué cambió? El escote, punto de referencia que resignifica los códigos de la feminidad y potencia mucho más la sensualidad al ser lucido en prendas masculinas.

Ladies in red. ¿Cómo inyectar sensualidad instantánea en el look? El blazer sobre la piel hace una oda al escote, zona siempre mirada:

#ShortSuit Michelle Monaghan luce un traje de Zac Posen 

Rachel McAdams luce un traje de Cristiano Burani y stilettos de Christian Louboutin

Imágenes: WireImages, Getty

La moda en 2014: #PowerSuit reloaded


Las opciones y posibilidades que habilita el traje son enormes. Como postal ilustro con la actriz y fashion blogger Ashley Madekwe, en la gala de los British Fashion Awards, luciendo un equipo sastrero diseñado por Marissa Webb para Banana Republic.

De transgresión a derecho, el guardarropa masculino nutre el vestir de la mujer y desde su gran regreso, el traje se ha actualizado manteniendo su esencia.

Yves Saint Laurent tomó a la mujer en smoking como imagen poderosa para retirarse de las pasarelas, en 2002. Una década después llegó el revival de los pantsuits, en las colecciones del Fall 2012. La sofisticada atemporalidad que puede imprimir Girgio Armani a sus looks sastreros y acompañando a la mujer en su evolución y revolución en el vestir power desde los años 80'.


El traje es moda. Los detalles en el estilismo marcan la diferencia y verán el poder transformador en el look de Ashley Madekwe: la chaqueta sobre los hombros, el chaleco que sugiere sensualidad y un pantalón tiro alto y piernas anchas. Un outfit que no salió de una etiqueta de lujo, sino de una cadena de tiendas accesible al gran público. Fabuloso chic que imprime estilo.

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